Apuntes sobre nuestra relación con los otros animales
Preludio que nos llevará hasta ‘Primate’
En el día a día nos referimos al resto de animales que nos acompañan en este planeta simplemente como «animales». Nos diferenciamos así, con el lenguaje (que configura realidades), de los seres vivos que consideramos inferiores, o de menor jerarquía, o distintos a lo que representa lo humano.
Es común entonces decir o escuchar cosas como: me trataron como si fuera un animal, viven como animales…
¿Qué significan estas frases que se han vuelto tan molestas para mí en los últimos años?
Por un lado, intuyo que para muchas personas está bien amarrar, encerrar o maltratar a un ser vivo o animal, siempre y cuando ese animal no sea (re)conocido como humano.
Otras tantas personas asumen que los animales (a diferencia de los humanos) viven entre suciedad y de manera incivilizada. Basta con darse una vuelta en la mañana por la celebrada y gentrificada colonia Roma (concretamente a puntos como la esquina de Monterrey y Chihuahua u otras esquinas) para constatar que los humanitos de los alrededores no son muy limpios ni civilizados; que intentar que separen su basura (como marca el reglamento que acaba de entrar en vigor en enero) es, digamos, una fantasía absurda, cuando ni siquiera pueden esperar al camión de la basura. Dichas personas autonombradas como civilizadas prefieren ir al amanecer o durante la noche a dejar pilas y pilas de desperdicios revueltos que luego los trabajadores de limpieza tienen que recoger.




El bosque de Chapultepec en cambio (en las áreas donde hay pocos o casi ningún humano) permanece limpio y agradable. Ardillas y otro tipo de fauna se encargan de mantener el espacio natural sin mayor contaminación, más que aquella que proviene directa o indirectamente de la acción humana.
Reniego en este punto de lo humano, de lo que representa, de lo que hemos hecho con esa categoría que ha dejado de tener sentido para mí desde hace tiempo, incluso desde antes de que Rita Segato se calificara a sí misma como exhumana (declaración hecha en el contexto del genocidio contra la población de Gaza).
Yo, un 4 de junio (2023), en la presentación de Guadalajara rebelde: pasado y presente, dije públicamente que ya no quería pertenecer a la llamada especie humana:
«A partir de ahora me declaro una escritora plantoide (también tomo prestado el término de la propuesta mancusiana), que quisiera ceder esta vasija humana que me contiene para que una criatura vegetal tome su lugar…»
Este es el primer reniego de hoy. Pasemos al segundo.
‘Primate‘
El cine casi siempre nos posibilita pensar, pensarnos de otra manera. Primate, a pesar de que le encuentro fallas importantes en su ejecución, no es la excepción a este posible reflexión derivada de vernos al espejo y encontrarnos en las exploraciones que hace la ficción.

Es importante establecer que «primate» es un término que incluye a los seres humanos. De acuerdo con la definición que proporciona Wikipedia: los primates (Primates; del latín, primas ‘primero’) son un orden de mamíferos placentarios al que pertenecen los humanos y sus parientes más cercanos.
La cinta de 2025 dirigida por Johannes Roberts y escrita por el mismo Roberts junto a Ernest Riera nos presenta un escenario paradisíaco en el que un grupo de amigos pasará una estancia corta disfrutando de días de ocio y diversión en la mansión de dos hermanas cuyo padre, un escritor exitoso, se encuentra muchas veces ausente.
Durante los primeros minutos de la historia conocemos a un hermano más de la familia, Ben, un chimpancé adoptado siendo muy pequeño por la madre fallecida de las hermanas Lucy (Johnny Sequoyah) y Erin (Gia Hunter). La madre especialista en lingüística crió y enseñó a Ben distintas habilidades para comunicarse con la familia, de modo que este puede tanto expresar sus emociones al resto de su familia como entender mucho de lo que dicen las personas a su alrededor.
El filme, una historia enmarcada en el género de terror natural, genera un sube y baja de emociones fuertes, incluyendo escenas bastante crudas que nos mantienen en tensión durante los 89 minutos de duración. Es una película más de las que nos presentan a un villano del reino animal, un animal NO humano, por supuesto. En este caso en particular, por una razón que debemos descubrir por nuestra propia cuenta ya avanzada la trama.

