Vida y muerte en los tiempos del Covid-19

Eunice Michel

La verdadera vida

está ausente.

                                                                                                    Arthur Rimbaud.

Poco después de iniciada la Primera Guerra Mundial en Europa, Freud escribió un artículo que se llamó De guerra y muerte. Temas de actualidad (1915). Trataba ahí de dos asuntos esenciales  que provocan las guerras entre los seres humanos.

Por una parte, dice ahí el fundador del psicoanálisis, la desilusión por la fragilidad de la civilización humana y, en segundo, el cambio de nuestra actitud ante la muerte.

En este texto voy a retomar esas ideas de Freud de aquel tiempo, para hacer una mediación con lo que ocurre hoy con la pandemia global, que azota al mundo entero y que tanto dolor y desolación ha dejado a su paso por los países a los que va llegando.

Tomaré la primera cuestión. Ya algunos pensadores de nuestra época, tal es el caso del esloveno Slavoj Žižek, por ejemplo, han retomado la cuestión de lo que en Freud se llamó desilusión por lo frágil de la condición civilizada, como lo que ahora podemos llamar una cuestión no sólo de crisis médica y sanitaria (lo cual ya de por sí es bastante problema), sino lo que podríamos pensar asimismo como una crisis civilizatoria.

libro sigmund freud muerte y guerra
Portada de ‘De guerra y muerte. Temas de actualidad y otros textos’.

¿Y qué es lo que está en crisis? Nos encontramos, para utilizar un solo ejemplo, frente a un enemigo invisible, biológico, detectable desde luego por los síntomas en el organismo y  los microscopios; pero también ante una gran crisis ecológica que afecta no sólo a las otras especies (lo que ya de por sí es lamentable), sino a nuestro entorno mismo y quizá hasta nuestra sobrevivencia como especie.

Del Covid-19 se han dicho múltiples cosas en las redes sociales. Desde planteamientos científicos muy serios, hasta teorías de la conspiración que nunca faltan en estos casos, pasando por cuestiones tan absurdas, desde mi perspectiva, como un video que circuló en el WhatsApp, en el que la versión era que el diablo quiere llevarse más del 90% de las almas al infierno. Podemos reírnos  o escandalizarnos de que en pleno Siglo XXI, haya quien difunda y además crea esas tonterías como explicación de la pandemia. Ello, desde luego, con el respeto debido a la religión de cada quien, sea cual sea; a mí, personalmente, me parece que estos no son planteamientos religiosos, sino formas desbordadas de aterrorizar a una humanidad ya de por sí demasiado atemorizada y angustiada. Las redes sociales desafortunadamente, y aunque también sean muy valiosas como instrumento técnico actual,  son como el caldo de cultivo de todo tipo de ideas y hasta noticias falsas y fantasías absurdas.

Lo único que no está claro es cuál es el origen de este virus ni cuál es la cura efectiva para todos, o, por lo menos, la mayoría de los casos.

Tenemos también la cuestión de las vacunas y toda la controversia alrededor de las mismas; pero que, por lo menos, es un elemento esperanzador dentro de un panorama más bien sombrío y de largo plazo. Ello desde luego, sin dejar de lado los intereses financieros de las trasnacionales farmacéuticas y las diferencias de recursos entre países ricos y pobres que permite que los primeros estén acaparando los medicamentos  preventivos.

vacunas covid19
Imagen: El Hospital.

En cuanto a la desilusión de nuestra civilización y aún más, el de que estamos ante una crisis civilizatoria, es una situación que habría que complejizar con mayores elementos de lo que yo pretendo aquí; pero, a propósito de ello sí me parece que estamos ante algo que necesitamos hacer quizá, como decía Walter Benjamin, un alto en el camino de la historia y re-pensar nuestro modelo de civilización y si hay posibilidades, después del gran fracaso de la Unión Soviética y los demás países que se llamaron socialistas, de vivir de otro modo. O si necesitamos, colectivamente,  que inventar nuevos sistemas de vida.

Pasando al segundo tema, nuestra actitud ante la muerte en una guerra. O en una pandemia, que para lo que quiero ejemplificar es lo mismo.

Freud decía en 1915 que la muerte, que siempre está en el horizonte de los seres humanos, en una guerra, de ser algo contingente y que ocurre algunas veces o de vez en cuando, se vuelve lo más cotidiano.

