ESPECIAL | Una lectura de Secuencias oníricas

Caterina Cardona Cànaves

Nota introductoria: Publicamos este texto especial que generosamente nos proporcionó Caterina Cardona Cànaves, presentadora de Secuencias oníricas (Inés M. Michel, La Zonámbula Editorial, 2021), leído el pasado 2 de septiembre en la librería José Luis Martínez del Fondo de Cultura Económica (Guadalajara, Jalisco). Nuestro agradecimiento por esta lectura y por sus palabras.

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Es un gusto estar esta tarde acompañando a Inés y a Jorge en esta segunda presentación de Secuencias oníricas (2021), de La Zonámbula, una editorial a la cual hay que seguirle el rastro si a autores y autoras jaliscienses queremos acercarnos. Y, por supuesto, muchas gracias por invitarme a compartir el ejercicio de lectura que realicé sobre la obra.

Podríamos empezar afirmando que insólita es la puerta de entrada a los relatos de Inés M. Michel, puesto que cuando abordamos una lectura, con dificultad, pensamos en sueño. No podemos negar que hay lectores y lectoras que leen para encontrar el sueño — después de un agotador y productivo día de trabajo— pero, podríamos decir que, en este caso, son los doce relatos que componen la obra los que surgen del sueño para venir a encontrarnos y ofrecernos, una a una, distintas secuencias que transcurren en el incierto plano de lo onírico e, incluso, alucinado.

En el libro que presentamos podemos identificar las marcas de un tiempo presente, caracterizado por la fragmentación social y el individualismo que, desde el primer relato, con “La vieja”, veremos latente en la soledad que viven los y las protagonistas, incluso cuando existe algún tipo de vínculo afectivo con otros y otras. Esto nos hace pensar en cuán atomizadas son nuestras formas de vida a día de hoy, aún cuando nos encontramos en un mismo espacio o, como sucede en los relatos “Reunión inesperada” y “Todo lo que necesito”, compartimos lazos sanguíneos o conformamos una pareja.

Probablemente sea la soledad la que lleve a varios de los personajes de la obra a la búsqueda de su propia identidad; de ahí que, por un lado, sea recurrente la importancia del nombre propio, a través del cual se consolida su personalidad: pensemos, por ejemplo, en el relato “Frente al espejo” y en la carga simbólica de los nombres de los personajes protagónicos, Lilith y Ángela; o, en la poco coincidencia de la S inicial de los nombres de las cuatro hermanas de “Reunión inesperada” —Sofía, Silvia, Sara y Sonia—.

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Segunda presentación de ‘Secuencias oníricas’, FCE. Foto: David A. Becerra.

Si bien el nombre personal ocupa un lugar significativo en gran parte de los textos, también podemos encontrar la idea del peso que supone el nombre de otro sobre una misma. Esto es algo que podemos observar en el segundo cuento del libro, titulado “Colección”. La figura paterna de Norman se convertirá en una obsesiva carga para la protagonista, quien se relacionará y obrará con otros a través del influjo de éste en su vida para poder reafirmar su propia identidad. Casi casi podríamos afirmar que es en la relación con otros que la protagonista se encuentra a sí misma y encuentra arraigo en sus prácticas.

Estas marcas de época nos conducen a leer, también en los relatos, una vinculación con las demandas que, a pie de calle, se realizan por parte de los movimientos sociales y feministas. La narración, la representación de los personajes y el cuestionamiento de la realidad que nos abre Secuencias oníricas nos permite vincular los textos a una forma de ver, comprender y actuar en el mundo que pasa por cuestionar la crueldad hacia los animales, el sistema de consumo dentro de las llamadas “economías verdes”, la respuesta a la violencia machista al interior de la pareja o la misma institución familiar.

Ahora bien, es importante destacar que, a pesar de la vinculación con los feminismos que podamos establecer y de la notable presencia de personajes protagonistas femeninos, las figuras creadas distan de representar el ideal de perfección ética y política del pensamiento crítico y, como muestra de ello, están plagados de dudas, inquietudes, deseos controversiales, pulsiones de autodestrucción, conflictos y contradicciones en su ser.