Enlisto muy rápido algunas ficciones similares que me vienen a la mente: Jaws (Tiburón), Cujo, The Birds (Los pájaros)… la lista es interminable y encontraremos todo tipo de seres en ella: hormigas, abejas, avispas, animales extintos como los dinosaurios, criaturas que son una mezcla de animales con seres fantásticos como los gremlins; hay mucho para escarbar.
El común denominador es el miedo que sienten los seres humanos hacia los otros animales. Pareciera como que estuviéramos permanentemente esperando que esos seres un día se rebeleran y nos atacaran, vengándose así de todo lo que han sufrido en manos humanas.
Esta, por supuesto, es solo una lectura posible. Para ahondar más en el tópico les invito a escuchar el pódcast de un programa llamado Humanidad en peligro, donde justamente hablamos de este tema acompañadas por la filósofa Carolina Gómez, quien se especializa en bioética.
En la introducción/presentación de este programa de PlasmArte Radio transmitido por La Exquisita Ignorancia decíamos:
«Los animales atacando a la especie humana es un tema recurrente del cine de terror, pero qué hay detrás de este tema que por décadas se ha llevado al cine…»
Primate, en ese sentido, me ha servido para ahondar en la reflexión (y en los apuntes) sobre cómo nos relacionamos con los otros animales.
En cierto momento de la historia, un personaje intenta matar a Ben, por presentar un comportamiento agresivo. Si bien, la premisa de la película nos va llevando a través de este enfrentamiento, es notorio como desde el principio, sin mucho pensarlo,el personaje actúa atacando e intentando aniquilarlo, algo que difícilmente se plantearía con tan pocos minutos de historia si se tratara de un hermano humano.
En otra escena, una de las invitadas, quien previamente se había referido a Ben diciendo ¿qué es esa cosa?, dice que esa mascota debe ser sacrificada.
Queda claro que no es un problema de inteligencia, de capacidad de sentir ni de cuanto podamos parecernos a otro animal, la línea siempre está muy bien trazada: hay mascotas y hay amos. Si algo pone en peligro esa jerarquía, una de las primeras «soluciones» es matar a ese otro que, por más cercano que sea, rara vez se le considera un igual.
Mi calificación para esta película: 2.5 de 5 Hitchcocks (tomo prestada esta medición).
Explico por qué. El final no fue del todo de mi agrado; la ejecución, a pesar de contar con momentos excelentes y algunas referencias geniales a otras cintas de terror/horror, no fue tampoco la más atinada.

La recomiendo a quien le guste el género y con la intención de que, si deciden verla, se pregunten cómo nos relacionamos con los otros animales y por qué tenemos tanto miedo de que por enfermedades como la rabia, mutaciones o circunstancias inexplicables terminen atacándonos, asesinándonos y sometiéndonos.
Víspera de mis 39 años nunca he sido testigo de nada parecido a estas ficciones.En cambio, sí he visto hasta las lágrimas y la desesperación encarnada cómo hemos abusado, maltratado, «domesticado», sometido a todas las especies (también a las vegetales) que nos acompañan en este infierno de otro mundo que es la Tierra.
Hasta aquí el segundo reniego de hoy.
Coda
Con todo lo mencionado no quiero que quede la impresión de que reniego de la vida, de esta vida concreta y específica que me fue dada y de la que sí he renegado en el pasado. Esta vez no. No hay un tercer reniego en esta Cuerda, hay un agradecimiento.
Llego a los 39 y, a tan solo cuatro días de mi cumpleaños, me he dado cuenta de lo mucho que todavía podemos hacer por el mundo, de lo mucho que quiero a mi mundo, al entorno que puedo llamar hogar en este 2026, al respiro matutino con el que arranca mi día, previo a una clase intensa de pilates.

Así que no, no he renunciado a la esperanza de un mejor presente, ni creo que debamos renunciar a ello. Lo que anhelo es que mi fluir por este río de la existencia sea eso, un fluir. Que el agua siga su cauce, que los respiros continúen mientras este cuerpo agote su tiempo y que hagamos las paces con nuestra realidad, recomponiéndola un respiro, un pensamiento a la vez.
Inés M. Michel
Escritora plantoide y exhumana reportando desde su rincón del planeta Tierra
Imagen de portada generada con OpenAI.
Referencias cinematográficas:
The Birds (d. A. Hitchcock / g. E. Hunter, 1952, EU/Universal Pictures).
Cujo (d. L. Teague / g. D. C. Dunaway, L. Currier, 1983, EU/Warner Bros.)
Gremlins (d. J. Dante / g. C. Columbus, 1984, EU/Amblin-Warner).
Jaws (d. S. Spielberg / g. P. Benchely, C. Gottlieb, 1975, EU/Universal Pictures).
Primate (d. y g. J. Roberts / g. E. Riera, 2025, EU/Paramount Pictures).




Deja un comentario