¿Pero qué clase de pájaras son ustedes?”.

En El invencible verano de Liliana, Cristina Rivera Garza, hermana de Liliana, intenta —¡y vaya que lo logra!— reproducir la vida y el espíritu rebelde y libertario de Liliana Rivera Garza; tempranamente truncados por la violencia machista y patriarcal.

Ganadora del Premio Pulitzer, es la primera escritora mexicana en lograr este prestigiado y reconocido premio, El invencible verano de Liliana es, según mi lectura, el más vivo ejemplo de lo que puede lograrse con la literatura documental y testimonial.

Cristina es capaz de alcanzar el más detallado contexto nacional del homicidio de su hermana, de facto feminicidio, aunque en su momento todavía no se usaba el concepto; al tiempo que nos narra sobre la vida —arrebatada por la violencia— de su hermana.

Es todo un canto, literario, a la vida de Liliana en particular; pero también a la vida en general.

Con elementos escriturales de la propia hermana, pero también con testimonios de las amigas y los amigos de Liliana, Cristina nos narra toda la mecánica social que posibilitó, en el sentido objetivo (social y político) y también subjetivo (existencial y psicológicamente), el lamentable asesinato de Liliana, por parte de su exnovio.

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Primero paralizada por el duelo, por mucho tiempo, junto con toda su familia, logra, después de una muy importante decisión —la de abrir una caja con los objetos personales de Liliana—, rescatar una serie de notas y escritos que le posibilitarán, junto con su acuciosa investigación —que implicó el rescate del archivo judicial de caso—, recrear, literariamente, la vida violentada de una estudiante de arquitectura de 20 años; al tiempo que nos ofrece una fotografía compleja y completa del México de los años 90 del siglo XX.

Y también logra un retrato fiel del México actual, con todas sus vicisitudes, en el que han pasado tantas cosas; incluyendo que, hoy, una mujer ocupe el mayor cargo político del país: la presidencia de la República.

¿Qué tanto ha cambiado México desde 1990?

 Indudablemente mucho, para bien y para mal.

Las dos cosas, aunque nos duela reconocerlo.

Así de complejos son los fenómenos sociales, no menos que los psicológicos y existenciales.

fotos de archivo marcha de mujeres

Algo de lo que solamente la literatura o el cine pueden dar cuenta; más allá de otros discursos. El sociológico o filosófico, inclusive.

En la parte positiva, por ejemplo, nos hemos sacudido el predominio y la hegemonía del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y también del Partido de Acción Nacional (PAN).

Conocidos popular y despectivamente como PRIAN.

¿Acaso fueron distintos?

Esto es algo que todavía está esperando un buen análisis y estudio. O por lo menos una buena novela o película.

¡Cuánto nos deben los teóricos y los artistas!

Y es que, apenas en 2018, se da el cambio, con la llegada a la presidencia de México de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), después de su tercer intento; pues en los dos anteriores le hicieron fraude; en distintas dimensiones.

Esta historia es muy larga y compleja y no cabe, por el momento, detenerse en ella. Es la historia, fracasada, hasta cierto punto, de la democracia en México.

Recordemos que el lema maderista —a Madero lo asesinaron— es algo que tenemos que guardar en nuestra memoria histórica: “Sufragio efectivo, no reelección”. 

El asunto es que ahora tenemos una presidenta que hereda, de alguna manera, la irrupción electoral andresina y amloviana —por adjetivarla de algún modo—, al poder político del país.

Estamos, de alguna forma, todavía insertos en esta lógica de cambios estructurales; limitados, sí, pero cambios al fin.

Y no todos necesariamente positivos.

Andrés Manuel López Obrador llegó al poder, inesperadamente, con más de 30 millones de votos y Claudia Sheinbaum, contra lo esperado por muchos, accedió a la silla presidencial, inopinadamente también, con más de 36 millones de votos.

En esto, ahora se dice fácil, consistió la rebelión electoral que apostó por un cambio de régimen pacífico de manera electoral; en primer plano, sobre todo.

