Hasta que sea ley. Apuntes sobre la marea verde


Inés M. Michel*



Hasta México ha llegado la marea verde que inició en Argentina, un oleaje que nos empapa y que no renunciará a ser mar y esperanza para quienes creemos que un mundo mejor para las mujeres es posible, un mundo donde se respete el derecho que cada una de nosotras tenemos sobre nuestro propio cuerpo y donde la maternidad no sea jamás una imposición.
Por supuesto, escribo estas líneas con algo de tristeza también, por la resolución del senado argentino que en días pasados se negó a despenalizar el aborto en una votación donde treinta ocho senadores votaron en contra y treinta uno a favor, dejando así una ley de los años veinte que criminaliza a las mujeres que deciden interrumpir su embarazo. Por otro lado, el movimiento de los pañuelos verdes, que estuvo dando la vuelta al mundo las últimas semanas, nos deja un gran sabor de boca y nos reafirma que la lucha seguirá en cada rincón del planeta para recuperar lo que es nuestro, el derecho a decidir. Y digo recuperar porque, contrario a lo que pudiera pensarse, el aborto data de tiempos muy lejanos, lo que es reciente es su criminalización. En cuanto a los métodos anticonceptivos, no son tampoco de origen moderno pues existen desde la antigüedad; algunos de los métodos más antiguos se remontan a quinientos años antes de nuestra era. Platón habló de las parteras en uno de sus diálogos y describió cómo podían suministrar remedios para los dolores del parto, así como para agilizarlo, y también contaban con métodos para interrumpir el embarazo en etapas tempranas de este.

Tomada de: elclarin.cl
Estos datos son brindados, junto a otras muy pertinentes explicaciones sobre la maternidad y la autonomía de las mujeres para decidir sobre ella, en un artículo publicado por la Revista Amazonas en el mes de junio de este año, autoría de Marina do Pico, que se titula Las hierbas de la emancipación: aborto, biopolítica y soberanía. Es un texto que quiero recomendar ampliamente, especialmente a aquellas personas que se consideran “provida”. Leerlo fue, además de ampliar mucho mi panorama sobre el tema, terminar con un nudo en la garganta, debido a las conclusiones del escrito donde nos damos cuenta de que las mujeres en la modernidad perdimos gran parte de nuestro poder de decisión sobre nuestros cuerpos.
En Las hierbas de la emancipación podemos leer el siguiente cuestionamiento, “Si las mujeres solían tener acceso a métodos de anticoncepción, ¿por qué este conocimiento se les perdió con el comienzo de la modernidad? (…) hoy la capacidad reproductiva de las mujeres está regulada por entes ajenos a ellas. Existe un desconocimiento profundo del cuerpo femenino (…) y se encuentran una serie de trabas para acceder a los servicios reproductivos más básicos. Esto no siempre fue así, previo a la modernidad, la anticoncepción supo ser un arte femenino que combinaba hierbas, recetas pasadas de generación en generación, prácticas y conocimientos ancestrales. (…) La revolución científica y médica significó que las mujeres fueran crecientemente excluidas de la medicina por requerimientos de títulos universitarios a las que ellas no accedían (…) De esta manera, las parteras dejaron de aprender y de prescribir. La caza de brujas fue efectiva en romper con una cadena de conocimiento que se había enriquecido en un transcurso milenario.”
En distintos puntos de este texto se establece una relación entre el avance del capitalismo, y por tanto la necesidad de mano de obra, y la imposición de la maternidad a las mujeres como un medio para garantizar la reproducción y, con esto, una demografía robusta. “Disciplinar el cuerpo de la mujer y ejercer control sobre su capacidad reproductiva fue un paso fundamental para dar comienzo al capitalismo y expansionismo más feroz (…) el proyecto económico de expansión no habría sido posible sin el sustento ideológico de instituciones como la Iglesia Católica (…) Cuando la Iglesia se percató de que no podía regular los abortivos ni procesar a las mujeres que podrían haberlo usado [pues era casi imposible detectar el uso de estos] decidieron atacar la fuente del conocimiento: las parteras pasaron a ser el blanco de esta campaña y fueron consistentemente perseguidas y quemadas en la hoguera (…) Esta deslegitimación permitió introducir al médico varón a la sala de partos. Según escribe Silvia Federici en su libro El Calibán y la bruja: Con este cambio, empezó también el predominio de una nueva práctica médica que, en caso de emergencia, priorizaba la vida del feto por sobre la vida de la madre.”
Con la conformación de los estados-nación vino un proceso cultural muy complejo que, entre otras cosas, exaltó la maternidad como un paso definitivo para la mujer con el que se completaba y realizaba como persona. Ser madre adquirió un significado trascendental puesto que se paría a los hijos de la patria, garantizando así (al menos en la teoría) la prosperidad de los países. Con esto y con todo lo descrito en los párrafos citados arriba, fue necesario prohibir la interrupción del embarazo y criminalizar a las mujeres que, a pesar de la prohibición, intentaban o lograban terminar su gestación. Surgieron las clínicas clandestinas, en su mayoría con pésimas condiciones de higiene, donde se utilizan métodos peligrosos y, en ocasiones, mortales para interrumpir el embarazo. Miles de mujeres han muerto en ellas y, como siempre, quienes llevan la peor parte son las mujeres provenientes de clases sociales bajas.
Siendo el aborto una decisión que las mujeres toman, prohibirlo solo hizo que la vida de muchas mujeres peligrara, los abortos pasaron a ser el negocio de unos cuantos, en lugar de ser regulados por el estado. Es relevante señalar que la Unión Soviética puso fin a estas prácticas apenas tres años después de iniciada la revolución de 1917. Corría el año de 1920 cuando el Comisariado del Pueblo para la Salud y la Justicia publicó un decreto que en el preámbulo rezaba: «La legislación de todos los países combate este mal mediante el castigo a las mujeres que deciden abortar y a los médicos que llevan a cabo la operación. Sin haber obtenido resultados favorables, este método de combatir el aborto condujo estas operaciones a la clandestinidad y convirtió a la mujer en una víctima de mercenarios, a menudo ignorantes, que hacen de las operaciones secretas su profesión»[1], con esto se convirtió en el primer país del mundo en autorizar el aborto y otorgar este servicio médico de forma gratuita a cualquier mujer que lo solicitara.

