El pasillo de la realidad desdibujada

(Continuación de La Fiscalía de las afueras)

Inés M. Michel

Ignoro estimado señor, si su descripción pretende ser entendida como pura ficción (muchos lectores así lo habrán hecho) o si ha descrito usted un monumento que existe realmente. En el primer caso sonreirá al leer mi carta como ante una absurda misiva de un lector más, de las que probablemente recibirá un sinnúmero. En el segundo caso, por el contrario, mi relato puede constituir una valiosa contribución a sus propias investigaciones.

El pasillo de Borromeo Colmi.

(Relato espejo de La casa de las afueras, en La prisión de la libertad, M. Ende)

No sé si sea aventurado decir que llevo 33 años en una especie de no-realidad donde he construido mis propias reglas. Platicaba con la poeta Ingrid Valencia que trazar claramente las líneas ficción vs. no ficción es quizá un error recurrente del que debiéramos empezar a prescindir. ¿Qué es la no-ficción? Si las narrativas históricas también son una ficción, si nuestra propia vida y memorias son sobre todo un relato de momentos no necesariamente fiel a aquello que <<sí pasó>>, más cercano al así lo recuerdo que García Márquez planteó tan elegantemente.

Vivir para contar que fui(ste) secuestrada por la Fiscalía de las afueras, para contar que pensé en no ser madre, no sin ambigüedades de por medio, que mis ojos son cafés y que tomo cacao por las mañanas. Así las historias simples, confusas y únicas que cuento sobre mí misma, sobre mi madre, sobre el abuelo. Así mis sueños fragmentados, así la poesía que pretendo escribir y que no acaba nunca, así los cuentos que llevo publicados; todo pudiera ser narrado a modo de leyenda, de viaje; pienso en el viaje de una heroína cualquiera, una como Chihiro, que quizá no sabría decir a ciencia cierta si su aventura fue fantasía o realidad, pero que fue protagonista de su particular, efímera vida. Se puede ser mortal a la vez que eterna, inmortal por las letras que pueden volar con vida propia, transformadas en obra, en libros, en historias que pueden ser contadas y releídas por cualquier individuo del futuro que vuelva a soñar y vuelva a pensar en ella, con ella (conmigo).

El viaje de Chihiro heroína
Fotograma de ‘El viaje de Chihiro’ (H. Miyazaki, 2001, Japón) / Studio Ghibli.

¿Es la ficción solamente un concepto para estudiar y categorizar, como hacen en la academia? ¿Qué es una narración? A veces es una descripción de sucesos, una cronología, un repunte de memoria que permite hilar mi vida con mi historia, con mis recuerdos, con mis sueños, con mis yos desenfrenadas que emanan a contracorriente de la mano lastimada, la que no se ha puesto en paz ni vendada, la mano de la(s) fisura(s) que no terminan de sanar y que susurran que no se puede abandonar este mundo ilesa. ¿Qué es narrar, sino perder y perderse en ese camino fangoso de la mente para buscar la mejor palabra, la última frase, la hist-e-ria final, el tono adecuado? ¿Estaba narrando cuando les conté de mí a las niñas del elevador? ¿Narré cuando escribí un no-testimonio justo aquí? ¿Estoy narrando ahora? ¿Y quién legitimará mi escritura, las lecturas que me acompañan, o por lo menos reconocerá los ojos observadores de mis perseguidores imaginarios?

Quienes re-negamos de la Academia pudiéramos decir que no queremos ser categorizadas, aunque lo seamos inevitablemente en el presente continuo que habitamos; quienes hemos sido interpeladas a modo de lección condescendiente que sugiere: esto es una ficción/esto NO es una ficción; esto es un cuento/esto es una novela; esto es fantasía/esto es terror; esto eres tú, pudiéramos responder: eso eres tú, porque yo he decidido ser otra (cosa).

Me temo que habré de reescribir todo una vez que alguien anuncie que ha entendido plenamente lo que hago. Y también reconozco que he aprendido a callar y sonreír cada que alguien en su propia frontera ha expuesto que no me logra describir, por lo inaprensible que puede llegar a ser mi escritura, inclasificable o qué sé yo; es ahí cuando he sentido calma, es ahí donde a través de la no-definición de lo que soy comprendo que voy por el camino correcto, avanzando hacia el pasillo de la realidad desdibujada que me interesa más, donde tranquilamente la no-ficción hace su aparición en un día corriente, tornándolo todo líquido, transparente, tornasolado, un prisma multicolor capaz de crear ventanas allá donde me había sentido encerrada, sola, abandonada. Las ventanas dibujadas a mano, a golpe de letras y de puños furiosos, resultan tan concisas y también tan confortables que, al ritmo de Alicia, me envuelvo en impertinencia para dejarme caer de lleno a mi otra realidad, esa que ya les he narrado, una donde los hombres grises (los perseguidores imaginarios), las amenazas latentes y las preocupaciones mundanas no logran entrar, aunque alcancen a estrellarse contra la puerta/ventana por la que acabo de pasar.

los hombres grises perseguidores imaginarios
Los hombres grises frente a Momo, de Michael Ende. (Ilustración tomada de: Reverso).