En este punto es donde el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), con todo lo importante que fue su lucha, empezó a perder seguidores y, hasta cierto punto, legitimidad.

Más allá y más acá de su persistencia, que no es sin sentido, por cierto. Su último comunicado sobre las y los desaparecidos es, esencialmente, más que atinado.   

Hacen falta, también, los análisis necesarios de este fenómeno tan peculiar, con el que se cierra el siglo XX mexicano

Pero esta es la parte positiva; de algún modo, con todo y sus contradicciones sociales y políticas.

Que las estamos viviendo, en la más estricta denotación y connotación del concepto.

En cuanto a lo negativo, que no es poco, quizás la mayor deuda que legó AMLO y el morenismo en el poder tiene que ver con la justicia; sobre todo en lo que respecta al crimen organizado, los feminicidios y las desapariciones forzadas de miles y miles de mujeres y hombres.

De mexicanos pues.

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Una historia que viene de lejos, pero que no ha dejado de acentuarse —lamentablemente— con MORENA en el poder.

Esto sigue siendo una herida abierta; cosa que nos duele a todas y todos.

Ver al respecto el artículo de Immanol Ordorika en La Jornada del 9 de abril de 2026, intitulado, precisamente, La herida abierta; del que, por su profundidad e importancia, cito el siguiente párrafo:

“Así, entre la depuración de cifras y la disputa de diagnósticos, persiste lo esencial: la desaparición de decenas de miles de personas como una herida abierta en la vida nacional”.

Es este México criminal y feminicida —que viene de una historia muy añeja y enredada— el que está muy bien reflejado, en una especie de radiografía viva, en la narrativa testimonial de Cristina Rivera Garza y que reproduce, insisto, la vida de Liliana.

Y que tiene como centro el asesinato de su hermana, pero sobre todo de su vida.

Esto nos tiene que quedar muy claro.

Vayamos, pues, con esta conciencia, al texto que nos sirve de base para este Curso/Seminario.

El libro empieza, precisamente, con una reproducción del laberinto judicial que enfrentó Cristina Rivera Garza para rescatar el archivo policial del asesinato de su hermana, ejecutada el 16 de julio de 1990, en la demarcación de Azcapotzalco (norte de la Ciudad de México).

Alcaldía en la que se encuentra la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Azcapotzalco; en la que Liliana estudiaba arquitectura.

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Bien, en el texto podemos leer:

“Hay una remota posibilidad de recuperar el expediente, le aclaro a Sorais, después de tantos años. Veintinueve, añado, veintinueve y tres meses y dos días. Guardo silencio otra vez. Las cosas son tan difíciles a veces. Pero quedaron de tenerme una respuesta hoy” (p. 14).

Cristina era/es la hermana mayor; Liliana era/es la hermana menor.

Tenía 20 años cuando la mataron

Estudiaba, como ya se dijo, arquitectura y tenía una manera muy peculiar de pensar y ver la vida; lo iremos viendo poco a poco, conforme vayamos desgranando —no importa que en términos muy generales— el ejemplar.

De hecho, la propia Cristina va destilando, lentamente, letra por letra, la propia escritura de Liliana, con la que alimenta su genial libro.

Al final de su texto, Cristina escribe, respecto al archivo de Liliana, lo siguiente:

“Mi hermana, Lilian Rivera Garza, construyó un archivo meticuloso de sí misma a lo largo de su vida. Este libro se basa en los cuadernos, notas, apuntes, recortes, planos, cartas, casettes y agendas que se encontraron entre sus pertenencias, que nadie había tocado en treinta años” (p. 301).

¡“Treinta años”!

En esas mismas “Notas finales”, la autora enlista a las y los amigos de Liliana, así como extiende un reconocimiento a las personas, particularmente a Raúl Espino Madrigal, quien diseñó la singular tipografía parecida a la letra de Liliana; además de otras personas que coadyuvaron en la investigación del homicidio.

Hasta hoy impune, todavía.

Triste y lamentablemente.

Por comodidad expositiva, seguiré, no al pie de la letra, la narrativa de Cristina Rivera Garza, para a partir de ella, ir elaborando mi propia postura, tanto sobre el feminicidio de Liliana, así como sobre el México de entonces y, también, sobre el México de ahora.

