¿Quién traicionó a Ana Frank?

                                                        No vayan a creer que la guerra,

ni siquiera la más necesaria,

ni siquiera la más justificada,

                                                   no es un crimen.

Pregúntenles a los soldados de infantería

y a los muertos.

                                                            Ernest Hemingway  

Pocos periodos de la historia de la humanidad, y tal vez el único de la época moderna, han sido tratado tantas veces, en diferentes campos, como la Segunda Guerra Mundial y su devastación, no sólo en términos de mortalidad humana, de por sí ya terrible, sino también en cuanto a la muerte de los símbolos. Al respecto, vale la pena citar la frase de uno de los personajes de Al límite del  atardecer: “la civilización occidental se fue por los hornos de Auschwitz”.

Y sí, algo irreparable, en términos civilizatorios, ocurrió después de la Segunda Guerra Mundial, esa hecatombe que nuestra cultura posterior no acaba de asimilar.

Y no sólo por los campos de concentración nazis y el holocausto; también por el comportamiento de los aliados que detonaron las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, cuando los japoneses ya estaban derrotados.

Por otra parte, un siglo marcado, asimismo, por la revolución bolchevique y su gran fracaso posterior al intentar transformar el mundo histórico-social en la utopía fallida de la Historia y su mutación en un estado burocrático, que también tuvo campos de concentración, durante el gobierno de Stalin.

Lo anterior sin dejar de reconocer al millón de soviéticos que murieron, para evitar la toma de Stalingrado por las tropas hitlerianas, definiendo así el inicio de la derrota alemana en esa gran guerra.

al límite del atardecer
Fotograma de: ‘The sunset limited‘ / HBO Films.

La Segunda Guerra Mundial ha sido llevada al cine, a la literatura, a ensayos históricos, filosóficos, sociales, etc. Prácticamente todos los campos de las ciencias sociales, en el intento de los seres humanos de elaborar, por medio del orden simbólico, el horror que en el campo de lo real fue esa conflagración.

Desde el psicoanálisis, tenemos también los dos artículos de Freud, De guerra y muerte y Porqué la guerra; este último, la respuesta a la carta de Einstein sobre cuáles eran los motivos de que la guerra estuviera siempre presente en la historia humana.

La respuesta de Freud, como sabemos, fue más bien de un orden realista, desde el que le contestó al gran físico de la teoría de la relatividad, que lo que él había descubierto sobre el alma humana, ese afán mortífero de destrucción de unos hombres y mujeres por otros, correspondía a lo que, desde su campo, él llamó la pulsión de muerte, algo inevitable en el campo libidinal y con lo cual más bien habría qué hacer algo del orden de la creación, para realizar la vuelta hacia la pulsión de vida, que es su otra faceta.

Un ejemplo muy bello en el cine donde se podemos ver cómo es vivir la pulsión de vida en un escenario dominado por la muerte, es el filme de Alain Resnais, Hiroshima, mi amor, que narra dos historias de amor por demás significativas en ese momento bélico. Una es la que ocurre entre una joven francesa y un también joven oficial alemán, en pleno periodo de la Segunda Guerra. La otra es la de esa misma mujer, ya en la madurez, en su visita a Hiroshima después de la guerra, durante su aventura amorosa con un hombre japonés.

hiroshima mi amor
Fotograma de: ‘Hiroshima, mon amour’ / Cocinor.

La historia que ahora me ocupa en este espacio está relacionada con la literatura y con el libro más famoso y conmovedor de ese periodo, El Diario de Ana Frank, el que, junto con La noche, de Eli Wiesel y Si esto es un hombre, de Primo Levi, son los tres testimonios más importantes de ese tiempo. El de Ana Frank es el más conocido de los tres.

Quizá lo más conmovedor es la edad de su autora, una adolescente judía de 13 años, quien estuvo refugiada, junto con su familia y otras cuatro personas, durante dos años durante la ocupación alemana en Holanda, en el anexo del negocio de su padre, Otto Frank, en Ámsterdam, antes de ser detenida por las SS y enviada a los campos de concentración, donde falleció en el guetto de Bergen-Belsen, en 1944, de desnutrición y tifus.

El libro del que lleva el título esta reseña, publicado este año, es una meticulosa investigación, de un rigor excepcional, realizada por un equipo compuesto por documentalistas, historiadoras, expertos forenses, fotógrafos y expertos y expertas en trabajo de archivo, dirigidos por Vince Vankoke, un agente jubilado del FBI, quienes conformaron un grupo de trabajo, investigando sobre un caso cerrado, ocurrido hace 75 años, y se dedicaron a la búsqueda de las pistas que dieran con el o la delatora de los Frank y el motivo que tuvo para ello. Esta labor duró cinco años, para poder llegar a su objetivo.

Además de todo el trabajo de archivo, realizaron entrevistas con testigos sobrevivientes del holocausto, con policías de aquella época y con los familiares que quedaban de los involucrados en la protección y el refugio de Ana Frank.

libro de investigación sobre niña judía ana frank
Portada de ‘¿Quién traicionó a Ana Frank?’ / Harper Collins.

El resultado fue una espléndida investigación que logró encontrar, entre todas las pistas y rastros seguidos, la respuesta sobre quién y porqué delató a los Frank, a la otra familia judía y al dentista que con ellos se encontraban.

La narración, que nos lleva por todos los caminos seguidos, concluye en una excelente crónica, para cuya elaboración fue seleccionada, por el editor del libro, la escritora estadounidense Rosemary Sullivan, quien nos conduce en la lectura a una especie de novela negra, que nos mantiene en suspenso y tiene giros inesperados en todo el recorrido.

Recomiendo la lectura del texto a todos quienes estén interesados e interesadas en abordar uno de los capítulos más tristes, pero a la vez más ilustrativos de nuestro tiempo y de la erotización del odio que lo caracteriza, que también nos conducirá al final, a una muestra de humanidad increíble que nos permitirá, si no reconfortarnos, lo cual es imposible en este contexto, sí a sentir en el espíritu algo del orden de la vida, y la confianza de que la bondad en algunos sujetos, quizá más de los que pensamos, impera.

Eunice Michel

Guadalajara, Jalisco a 23 de junio de 2022.


Referencias:

Sullivan Rosemary: ¿Quién traicionó a Ana Frank? Harper Collins México. México, 2022.

Freud, Sigmund: De guerra y muerte. Buenos Aires, 1990. Vol. 14. Obras completas.  Amorrortu editores. Buenos Aires, 1990.

——————-: ¿Porqué la guerra?  Edición citada. Vol. 22.

Frank, Ana: Diario de Ana Frank. Plaza y Janés. Barcelona, 1993.

Levi, Primo: Si esto es un hombre. El Aleph editores. Italia, 2003.

Wiesel, Eli: La noche. Austral. 2013.

The sunset limited (Al límite del atardecer) Tommy Lee Jones. HBO Films. EU. 2011.

Hiroshima mon amour. Alain Resnais. Argos Films/Como Films/Daiei Studios/Pathé Entertaiment. Francia/Japón. 1959.

Imagen de portada: Ana Frank.

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