Soledades multitudinarias


Inés M. Michel*


«Ninguna soledad es inexpugnable».
Pablo Neruda (Discurso al recibir el Prebio Nobel de Literatura -1971-).


Vivir en Ciudad de México es, en muchos sentidos, solitario. Eso se va descubriendo estando aquí por largos periodos, lo que resulta contradictorio por la idea que tenemos de una ciudad superpoblada y llena de tráfico a toda hora.

Resulta que las millones de personas viviendo en la metrópolis solemos entrar en ritmos de vida en los que, por las condiciones y características de las jornadas en esta ciudad, nos abstraemos, concentrándonos en círculos muy cercanos con experiencias que tienden a la individualidad. Los encuentros con amigos resultan más bien esporádicos, enfocados cada uno en sus propios asuntos. Y es que el ritmo que impera, uno que no para y que implica trasladarse diariamente largas distancias así como trabajar por muchas horas con poco espacio para el ocio o actividades de descanso, orilla a la mayoría a vivir entre la casa y el trabajo, frecuentando lugares cercanos a estos puntos, conociendo una zona en particular y conectándose al mundo a través del espejo – ventana de un teléfono inteligente o computadora personal.


Tomada de: mitogafo.com.mx



Esa interacción social donde nos enteramos de las vidas de los otros por medio de una selección de instantáneas, visitas registradas y caracteres volcados en las plataformas, se convirtió en la manera de «estar conectados», creemos que con cientos o miles de personas que forman parte de nuestras listas de amigos/seguidores.

¿Qué tanto de esta interacción resulta en lazos efectivos y sólidos con quienes nos rodean?

Quizás un porcentaje muy bajo, no lo sé a ciencia cierta. Lo que intuyo es que interactuar con estados de Facebook mientras vamos en el metro enchufados a unos audífonos, compartir selfies mientras cenamos acompañados de un gadget, ha generado una soledad que se instaló lenta pero contundentemente. Para combatirla habría que recuperar otras formas de comunicación y de acercamiento con los humanos a nuestro alrededor.

¿Es el sistema mismo el que fomenta ese aislamiento hiperconectado a las realidades virtuales? 

De nosotros depende sumarnos o no a esa lógica. Podemos decidirnos por buscar alternativas. Por supuesto, las herramientas tecnológicas están ahí para facilitarnos, en muchos casos, la vida. Es necesario no perder de vista su función como tal, herramientas que nos asisten pero que no debieran aislarnos.

Creo, como Neruda, que no hay soledades inexpugnables. Estoy convencida que detrás de las pantallas, en las filas interminables, dentro de los edificios que se aprietan unos contra otros, hay seres de carne y hueso que vale la pena conocer, y que esas vidas no caben en un algoritmo de red social.




Inés M. Michel.
I: inmichel

Ciudad de México, mayo de 2018.

 *[Atea, vegana, feminista,
lectora irredenta,
a la espera del apocalipsis zombi
que dará sentido a mi existencia.]




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