En este caso, el entorno se vuelve ominoso. Y desde luego, en mayor medida, para los que están en el frente de batalla, que ven caer en un día a varios o muchos de sus compañeros también soldados.

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Panteón Municiapl del Valle de Chalco, junio, 2020. (Foto: Mario Jasso / Cuartoscuro).

Cierto, el paradigma de las guerras actuales, en relación con las confrontaciones bélicas de principios del siglo XX ha cambiado; pero el efecto devastador que el desarrollo de la tecnología posibilitó para ese cambio, no.

Siguiendo con la analogía que estoy haciendo, en una pandemia, en la primera línea, está el personal de salud: médicos, enfermeras, camilleros, personal de intendencia, todos y todas las que trabajan en un hospital ya sea público o privado, enfrentándose todos los días a un panorama desolador. ¿Cuántos y cuántas de ellos han visto morir también a sus compañeros y compañeras en esta lucha? ¿Y cuántos hombres y mujeres han visto morir cada día, como pacientes,  en sus nosocomios?

Y, cómo decía el fundador del psicoanálisis en el artículo citado: ¿y qué pasa con los ciudadanos pacíficos?

¿Qué pasa con los que, sin estar en un hospital, siguiendo esta analogía con los textos freudianos, nos estamos enterando día a día de muertes en el mundo, en nuestro país, en nuestro estado, en nuestra ciudad, en nuestra colonia o nuestra cuadra?

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Cementerio en Manaos, Amazonas, Brasil). (Foto: EFE).

Freud decía que ante un panorama de tanta muerte y tanto dolor, los y las que estaban entonces en sus casas, sin ir al frente de batalla se entiende, se sentían con dificultades para crear, para producir, para vivir en una situación así.

Con el Covid-19 pasa algo semejante. ¿Cuántos niños y cuántos jóvenes y cuántos hombres y mujeres maduros o de la llamada tercera edad, podemos continuar una “vida normal” o iniciar, como en algún momento se dijo una “nueva normalidad”? ¿O vivir nuestras actividades virtualmente, sin que ello nos afecte en nuestra subjetividad encerrada en casa?

¿Cuántos de nosotros y nosotras hemos pasado de ver las muertes por la pandemia como una tragedia estadística al enorme dolor de perder a uno de nuestros seres queridos, y que entonces pase de ser una noticia al sufrimiento del duelo más cercano?

Freud no era optimista en 1915 y en el texto que cito, después de reflexionar sobre la muerte y la guerra y el fundamento pulsional para ello; la pulsión de muerte, sobre cuyos efectos en los seres vivos teorizaría 5 años después detalladamente en Más allá del principio de placer (1920). Era más bien realista y, desde esa perspectiva, se preguntaba: “Pero la guerra no puede eliminarse; mientras las condiciones de existencia de los pueblos sean tan diversas, y tan violentas las malquerencias entre ellos (…) ¿No hemos de ser nosotros los que cedamos y nos adecuemos a ella?”

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Metro de la CdMx, abril, 2020, mes en que se decretó el uso obligatorio de cubrebocas. (Foto: Cristopher Rogel Blanquet / Getty Images).

Algunos científicos y pensadores han expresado que la pandemia va para largo. Y que en el mejor de los escenarios, el de que se logre vacunar al 80 o 75% de la humanidad y conseguir la que los epidemiólogos llaman coloquialmente “inmunidad de rebaño”, esto va a durar unos 7 años más. (Tal es la predicción de la calculadora de Bloomberg, basada en las tasas de vacunación a los ritmos actuales, citada por La República, periódico colombiano. Puede consultarse en su página de Internet).

Personalmente, me pregunto, pensando con Freud, en los artículos mencionados. ¿Y no será que de seguir todo de la misma manera, tengamos que ser nosotros los seres humanos los que nos tengamos que acostumbrar a vivir con los virus, si es que vivimos  y quién sabe cuántas más calamidades antes de ser capaces de inventar otro modo de vida para todos y todas?

No sé si todavía estamos a tiempo de lograr una civilización distinta, en la que se valore, por sobre todos los demás bienes, el valor de la vida, la verdadera vida, como dice el filósofo francés contemporáneo Alain Badiou (siguiendo al poeta Rimbaud), ésa que no consiste ni en el dinero, ni en el poder, ni en la ganancia.

Guadalajara, Jal. Col. Morelos, 11 de febrero de 2021.


Imagen de portada: Universidad de los Andes Colombia.

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