Es por ello que en los relatos encontramos una diversidad de personajes que complejizan, al igual que en la realidad, las experiencias del género femenino y los mandatos que corresponden a su construcción social. Los personajes se atreven a romper con la representación estereotipada que, de la mujer, hemos encontrado dentro del canon literario, incluso cuando en los cuentos de Inés M. Michel pudiéramos categorizarlos como “la vieja”, “la asesina” o “la actriz, vieja gloria del teatro”.

Este hecho también es atravesado por el ejercicio de escritura y el uso de distintas perspectivas y técnicas narrativas que sirven como bisagras de un mundo que desestabiliza el rol femenino con el que, idealmente, deberían cumplir cada una de las figuras que aparecen en los relatos, así como también las integra al correlato social al que pertenecen. Es decir, comprendemos por el contexto de partida, por qué Camila, Ángela o Luisa, por poner algún modelo, actúan de una u otra forma; cuáles son los motivos que las llevan, por ejemplo, a cometer un asesinato, a esconder un cadáver, a rebelarse contra la brutalidad humana o a conciliarse con la dolorosa visión de la madre.

primer libro Inés M. Michel
Segunda presentación de ‘Secuencias oníricas’, FCE. Foto: David A. Becerra.

Por otro lado, el tratamiento del lenguaje narrativo, por medio del cual la escritora adopta formas incluyentes —desglosando el género, cuando es necesario: “los niños y las niñas”; u, optando por genéricos, cuando es posible: “la presencia humana”—, nos hace pensar en la decisión política de la escritora y en que sí son posibles narraciones donde quepamos todes.

Como bien dice la escritora Remedios Zafra: “Necesitamos la ficción para narrar lo que es difícil de describir”. Desde la lectura personal que realizo del libro de Inés M. Michel, esta dificultad para descifrar el mundo no supone una parálisis sino una necesidad por encontrar, no solo la lengua con la cual todes seamos presentes, sino también los subgéneros narrativos a través de los cuales hallar respuestas. Es por ello que, en Secuencias oníricas, encontraremos tanto cuentos que rozan el surrealismo como que juegan con la ciencia ficción, pero también relatos cuya representación de la ficción se materializa en elementos de lo misterioso, lo insólito o lo metaliterario. Diría que hay, por tanto, un interés por parte de la narradora a la hora de explorar una gran diversidad de géneros y formas narrativas.

Me gustaría añadir que en el análisis de la obra ha sido inevitable establecer ciertas conexiones entre lo creado por Michel y la producción narrativa de otras creadoras contemporáneas jaliscienses como Virginia Leyva, Érika Zepeda, Adriana Díaz Enciso o Cecilia Eudave —en cuanto a los subgéneros trabajados— y Abril Posas, Ave Barrera o Martha Cerda —por lo que atañe a los distintos aspectos temáticos planteados.

Haciendo escalar los nexos, podríamos decir que algunos relatos recuperan discusiones, no solo literarias sino también políticas y filosóficas de gran actualidad como, por ejemplo, el impacto y las implicaciones éticas de la tecnología, la responsabilidad humana en la reproducción de la violencia o la crueldad hacia los animales, tan presentes en los relatos “Esa cosa” y en “Cazadores de diversión” de Michel o en obras de autoras contemporáneas mexicanas y latinoamericanas como Bibiana Camacho, Fernanda Trías, Samantha Schweblin o Liliana Colanzi.

A modo de conclusión, la lectura realizada sobre Secuencias oníricas nos plantea la posible confluencia con otras creadoras en los intereses pero, sobre todo, en las preocupaciones y compromisos con el mundo que vivimos. A caballo de estos cuestionamientos puede ser que, justamente, a través de la ficción podamos empezar a rumiar algunos cambios, y la voz de Inés Michel puede ser partícipe de esta labor.

Caterina Cardona Cànaves.


Imagen de portada: Segunda presentación de Secuencias oníricas, septiembre, 2021, FCE (Gdl, Jal,). Foto: David A. Becerra.

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