“¿Llegaremos? ¿Llegamos? ¿Estamos donde
soñamos que algún día llegaríamos? ¿Tenemos
lo que queríamos? ¿Recordamos aquello
que quisimos? ¿Lo que pudo ser? ¿O lo
único que se cumple son las pérdidas?”.
Hermann Bellinghausen, Recuerdos de lo que no fue,
La Jornada, 29/12/2025.
“Y la vida misma me reveló este secreto:
<<Mira, dijo, yo soy lo que tiene que
superarse a sí mismo […]”.
“¡Y ya puede romperse todo lo que pueda
romperse – al chocar con nuestras verdades!
¡Aún quedan muchas cosas por construir!”.
Friedrich Nietzsche, (De la superación de sí mismo)
Así habló Zaratustra. Un libro para todos y para nadie.
Entrada contextual
El futuro inmediato no parece ser muy prometedor; al contrario, múltiples amenazas, sobre todo de EUA y su desquiciado presidente, se ciernen sobre el mundo todo. ¿Seguiremos igual de impávidos?
¡Cómo si nada nos implicara!
Espero, con la autoadvertencia de que ninguna espera pasiva puede ser buena, que el 2026 sea más abierto —y si no habría que abrirlo— a otras futuras posibilidades y no reducirnos a las oscuras realidades que, como ave de mal agüero, vocifera Donald Trump.
Este es el contexto de mis próximos setenta años, de modo que va la siguiente reflexión autobiográfica.
No abordo todo, pero sí lo más sustantivo, por ejemplo, no hablo de mi inserción en la Red Analítica Lacaniana (REAL, A. C.) en la que hicimos tantas cosas; tampoco de mi pertenencia a la Escuela de la Letra Psicoanalítica (ESLEP) y mi posterior separación.
No expongo mi pertenencia al Consultorio de Psicoanálisis del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH) de la Universidad de Guadalajara y sus actuales vicisitudes y, mucho menos, de mi candidatura independiente, por parte del Colectivo de Reflexión Universitaria (CRU), a la Rectoría de mi alma mater.

En fin, hay cosas que quedan fuera, pero habría sido muy largo un texto que hubiera pretendido hacer un recuento, más o menos detallado, de lo que he hecho en estos, mis setenta años.
Con esta aclaración, va.
Ya están próximos mis setenta años
Este 2026 cumpliré setenta años, el 1 de marzo.
Se dice rápido y fácil, pero vivirlos es la cuestión; ¡y los he vivido! ¡Plenamente!
No significa que he logrado todo, no; simplemente quiero decir que de mi parte he puesto toda la pasión necesaria para vivirlos lo más satisfactoriamente que he podido, hasta el presente.
Hay cosas que no he hecho, por supuesto —y no pocas—, pero no ha sido por falta de voluntad, sino porque las circunstancias no lo permitieron.
Material y económicamente he sido “bien wey”, según dijo Xóchitl Gálvez durante su campaña como candidata del PRI y del PAN para la presidencia de México.
Y aquí sigo.
Tratando de ser fiel a mis principios, a mi forma de ver la vida.
En particular a mi labor de maestro, que ha ocupado un papel central en toda mi vida.
Sigo activo en la enseñanza, cuestión que inicié allá por 1978, hace 48 años. Ya casi cumplo el medio siglo de mi labor magisterial.
Y sigo como maestro de asignatura.
Un caso para Ripley.

