Pero la Antígona de Sófocles no es un texto <<cualquiera>>.

Es uno de los hechos perdurables y canónicos en la historia

de nuestra conciencia filosófica, literaria y política. El empeño

principal de este libro es intentar responder a la cuestión de

por qué un puñado de antiguos mitos griegos continúa dominando

y dando forma vital a nuestro sentido del yo y del mundo. ¿Por qué

las <<Antígonas>> son verdaderamente éternelles y están tan

inmediatamente en nuestro presente?

El viernes 13 de marzo pude asistir a la última función de Antígona, puesta en escena por la Compañía de Teatro Jurídico, dirigida por el profesor Sergio Quiñonez, perteneciente a la División de Estudios Jurídicos del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH) de la Universidad de Guadalajara.

¿Qué pone en el centro del escenario y de la vida la clásica obra de Sófocles?

Nada más y nada menos que la razón de Estado, personificada en Creonte, contra el sujeto singular, su genealogía y tradiciones, representadas por Antígona, hija de Edipo, perteneciente a la genealogía de Lábdaco.

Es mérito del profesor Quiñonez atreverse a presentar, como parte de su repertorio, en la escena, el teatro clásico; en particular una tragedia griega.

Que tanto pueden enseñarnos, todavía.

Una tragedia vinculada a la saga de Edipo, el personaje que le posibilitó a Sigmund Freud fundar el “complejo de Edipo” como un fenómeno “familiar” de tipo universal.

Bien, enseguida haré una muy sintética semblanza de esta puesta en escena, para después hacer una reflexión sobre lo que Antígona simboliza, todavía hoy día; y a partir de ello, hablar de nuestras Antígonas modernas, que son -esta es mi lectura- las “madres buscadoras”.

Sí, si a Antígona la castigaron con la muerte por darle sepultura a su hermano Polinices, a las “madres buscadoras”, hoy, las matan por buscar y desenterrar a sus hijos.

Paradojas de la historia, mejor dicho, parajodas.

Tragedias, pues.

Y es que el Estado, tanto ayer como hoy, está en entredicho; aunque por razones distintas.

Bien, después de esta especie de entrada general, vamos pues a la obra de teatro.

compañía de teatro jurídico del cucsh
Póster promocional de ‘Antígona’.

Esta vez no quisiera dejar de llamar la atención sobre cierta disparidad entre las actuaciones de dos de los personajes centrales ―desde la perspectiva interna de la obra― y el resto del grupo.

Estoy hablando del Mensajero y el propio Creonte.

La actuación de ellos es notoriamente diferente a las y los demás: con un tono de voz acorde a los diálogos y con un manejo del cuerpo también correspondiente a las situaciones enunciadas.

¿Por qué no fueron parejas las actuaciones? Esto aparte de algunos errores de dicción; incluso de actuación.

Pero más allá de ello, cuestión siempre perfectible, el acierto del profesor Quiñonez es confrontarnos con el espejo de Antígona, que nos dice mucho, todavía, en el mundo de hoy.

En este sentido, hay cierta perennidad en la obra de Sófocles y su Antígona sigue siendo paradigmática, en cuanto a lo mal que nos acomodamos los seres humanos en lo tocante a nuestra confrontación, como sujetos singulares, con la ley.

Esto aparte de que no es una misma legalidad la jugada en la obra, sino por lo menos dos: la del Nomos o Ley de la Ciudad y la de la tradición y los mandatos de los dioses, las leyes de la tradición familiar y religiosa.

Es desde esta óptica que se da la confrontación entre Antígona ―la de opinión contraria- y Creonte, rey de Tebas.

En tanto los dos representan posiciones irreductibles; la obra termina, así, en una gran tragedia, con la muerte por propia mano o no, de casi todos los personajes de la obra.

Ver en escena todo esto, no deja de conmovernos, a más de 25 siglos de que la obra fue escrita y representada en la Grecia clásica.

Bien, ahora voy a mi lectura desde el tiempo presente.

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‘Antígona’ / Compañía de Teatro Jurídico del CUCSH.

La pureza de Antígona, para jugar con la concepción de Jacques Lacan, que hace de Antígona la heroína de su ética del deseo, la lleva a la muerte; como lleva a la muerte ―no pocas veces, lamentablemente― la confrontación de las “madres buscadoras” con el Estado y el “crimen organizado”. Lo que les da, a las “madres buscadoras”, el estatuto de heroínas modernas; es decir, son, no por voluntad propia, nuestras Antígonas.

Pero no es en aras de una oscura pulsión de muerte, sino, todo lo contrario, por un enorme deseo de vida, en tanto buscan a sus hijos e hijas y seres queridos en general; es esa confrontación, como en su momento le ocurrió a Antígona, con una Ley bastante cerrada y obtusa, por lo que ellas pierden la vida.

Trágicamente, insisto.

¿Por qué acontece esto?

He aquí la grandeza “psicológica” de la tragedia de Sófocles.

Y he aquí el enorme valor del trabajo teatral que hace el profesor Sergio Quiñonez y su Compañía de Teatro.

¡Enhorabuena por él y sus dirigidas y dirigidos!

Son un oasis de cultura en un medio un tanto yermo, lamentablemente, pues estamos hablando de una Universidad.

La lectura que hizo el profesor Quiñonez de Antígona, personal y grupal, se apega a la forma común de leer el conflicto entre Antígona y Creonte.

Se trata de la oposición de dos legalidades, como ya lo dije: la ley del poder estatal versus la ley de la tradición, la del orden filial.

Por tanto, la tragedia de Sófocles abre la cuestión del hiato que separa el poder político del orden familiar, civil, en alguna medida.

Es ahí donde la figura de Antígona alcanza su universalidad, pues nunca estuvo dispuesta a ceder sus derechos de hermana, en aras de la razón estatal y política.

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‘Antígona’ / Compañía de Teatro Jurídico del CUCSH.

¿Cómo podrían las “madres buscadoras” renunciar a sus derechos de madres en aras del orden vigente?

Mejor dicho, del desorden actual.

Desde esta perspectiva, Sófocles sigue más vivo que nunca, pertinente; tan actual, como lo fue, seguramente, hace más de 25 siglos.

Este es su mérito. El del profesor Quiñonez y el de toda la Compañía de Teatro es traernos una tragedia que nos sigue conmocionando hasta el alma y los huesos, todavía.

Es algo que personalmente le voy a agradecer, infinitamente.

Este es el valor de hacer cultura, haciendo teatro.

Nada más por eso le reitero, una vez más, mis congratulaciones y mi agradecimiento por su labor en aras del teatro.

Y por su atinada selección, esta vez, de Antígona. Siempre viva en cada mujer que resiste a la ley de los hombres.

¿Es posible una sociedad otra, diferente al actual patriarcado capitalista?

Dejo esta pregunta abierta.

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