El ocaso de la vida

¿Hay una vida para mí, posible, coherente, consistente con lo que me han enseñado Eunice e Ignacio? Como la pregunta aparece, susurrándome al oído, sin importarle la hora del día o el sitio donde me encuentro, doy paso a la escritura, lo único que me ha salvado, de mí misma, de los dolores que desgarran las entrañas. Y también me ha salvado de la locura

Domingo de Resurrección

Estoy segura de que quienes mueren no pueden volver a la vida, pero también de que, de alguna manera que sobrepasa a la explicación que puede darse con palabras, los muertos, nuestros muertos, nos acompañan en todo momento e incluso podemos escucharles en momentos de necesidad, de desesperación y de angustia