Lo digo no solamente sin pena, sino con mucho orgullo. La vergüenza debería estar del lado de la Universidad de Guadalajara, pues como tantas otras universidades, las y los maestros de asignatura del CUCSH somos las y los que sostenemos la enseñanza diaria en la Universidad de Guadalajara y, ¡oh justicia social!, somos los peor pagados.
Como sucede en prácticamente todas las universidades de México.
Comencé en la Escuela Preparatoria de Jalisco, en la que estudié; debido a la invitación de Pedro Vallín Esparza, quien fue mi maestro en la antigua Facultad de Filosofía y Letras en la que, después, también di clases, hasta que me fui a la Ciudad de México; a principios de 1989.
Un cambio drástico.
Allá también di clases en una Preparatoria particular, experiencia de la que no quisiera acordarme.
Después estuve en lo que fue la Delegación de Milpa Alta, rescatando, por medio del Centro de Estudios Históricos de la Cuestión Agraria Mexicana (CEHCAM, A. C.), la historia testimonial de los pueblos de Milpa Alta.
Se hizo una publicación al respecto, coordinada por Iván Gómezcesar.
Después de la extinción del CEHCAM, en el contexto de la contrarreforma salinista al artículo 27 Constitucional, seguí trabajando con Carlota Botey y Estapé (1943-2011), una mujer excepcional, en un proyecto de rescate de la historia testimonial en los pueblos de la Sierra Juárez de Oaxaca.
Ambos proyectos se publicaron. El segundo ya coordinado por un servidor.
Y también di clases en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, la famosa ENAH; ubicada en Copilco. De modo que, prácticamente, no he dejado de enseñar; a pesar de que mi ocupación central era, en ese entonces, el servicio público.
Llegué al Gobierno de la Ciudad de México con Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, cuando accedió a la Jefatura de Gobierno en 1997; aunque yo me incorporé hasta 1998 en la Dirección General de Regularización Territorial, instancia en la que fui subdirector de Difusión.

Pero antes fui asesor de Carlota Botey y Estapé en la LVI Legislatura, siendo ella presidenta de la Comisión de Reforma Agraria de la H. Cámara de Diputados, de 1994 a 1997.
Yo quise seguir en la Cámara, pero no se pudo. Y acá en Guadalajara lo intenté, pero, también acá, los políticos que se dicen de izquierda no tienen palabra.
Regresé, forzado por las circunstancias, pues, a la Universidad de Guadalajara, mi alma mater, en 2006.
Tengo a mi cargo, desde hace ya buenos años dos clases optativas: Filosofía de la psicología y el Seminario sobre Nietzsche. Esto en el Departamento de Filosofía del Centro Universitario de Ciencia Sociales y de Humanidades (CUCSH).
Tuve también a mi cargo, en la Licenciatura de Antropología del Departamento de Historia del mismo Centro Universitario: Antropología de las Emociones y Antropología del Cuerpo y la Salud; las que me vi obligado a dejar, por presiones políticas.
También escribo, de manera permanente, desde hace ya casi once años, en Cuerdas Ígneas, un proyecto que tengo con una de mis hijas; Inés M. Michel.









Escribo de libros, películas, series, política y demás cuestiones en las que me siento impelido a decir lo mío.
Me siento en plena madurez intelectual, pero ya han empezado a menguar algunas funciones y órganos del cuerpo, como es lógico, por la edad.
El tiempo no perdona.
Y ya muy pronto serán mis setenta años.
Pero aquí sigo, vivito y coleando y generando escozor, no porque lo quiera, sino por lo que escribo.
Aunque no es mi intención.
No me aceptaron en dos Maestrías (la de Filosofía y la de Lingüística), que porque no era competente.
Aunque sospecho, más bien, que había consignas de otro tipo, qué pena que —a estas alturas— sigan persistiendo este tipo de limitaciones y exclusiones, cuando se quiere estudiar en serio; algo que yo hago de manera natural, por mi enseñanza y por gusto también. Todo con el salario de profesor de asignatura; gracias al apoyo de mi familia.
De ahí que me defina como lector apasionado.
Queda pendiente —esperamos se resuelva este año— un libro de Cuerdas Ígneas.
Por mi parte he publicado dos que fueron una muy mala experiencia, lamentablemente, por razones políticas; pues los dos se hicieron con prisa, porque se publicaban en ese momento o no salían. Razón por la que se imprimieron con muchísimos errores, porque no fueron nunca corregidos debidamente, por las consabidas prisas.

