El retorno de la vida

Para Vod [2010 – 2018], la última e infinita nota (8/8)

El eterno reloj de arena de la existencia será girado siempre de nuevo

– y tú con él, mota de polvo del polvo

La Gaya Ciencia (Friedrich Nietzsche) [Trad. de Juan Luis Vermal, Obras Completas, V. III, Ed. Tecnos, Madrid, 2014, p. 857]

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Entonces, el retorno (eterno, inasible, opresivo) vuelve a colocar todo en su lugar. ¿Es eso la vida? [un eco constante me interroga] ¿Un retorno hacia la muerte, hacia la nada?

Si las lágrimas en la lluvia desaparecerán, y con ellas el amor, y con ellas mi vida y la tuya, si toda vida está condenada, aquella persona, esa mosca, todo y todos, si el planeta y la galaxia avanzan irremediablemente hacia la nada, esa misma nada que un día se convirtió en algo sin necesidad de manos divinas, como nos enseñó el maestro Hawking… si los libros y las ventanas, si esta idea misma que se plasma con golpecitos de teclado y va tomando forma de escrito, si la mente que alberga mi envase corporal, si todo lleva fecha de caducidad y el tiempo que se creó junto al universo ha de expirar, ¿dónde nos refugiamos del avance de la nada?, ¿a dónde desterramos las ideas que acuden susurrando que no vale la pena el esfuerzo? Circundan el sueño y la vigilia, sus murmullos insisten en la inutilidad de escribir o de vivir, si acaso instantes fugaces vendrán y nos deleitarán para apagarse igual que las bengalas, la belleza terminará hecha montículos de polvo. Papá ha dicho que vale la pena, le explico sobre la piedraexistencia que me ha caído encima y que sabe a cenizas, él insiste en que con todo y angustia vale la pena.

viaje en el tiempo
Jonas Kahnwald (Louis Hoffman)/Dark.

Quizá en la ficción se aligere la losa, sus narrativas no solo consuelan, también plantean incógnitas y nos interrogan sobre asuntos fundamentales. Podemos acudir esta vez a Dark (Baran bo Odar/Jantje Friese, Alemania, Netflix). Esta maravillosa serie alemana que se estrenó en diciembre de 2017 nos plantea desde la ciencia ficción bastantes preguntas existenciales. Usando saltos en el tiempo a los que vamos acudiendo no sin desconcierto, nos cuenta las complicadas tramas que unen a todos los habitantes de un pueblito llamado Winden. ¿Cuántas veces hemos vivido nuestra propia historia? ¿Hemos actuado en el mismo escenario un sinnúmero de ocasiones sin saberlo? Si la vida ha de repetirse in-finitamente, ¿qué tan distinta es en cada vuelta? ¿No habría en cada retorno detalles importantes que hacen las historias diferentes?

Otra ficción para acudir es Blade Runner (D.: R. Scott/G.: H. Fancher y D. Peoples, EU, 1982, Warner) y, muy especialmente, Do Androis Dream with Electric Sheeps? (1968, EU, Doubleday), la novela corta del escritor estadounidense Phil K. Dick que sirvió como inspiración para el filme de Scott. ¿Los humanos podríamos ser los replicantes que imaginó Dick? ¿Robots que creen ser libres e imaginan recuerdos sin que esos sueños sean reales? ¿Qué es lo real, entonces?  ¿La realidad es algo que sucede fuera de nuestra mente? Ya Dumbledore le señaló a Harry que porque algo suceda en la mente, no significa que no sea real. [“Of course is happening inside your head, Harry, but why on earth should that mean that is not real?” -Dumbledore a Harry en Harry Potter and the Deathy Hallows, Cap. 35, King’s Cross (J. K. Rowling, 2007, Reino Unido).

recuerdos y cine
Rachael (Sean Young), replicante Nexus-7/Blade Runner.

Habría que preguntarnos, si calificáramos los recuerdos como aquello que realmente sucedió, ¿cuántas memorias tropezarían? ¿La vida es la que uno/a vivió o la que uno/a recuerda? (Márquez).

Acudiendo a la ciencia encontramos que las interpretaciones del cerebro nunca son fieles del todo a los estímulos externos, todo aquello con los que nos topamos fuera de este reducto de materia que somos es leído, acomodado y transformado por nuestra mente. Sabiendo esto, ¿qué tanto podemos calificar como reales nuestras experiencias en el mundo?

Con estas preguntas en el aire es que las ficciones citadas nos llevan a sitios inesperados, por eso llegar hasta ellas ha sido reconfortante y a la par me han servido de refugio en tiempos de crisis. Si acudimos a la ficción, si acudimos al lenguaje, muchas veces limitado y torpe y aun así herramienta indispensable, podemos imaginarnos de otras maneras y en nuestro actuar cotidiano partir de distintas premisas a las usuales.

Pensando en lo que me han detonado ficciones como Dark o Blade Runner (futuro distópico narrado en noviembre de un alternativo 2019, por cierto) hay algo muy valioso que rescatar. Ese eterno retorno con el que comencé mi texto, un retorno hacia la muerte, tiene otro lado, uno con el que voy a terminar por hoy mi participación en este espacio: la realidad conocida es además un eterno retorno hacia la vida, pues si hay algo que con singularidad y terca belleza se repite (y en cada vuelta lo hace de forma distinta) es la vida, en todas sus variantes. Tuvo razón papá, cuando sus palabras me acompañaron durante mi duelo por mi Vod, la vida, breve momento, vale la pena; ahí junto al dolor hay espacio para amar y soñar… mientras llegue la lluvia a llevarse las lágrimas y nuestro tiempo.

Inés M. Michel.

T: @inesmmichel / I: @inmichel
T: @CuerdasIgneas / FB: Cuerdas Ígneas

cuerdasigneas@gmail.com

2 comentarios sobre “El retorno de la vida

  1. Inés.
    Desde el primer escrito te seguí, e inició la cuenta regresiva, misma que llegó a cero pero inicia de nuevo con el eterno retorno y lo disfruto como si fuera por vez primera, sin dejar de sorprenderme por tan reflexivas y gratas palabras.

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