Noventa y ocho años después seguimos debatiendo en muchos países para tener acceso a este derecho. Ciudad de México es la única entidad de nuestro país que permite la interrupción del embarazo por cualquier causa hasta las doce semanas, esto se logró en 2007, después de una larga lucha dada por grupos y colectivos feministas. La discusión se ha mantenido en diversos estados sin poder avanzar a las legislaciones locales, asimismo en países como Chile e Irlanda se estuvo discutiendo sobre esto recientemente; en Chile se logró la despenalización el año pasado por tres causales (peligro para la vida de la mujer, problemas en el feto y violación), se sigue buscando la despenalización en todos los casos hasta la semana catorce; en Irlanda, acaba de lograrse un triunfo histórico en una consulta pública donde ganó, con el 66% de las votaciones, la opción de reformar la constitución para despenalizar el aborto.
Si de algo podemos estar seguras, es que el movimiento para garantizar ese derecho a todas las mujeres está vivo y no va a apagarse, por más que los grupos conservadores de la mano de instituciones religiosas hagan campañas en contra.
Escribo esto para que no nos dejemos vencer por el desánimo, sabemos que muchas luchas son largas, pero vale la pena pelearlas. A quienes están en contra del aborto, les digo lo que ya se ha dicho mucho, pueden estarlo, pero no pueden imponer su opinión a las mujeres que deciden no ser madres, el aborto existe y seguirá existiendo, la verdadera discusión, entonces, es aborto clandestino o aborto seguro para todas las mujeres que lo requieran. Mantenerlo en la clandestinidad es ser cómplices de una práctica que pone en peligro la vida de muchas mujeres de bajos recursos, mientras que aquellas que cuentan con el dinero suficiente, tendrán la manera de interrumpir su embarazo sin riesgo, ya sea viajando a otro país o estado o pagando lo necesario en una clínica privada.
Me gustaría finalizar con un video del biólogo molecular argentino Alberto Kornblithtt, a quien tuve oportunidad de escuchar en vivo durante un ciclo de conferencias en la Feria Internacional del Libro hace un par de años en Guadalajara, que fue partícipe del debate suscitado en semanas pasadas en Argentina, en él habla de la vida y de cuándo el feto puede ser considerado un ser humano. Hay que diferenciar evidencia de dogma y hechos de creencias, es la invitación que nos hace Kornblihtt al finalizar su intervención.
#AbortoLegalYa #HastaQueSeaLey

Lecturas recomendadas:
Las hierbas de la emancipación: Aborto, biopolítica y soberanía, Marina do Pico: https://www.revistaamazonas.com/2018/06/12/las-hierbas-de-la-emancipacion-aborto-biopolitica-y-soberania/
Inés M. Michel.
I: inmichel

Ciudad de México, agosto de 2018.

 *[Atea, vegana, feminista,
lectora irredenta,
a la espera del apocalipsis zombi
que dará sentido a mi existencia.]



[1] https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-44259569[Consultado por última vez el 15 de agosto de 2018].

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