Quedó otro en el tintero, que, pienso, si se hubiera editado, por parte de una editorial comercial, hubiera sido con mucho más cuidado, estoy seguro, pero también por las consabidas razones políticas ya no se quiso publicar.
Cosas de la vida política en México.
Es posible que esta década sea la última de mi vida; la verdad no creo vivir más allá de los ochenta años.
Pero uno nunca sabe.
Ya se verá.
El tiempo y la vida tienen aquí la última palabra.
He querido hacer este pequeño recuento autobiográfico, en vísperas de mis setenta años que, como ya lo dije, los cumplo el próximo 1 de marzo.
En otras palabras, soy pisciano, con todo lo que ello implica.
En este horizonte cumpleañero, ¿qué voy a hacer el próximo semestre?
Con respecto a mis clases: en Filosofía de la psicología trabajaré con la literatura testimonial de Cristina Rivera Garza, con su libro El invencible verano de Liliana, en el que da cuenta del asesinato de su hermana, allá en el año de 1990.

Yo, en este entonces, apenas había llegado, con mi familia, a la Ciudad de México; en la que viví 20 años.
Es un libro profundo que hace un reproducción social y contextual del asesinato de su hermana de manera muy crítica, intentando —cosa que logra y muy bien— recrear un tanto la vida de su hermana; arrebatada violentamente por un sistema que no es exagerado calificar de patriarcal; encarnado en quien fue su novio.
Un tal Ángel González Ramos.
En cuanto al Seminario sobre Nietzsche, me ocuparé del Nietzsche universitario, faceta en la que no le fue nada bien al creador del Ultrahombre, para decirlo a la manera del padre Jorge Manzano.
Es decir, me voy a ocupar de las conferencias que dio Nietzsche sobre las instituciones de enseñanza superior en su momento.
Esto en el contexto de una aguda crisis de las universidades en México y en el mundo.
Nietzsche sigue siendo capaz de enseñarnos y mucho.
Y estas conferencias sobre las instituciones de enseñanza superior, son ideales para reflexionar, críticamente, sobre nuestras universidades y para demostrar —como si hiciera falta—, la enorme pertinencia del pensamiento nietzscheano, casi en cualquier tema.
Mismo que abarca múltiples aspectos y que, cada uno de ellos, nos permite reproducir la filosofía toda del famoso filósofo bigotudo, creador de Así habló Zaratustra.
En fin, así las cosas y mi vida en vísperas de mis setenta años.
Lo tenía que decir y lo dije.
Finalmente, permítanme, amables lectoras y lectores, a pesar del contexto ya descrito, desearles un feliz año nuevo —pese a todos los augurios en contra—.
Levantemos, pues, las copas y digamos ¡salud!
¡Por un mejor 2026!
¡Salud de nuevo!
P. D.
Este texto ya estaba escrito cuando, en la madrugada del 3 de enero, cual ladrones en la noche, Donald Trump y sus halcones de guerra, secuestraron al presidente de Venezuela. En un Cartón del día anterior, en La Jornada, el monero Jerge, casi premonitoriamente, caricaturizó al 2026, con una cigüeña que con esfuerzo va cargando a un Trump armado hasta los dientes en un casco de guerra. Este es el año nuevo de Jerge.

¡Una calamidad!
Pero lo peor es la banalización y trivialización del hecho en las redes sociales, como si no afectara nuestras vidas.
¡Qué villanía!
Pero el 6 de enero, el día de Los Reyes Magos, algo bueno tenía que venir, me encontré con la frase de Pancho Villa, que la verdad es alentadora en estos tiempos sombríos.
La refiero citando el párrafo final completo en el que Luis Hernández Navarro la cita:
“[…] lo que hemos visto hasta ahora en Venezuela no es el final de nada, sino el comienzo de una nueva etapa, aún más turbulenta que las anteriores. Como decía Pancho Villa: <<ánimo, cabrones, que más adelante está más feo>>”.
¿Cuántos Panchos Villa se necesitan, hoy, para poner a EUA y a Donald Trump en su lugar?
J. Ignacio Mancilla
Guadalajara Jalisco, colonia Morelos, a 8 de enero de 2026.
Imagen de portada generada con OpenAI.




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