Paredes blancas e impolutas. Inexistentes.

Un sueño hecho verano,

la cama registra la vigilia disolviéndose.

Viene la cordura, el revés del campo prometido, postergado.

Aliento en la dirección del país que aguarda.

Sentada frente a mí misma

recupero el comienzo de una frase interrumpida ayer.

Otro ayer distinto, atemporal. Puede ser futuro.

Ella se sienta en mi regazo,

es ella junto a todas; es ella siendo yo.

Se disipa la culpa y aparece la contemplación.

Me abrazo a los caminos por venir.

¿Recuperarse duele?

Cuando parece que nada pasa, potente cambio.

Espero y respiro.

Avanzar es descreer, resistir desaprendiendo.

Lo perdido no se queda lejos, permanece, sostiene.

Espero y medito.

Un bosque con dientes se tragó la última noche,

¿fue ayer?

Se completa la esfera, apenas un instante.

La transformación recompone mis piezas.

Permanezco. Respiro.

Observo la enredadera creciendo dos milímetros más.


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