Casi 13 años y… adiós
“[…] el psicoanálisis requiere siempre
lapsos más prolongados […]”.
Sigmund Freud, Sobre la iniciación del tratamiento
(Nuevos consejos sobre la técnica del psicoanálisis, I)
El 18 de febrero de 2026 se entregó el Consultorio de Psicoanálisis de la División de Estudios Históricos del Centro Universitarios de Ciencias Sociales y Humanidades, porque las nuevas autoridades universitarias ya no quisieron que siguiéramos; razones no hubo, solamente que se necesitaba el espacio, se nos dijo.
Como si estuviéramos, todavía, en la Normal; ja.
¿Y todo el trabajo que hicimos durante casi 13 años?
El presente texto no pretende otra cosa, más que darle su justo lugar al Consultorio de Psicoanálisis, coordinado por la maestra Eunice Michel Díaz, previo acuerdo con la doctora Lilia Oliver, en noviembre de 2013, para intentar forjar un espacio otro en el que se pudiera hablar de las adicciones y de los problemas, en general, de las y los estudiantes.
Junto a Lilia Oliver, el Consultorio siempre recibió el apoyo del doctor David Carvajal, el doctor Juan Manuel Durán, la maestra Josefina Cortés y del maestro Alejandro Fuerte.
Lo que voy a hacer no es un recuento, cosa que de alguna manera ya hizo la maestra Eunice, sino, más bien, dimensionar, el preciso lugar que ocupó el Consultorio de Psicoanálisis durante los casi 13 años que estuvimos dando nuestros servicios en el CUCSH; primero en la Normal y después en Belenes.




No es lo numérico lo que me interesa, por ahora, rescatar; aunque el Consultorio como tal, siempre entregó informes, considerando también este aspecto cuantitativo.
Lo que importa resaltar es la dimensión cualitativa, sobre todo de las alumnas y alumnos, y también maestras y maestros, trabajadoras y trabajadores administrativos; así como gente externa a la comunidad universitaria, que se atrevieron a aventurarse en un proceso psicoanalítico, con alguna o alguno de los colegas que sostuvieron el Consultorio durante casi 13 años.
Esas historias, no siempre de éxitos por supuesto, se la llevan ellas y ellos, y se van con nosotros, todas y todos los colegas que formamos parte de esta interesante historia que al parecer no tomaron en cuenta las nuevas autoridades.
¿Era limitado lo que hacíamos?
Sí; por supuesto.
En primer lugar, porque siempre ocupamos un lugar marginal, ¿podía haber sido de otro modo?
Dejo por el momento la cuestión, que responderé en otro texto más completo y elaborado que este.
Lo que ahora quiero poner en primer plano, es al apoyo de algunas autoridades, en especial las ya mencionadas, para habernos mantenido tanto tiempo en una labor callada y silenciosa, que se mostró efectiva incluso en la crisis de la pandemia.
A más de alguna y alguno de los colegas le tocó apoyar crisis de angustia y otras cuestiones relativas a la “salud mental”; solamente con los recursos de su clínica.
¿Por qué entonces el desdén de las nuevas autoridades?
No nos corresponde a nosotros responder este asunto, sino a ellos.
Aunque en algún momento, tengamos que posicionarnos con respecto al delicado tema de la “salud mental” de toda la Universidad de Guadalajara y particularmente del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH).
Solamente mencionaré algunos: el de las adicciones, el acoso y la “violencia política”; además de las desapariciones forzadas.
Temas todos sobre los que la Universidad no ha tenido una clara posición respecto a un gobierno —el nacional y el local— que no ve como prioritarios semejantes problemas tan delicados y que hieren a todo México.
Y en los que, el gobierno de Jalisco, ¿tiene que ser así?, lleva la voz cantante del primer lugar a nivel nacional en desapariciones.
¿Por qué el silencio de la Universidad de Guadalajara?
Tampoco nos toca responder este delicado asunto.
Bien, la maestra Eunice Michel dio más o menos cuenta de la historia del Consultorio en varios textos de su autoría.
Enlazo abajo* las fechas y los lugares en los que se publicaron dichos textos; la mayoría en un blog creado por nuestro grupo de psicoanálisis.


