Carta abierta a las y los ciudadanos del mundo
“La guerra es la droga más irresistible de todas.
Jugamos a ella todo el tiempo”.
Hermann Bellinghausen, ¿Podremos aún rencantar al mundo?
Jornada 19/01/2026
Les escribo con lo último de esperanza activa que me queda —esta misiva, aparte de, como dice la canción, otras cositas—, para decirles que vivimos horas aciagas; esto debido a las locuras del poder —ya global o multilateral, para las y los ciudadanos de a pie da lo mismo— y de que el peligro de extinción total no es ninguna figura literaria, sino que es algo muy real y concreto.
Sí, cualquier estupidez humana, recordemos que el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria y la invasión de Polonia motivaron, respectivamente, la I y la II Guerras Mundiales; que costaron la vida de 85 millones de seres humanos —la cifra mínima— y 109 millones en la cifra máxima.
Todo un testimonio de la barbarie que podemos alcanzar.

De modo que, cualquier suceso, hoy día, puede ser el detonante de una III conflagración mundial y que ésta sería la última, pues, ¿quién y qué sobrevivirá al arsenal atómico acumulado con el pretexto de las seguridades nacionales?
Es más que lamentable que, como ciudadanas y ciudadanos del mundo, tengamos que padecer, pasivamente, las locuras del poder imperial encabezado por Donald Trump —lo que hizo en Venezuela y hace en EUA mismo, con el ICE como instrumento—, no tuvo ni tiene ninguna legalidad, ni mucho menos, legitimidad.
Y sigue tan campante.
Que todas y todos —en tanto ciudadanos comunes y corrientes— no tenemos ningún poder para enfrentar semejantes actos de barbarie: desde el genocidio de Gaza, hasta el secuestro de Nicolás Maduro, el presidente legal y legítimo de Venezuela, y el asesinato de Renee Nicole Good (Colorado Springs, Colorado, 2 de abril de 1988-Mineápolis, Minnesota, 7 de enero de 2026); ciudadana estadounidense.
Y ahora la amenaza sobre Groenlandia.
Lo único que tenemos a la mano es nuestra capacidad de indignación y movilización.

Siendo así, les propongo, a todas y todos los ciudadanos del mundo que nos movilicemos, pacíficamente, repudiando cualquier acto de poder que nos afecte y nos expropie lo poco de humanidad que nos queda, todavía.
¡Ya basta!
Sí, pongamos un alto a las locuras del poder, antes de que sea demasiado tarde.
Sí, movilicémonos desde el lugar en el que estemos; ya sea nuestro barrio, nuestra colonia, nuestro pueblo, nuestra ciudad, nuestro país.
Manifestémonos como ciudadanas y ciudadanos del mundo todo en su diversidad y pluralidad y que quieren hacer único.
¡Pongamos un alto a las locuras el poder!
¡Digamos no a los Trump, a los Netanyahu, a los Milei!
¡Pero también a los Putin y los Jinping!
¡Atrevámonos a ser libres!

Nos va a costar un poco de tiempo y esfuerzo.
Pero la apuesta vale la pena.
Se llama vida.
Toda la vida y la vida humana en particular.
¡Ay, el humanismo!
O el riesgo es vivir cada vez más sometidos e indignos de ser llamados seres pensantes, seres humanos.
¿Ya es demasiado tarde?
Espero que no, todavía.
P. D.
El 20 de enero, la nota principal es que el mundo es cada vez más de los pocos; es decir, los megarricos controlan cada vez más la riqueza socialmente producida por todas y todos los que trabajamos.
De ahí que tenga demasiado sentido el artículo de Fernando Buen Abad Domínguez, ¿Qué hay de nuevo, Davos?, La Jornada 20/01/2026, que culmina con lo siguiente:
“Mientras los comerciantes de guerras, los engañadores mediáticos y los buitres financieros sigan monopolizando el sentido, el mundo seguirá al borde, no por fatalidad, sino por diseño. Lo peligroso no es Davos en sí, sino la naturalización de su narrativa como si fuera la única posible. Frente a eso, la semiótica crítica no es un lujo académico, es una herramienta de supervivencia simbólica. Porque quien controla el significado, controla el rumbo. Y Davos lo sabe”.
¿Nosotras y nosotros lo sabemos?
J. Ignacio Mancilla
Guadalajara Jalisco, colonia Morelos, a 24 de enero de 2026.
Imagen de portada: generada con OpenAI.





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