Apuntes sobre la escritura creativa

Inés M. Michel*





«A la gente cuyo trabajo va más allá del campo de las ideas y penetra en la realidad material…»


Fragmento de la dedicatoria de Frank Herbert en Dune.





Hace unos meses terminé de leer Dune, apenas el primer tomo. Esta epopeya ecológica -usando el término que aparece en la portada- es una extensa obra del estadounidense Frank Herbert (1920 – 1986) a la que se le han ido añadiendo más volúmenes (cinco escritos por el mismo autor y dos más por su hijo, Brian Herbert, y Kevin J. Anderson, quienes usaron las notas del escritor, encontradas después de su muerte), además de contar con tres adaptaciones audiovisuales (cine y televisión), una de ellas muy famosa a cargo del realizador David Lynch (Dune, EU, 1984), quien ha renegado públicamente del trabajo –su primera y última superproducción- por considerar que se le fue de las manos y que no logró llevarlo a buen término.

Mientras leía este texto que está considerado como una obra maestra de la ciencia ficción (ganadora de los premios Nébula, Hugo e Internacional de Fantasía), fue creciendo en mí el asombro al ser testigo del universo tan complejo y vasto que Herbert fue capaz de plasmar con una minuciosidad paciente y laboriosa. Al finalizar la lectura encontramos un apéndice con datos que permiten entrelazar y comprender mejor lo narrado, incluyendo un glosario con la terminología del imperio, un mapa y notas cartográficas, así de minucioso es.
La historia nos cuenta sobre Arrakis, un planeta desértico donde el agua es el bien más preciado; en este lugar se suscitan una serie de disputas por el control del territorio, valioso porque en él se produce una droga que se comercializa en todo el universo, la especia Melange. Partiendo de esta premisa vamos conociendo el origen y linaje de las familias que se encuentran en el poder, las características de este mundo y de otros más que están bajo el control del Imperio Galáctico, así como particularidades del lenguaje de diferentes grupos. 

Seguimos a Paul Atreides, el protagonista, quien está destinado a ser un líder para los Fremen, seres que han logrado adaptarse al territorio desértico y que enfrentan numerosas amenazas, naturales y humanas. Heredero de un gran poder, este joven va forjando su carácter en tiempos de guerra y enfrentamientos, mientras reflexiona sobre los alcances de su fortaleza y la naturaleza de sus lazos familiares y su lealtad.


Dune. Concept Art Illustration. Tomada de: conceptartworld.com


Todo esto me llevó a pensar en lo profunda que puede llegar a ser la labor de un escritor o escritora que se entrega a la creación de una diégesis en la que intervienen tantos factores. Tenía claro que la escritura es un proceso que se nutre de muchas experiencias y conocimientos, que como ejercicio conjunta una serie de saberes, y que en la maestría de quien narra radica la posibilidad de hacer una propuesta propia y diferente. Pero con Dune esto me fue confirmado y, además, fue aún más lejos mi experiencia como lectora al sumergirme en una obra que entreteje en forma de relato de ciencia ficción reflexiones sobre lo humano, la trascendencia, la ecología, la libertad y la supervivencia, por mencionar algunas cuestiones que se abordan en la narración.
Lo que me gustaría asentar aquí es que escribir literatura es más que imaginar personajes y situaciones. Todo aquello que podamos conocer y aprender, ya sea matemáticas, historia, pintura, biología, o cualquier disciplina, servirá en la tarea de narrar, y más que eso, nutrirá a la historia y aumentará la capacidad creativa y los alcances narrativos de quien escribe.
Es buen momento para recordar también que la literatura fantástica, tan denostada en muchos círculos intelectuales por, supuestamente, no ocuparse de asuntos trascendentales, no hace otra cosa más que hablar de la realidad y problematizarla. Con el pretexto de la ficción se pueden decir muchas cosas sobre nuestro mundo y las condiciones en que vivimos; la reflexión puede alcanzar múltiples niveles, es cuestión de leer con detenimiento y con la mente abierta.
Autores como Herbert que son capaces de crear un universo completo con distintos idiomas, geografías y tecnología, con una multiplicad de objetos que nombra y describe dejándonos claro su utilidad y grado de complejidad, muestran su erudición y capacidad de análisis. 

Dando una ojeada a su biografía, encontramos que se desempeñó en muy variados trabajos: camarógrafo, fotógrafo, locutor, pescador de ostras, analista… Tenía especial interés por la psicología y la ecología, siendo esto último algo evidente en su obra, además de llevarlo a residir durante sus últimos veinte años de vida en una granja biológica junto a su familia, donde eran autosuficientes y habitaban en contacto con la naturaleza.
Mientras lo leía me vino a la mente otro escritor, J. R. R. Tolkien, a quien he revisado muy poco, pero que de forma similar en complejidad logra edificar toda una mitología con El señor de los anillos, donde entre otros muchos detalles, dota a cada comunidad de su propio lenguaje y costumbres particulares.
No hay conocimiento que estorbe en la vida, mucho menos para quien se dedica a la escritura. Creo que una persona que escribe tiene más que nadie la necesidad de documentarse acerca de su mundo, enterarse de las noticias y hechos de actualidad, aprender sobre distintas materias y ser capaz de investigar por su cuenta sobre aquellos temas que le apasionan. Todo ello se verá reflejado en su obra. Si bien hay autores más complejos que otros, así como historias, es en la literatura fantástica y en la ciencia ficción donde he encontrado grandes reflexiones sobre la condición humana y las posibilidades con que cuenta la humanidad para afrontar las diferentes adversidades que se nos presentan y que son llevadas al límite en estos relatos, haciéndonos imaginar y pensar más allá de nuestras fronteras cotidianas, siempre para regresar al presente y a la realidad que nos rodea, asumiendo una postura distinta y meditando sobre los problemas que tenemos frente a nuestros ojos, como individuos y como sociedad.
Ahora que estoy embarcada junto con un amigo muy querido en la escritura de un relato fantástico, espero poder utilizar lo que he ido aprendiendo en la vida para volcarlo en esta creación con la que apenas hemos caminado algunos pasos y a la que todavía le resta mucho trabajo por delante.

En este sentido, lo que me dejan lecturas como Dune, es la necesidad de seguir aprendiendo. Es en el aprendizaje y la lectura atenta donde está lo que podemos después transformar en escritura creativa, ya sea sobre un desierto imaginado o sobre cualquier otro mundo del que queramos contar algo.



Inés M. Michel

Ciudad de México, octubre de 2017.

 *[Atea, vegana, feminista,
lectora irredenta,
a la espera del apocalipsis zombi
que dará sentido a mi existencia.]
I: inmichel






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