Con el césped bajo mis pies, seguir firme aunque el código de la inexistencia del azar no haya sido revelado del todo.
Con las dudas matutinas despejadas, comprender que la incertidumbre es también certeza, puede difuminarse o acrecentarse.
Con el descanso mental, la necesidad de ordenar los quehaceres y asignarles un tiempo.
Con la promesa suspendida, la palabra herida que cicatriza, sin claudicar en el paladar.
Con el viaje a tierras lejanas siempre presente, el otro viaje, el interior, se mueve, imperceptible y tenaz.
Con el dibujo de una lágrima asomando en lugar de una sonrisa hay también atisbos de felicidad.
Con el Yo cediendo paso a una variable universal, aparece el sueño revelador que ordena las preguntas formuladas apenas ayer.
Con la vigilia regresa el ego; su rostro desfigurado despierta tras una larga hipnosis nocturna.
Con los dos seres amados que habitan otra tierra, el corazón estrujado recuerda la falta.
Con la realidad descomponiéndose en capas ante los ojos incrédulos, el rompecabezas toma su siguiente forma.
Con la interrogante que brota al mediodía, una Cuerda, una teoría, una posibilidad que transpira serenidad.
Inés M. Michel
Imagen de portada: Serenidad (2026), @inesmmichel (Guadalajara, Jal., Méx.)




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