Fue mucho lo que hicimos, a pesar de nuestros pocos recursos materiales, pero siempre hubo, de nuestra parte, una gran voluntad de apoyar esa especie de “servicio social” que brindaba el Consultorio, con una cuota de recuperación muy baja y siempre dispuestos —cada una y cada uno de nosotros— a considerar lo que la o el paciente pudiera pagar.
Siempre pusimos en juego toda nuestra capacidad clínica.
El tiempo y la historia siempre ponen las cosas en su lugar; nosotros, todas y todos los psicoanalistas que estuvimos comprometidos con el proyecto del Consultorio, estamos seguros de que así sucederá con la historia del Consultorio.
Más allá y más acá de los caprichos administrativos que ni siquiera nos fueron formulados adecuadamente y sí con un dejo de rudeza institucional, innecesaria e incapaz de reconocer la labor que hizo la maestra Eunice Michel y todo el equipo que siempre estuvimos con su loable labor clínica.
Esto es algo que se teníamos que consignar aquí, precisamente.
No puedo cerrar este texto sin mencionar y agradecer el acompañamiento de las y los colegas psicoanalistas que hicieron posible que mantuviéramos la clínica psicoanalítica, contra viento y marea, casi durante 13 años.
Gracias, muchas gracias a todas y todos ellos.
Son, en estricto orden alfabético, aparte de Eunice Michel y un servidor:
- Aguilar, Hugo.
- Arellano, Esteban.
- Batis, Francisco.
- Chávez, Gabriel.
- Domínguez, Carolina.
- García, Jennifer.
- González, Jürgen.
- González, Mónica.
- Gutiérrez, Areli.
- Gutiérrez, Berenice.
- León, Alejandro.
- Mercado, Paola.
- Mora, Samuel.
- Navarro, Marcela.
- Navarro, Patricia.
- Ochoa, Luisa.
- Olascuaga, Karina.
- Ruvalcaba, Juan Manuel.
- Silva, Cynthia.
- Villarreal, Víctor.
Espero no me haya faltado nadie y de ser así, que se manifieste y con mucho gusto la o lo integro.
Esta es la historia que importa.
P. D.
Creo que lo que hizo mucho ruido fue la cuota de recuperación, que nunca establecimos arbitrariamente, sino siempre con el acuerdo de las autoridades universitarias. La última era de 200 pesos, con la salvedad, y en eso estábamos todas y todos los colegas, de que, si algún o alguna paciente no podía pagarla, siempre nos acomodábamos a sus posibilidades.
Un servidor llegó a cobrar 50 pesos. Y en general nunca hubo problema con los pacientes; cierto que algunos no podían cubrir alguna cuota, sin embago, había un acuerdo de que no se dejaría de atender a nadie por cuestiones de dinero.
En otras universidades, la UNAM, por ejemplo y también la Autónoma de Zacatecas (UAZ) tienen la modalidad de que los pacientes cubren una parte de sus tratamientos y la universidad la otra.
Y, dicho sea de paso, las empresas para universitarias, ¿por qué no les hacen ruido?, sino entregan cuentas claras y, por ejemplo, una botella de agua de 600 mililitros cuesta, en el mal llamado Conjunto Santander 40 pesos, 10 pesos menos, que lo que un servidor cobró a una estudiante del CUAAD por sesión.
Esto sin decir nada del negocio que tienen montado los de Derecho, con respecto a las fiestas de graduación. Pero son de la FEU.
J. Ignacio Mancilla
Guadalajara Jalisco, colonia Morelos, a 12 de marzo de 2026.
*Aquí los enlaces de los diferentes artículos en los que la maestra Eunice Michel consignó la historia del Consultorio:




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