Estoy aquí, desdibujada en un espacio que es mío, hilando una Cuerda que pretender dar continuidad a tres momentos distintos de un mismo diálogo, una conversación que se ha ocupado principalmente de lo ominoso (Unheimlich), aquello familiar que se convierte tras un parpadeo en extraño, amenazante y siniestro. Sucedió con ese lugar de cuyo nombre no quisiera acordarme, la Guadalajara de las luces y de las sombras. Sucedió con Comala cuando acudí(mos) a buscar al abuelo, al padre… Una no puede desatar sus nudos -decía Ariadna-, pero puede cortarlos; aquí estoy, entonces, cortando uno, el de la amenaza que vuelve, que permanece, en la realidad y en la ficción.

Comprendamos que la existencia, en el mundo y en México, se ha vuelto una cotidianidad constante de horrores, de terribles circunstancias, especialmente para las mujeres; claro que lo vivido en Guadalajara el 4, 5 y 6 de junio abre una herida más a la ya de por sí lastimada historia contemporánea mexicana, pero, pensando más allá, ¿a qué nos estamos enfrentando? Recurro a la (no)ficción. Nos enfrentamos a un monstruo de mil cabezas que no podemos atacar con la espada, pues tendrá la fuerza suficiente para aplastarnos con su furia y todavía alcanzará a imprimir en las páginas de la Historia que las violentas fuimos nosotras y nunca la monstruosidad aplastante que trae la muerte, la desolación y la precariedad al presente, ya sea en forma de gobernantes, tiranos, policías o amantes que (nos) golpean, nos hieren, nos matan. Ante esto, ¿la estrategia colectiva dónde está? Pudiera estarse conformando, a tropiezos, al tempo que cada grupo y organización va marcando, ¿alcanzará la vida, la nuestra, para ver la semilla de la inconformidad, la nuestra, crecer y ser planta, ser árbol (que da frutos, que alberga vida)?

sic mundus creatus árbol de la vida
Sic mundus creatus est (Así se creó el mundo) / Fotograma de ‘Dark’ (B. bo Odar, J. Friese, 2017 – 2020, Alemania).

Apuesto mis esfuerzos, mis sueños a que el árbol ya está creciendo y a punto de asomarse a esta Tierra que también es infierno, que también es volar en horizontes teñidos de turquesa. La vida (mi vida) quedará impresa en las letras que se alcancen a hilar, ya sea en formas de Cuerdas, de historias para una editorial o de libro(s) todavía por imprimir, resurgiendo cada que el cansancio se haga presente, o la desesperanza. Si en los terruños tapatíos, hay alguien que aún se siente sola, o solo, alguien que busca la manera de contar su historia, de enlazar sus ideas en colectivo, de soñar con el mañana que (todavía) no ha sido, aquí estoy, aquí estamos, y la colectividad posible existe junto a nosotras, almas jóvenes y ni tan jóvenes del siglo XXI, que tan pronto tuitean, como utilizan la palabra para posicionarse, para desmarcarse, para alentarse; porque tomar la calle, y las redes, es tomar la palabra. Quienes tomamos la calle, y las redes, el 4, el 5 y el 6 de junio, levantamos la voz, hicimos nuestras las aceras, habitamos el espacio en el que crecimos, el que nos cobijó, aunque el Monstruo haya movido algunos tentáculos, pescando por aquí y por allá algunas presas, aunque ese Monstruo que somos, en tanto somos humanidad que pertenece por igual a la luz y a la oscuridad, haya mostrado la más terrible de sus caras y nos haya obligado a desaparecer. Estamos aquí, seguimos aquí… y mañana otras almas volverán a salir, volverán a escribir, pensarán y gritarán consignas, podrán ser libres, como lo fuimos siempre, como lo somos ahora; incluso quienes ya no están, aquí siguen también, son, junto a mí, junto a la realidad desdibujada a la que pertenezco, las figuras del presente, siluetas sin rostro concreto que resisten a todos y cada uno de los embates de la realidad-monstruo que piensa a cada bocado que engulle que ya ganó, sin imaginar que la rueca sigue girando y que el final es solo el principio, que mañana comienza todo otra vez y mañana sí será un día soleado… ninguna tormenta (embotellada) dura para siempre.

Ilustración de Ana Ochoa en el Capítulo 9 de ‘Las tormentas del mar embotellado’ (Ignacio padilla) / Artemisa – Planeta.

Imagen de portada: @angel/weheartit

Inés M. Michel.

T: @inesmmichel / I: @inmichel
T: @CuerdasIgneas / FB: Cuerdas Ígneas

cuerdasigneas@gmail.com

Foto: David A. Becerra.

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