El México en el que hoy vivimos y que está siendo acechado por el poder imperial de EUA, bajo la presidencia —en su segundo periodo— de Donald Trump; un narcisista desquiciado por el poder y el dinero.

¡Cuánto ha pasado, negativamente, en el mundo entero y en México, bajo los auspicios de un presidente que actúa, siempre, rompiendo la legalidad internacional y la de su propio país!

Hecho que las y los comentaristas resaltan cada vez con más insistencia, en la medida en que su pulsión guerrera, alimentada por Israel y Netanyahu en particular, se ha ido imponiendo en la lógica del mundo.

La propia Cristina hace muy bien todo esto en su magnífico libro.

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El texto, para ya comenzar nuestro análisis, está dividido en 11 apartados, que cito textualmente:

“I. Azcapotzalco

II. Este cielo enojosamente azul

III. Andamos perras, andamos diablas

IV. Invierno

V. Allá va una mujer libre

VI. Fantasmas terribles de un lugar extraño

VII. ¿Y no es acaso esto la felicidad?

VIII. Qué ganas de dejar de ser hadas en una tierra de hielo

IX. Oscuro crimen

X. Nuestra hija; y

XI. Cloro

Iré entreverando, para lograr una mayor claridad en la exposición, textos de un apartado y de otro, con el fin de resaltar el prodigio de escritura lograda por Cristina Rivera Garza, cuyo único objetivo es retratar, de cuerpo entero, como si estuviera viva, a su hermana Liliana.

Y lo está de alguna manera.

La pretensión es también lograr que se haga justicia en lo que respecta al feminicidio del que fue víctima Liliana.

Pero también que se haga justicia con respecto a los miles y miles de feminicidios que ocurren en el país, trágicamente.

Y que quedan impunes en un 95 %, según nos lo dice Cristina en un artículo reciente del periódico La Jornada.

En la conferencia dada el 13 de abril en la Cátedra Nelson Mandela, de la UNAM, dio la cifra de 99 %.

El libro es, en este sentido, un íntimo y sentido homenaje vibrante de vida.

No es un texto necrófilo, valga la expresión, es un documento biófilo, en el que la vida de Liliana Rivera Garza es exaltada en cada una de sus páginas.

Es a través de este peculiar volumen que se pide justicia no solamente por Liliana sino también por las miles y miles de mujeres asesinadas por cuestiones de género.

Y en el que se pretende que la ignominia cubra el lado de los victimarios y deje de verse del lado de las víctimas.

Vuelvo al texto, intentando, en mi reflexión, abarcar las múltiples capas —diversas y complejas por demás— de las que está compuesta esta espléndida obra literaria, que he elegido para contestar a la pregunta de qué es un sujeto; en este caso una mujer muy singular con un nombre propio: Liliana Rivera Garza.

¿Quién fue?

El testimonio literario de Cristina Rivera Garza nos hace ver, de manera por demás clara, quién fue Liliana Rivera Garza: una mujer libre.

Esta es una de las virtudes del texto literario de Cristina, entre otras, que también señalaré aquí.   

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Terrestre es un libro publicado después de El invencible verano de Liliana, que la propia Cristina Rivera Garza lo considera “el lado B” de El invencible verano

¿Por qué?

Es la pregunta que nos asalta.

¿Qué tiene que ver este texto, de “crónicas especulativas”, con Liliana?

¿Qué tiene que ver con el libro en el que se nos narra, de forma testimonial, no sin dolor, el feminicidio de Liliana?

¿Cómo situar estas siete historias de mujeres y de viajes en el pasado/futuro o en el futuro/pasado?

¿Cómo vincularlas con Liliana, como persona y con Liliana como víctima de un terrible feminicidio por parte de su (ex)novio?

Si El invencible verano de Liliana es el lado oscuro del patriarcado, Terrestre es el lado claro, aunque situado, siempre, en una especie de interregno, entre el pasado y el futuro o entre el futuro y el pasado.

Sí, Terrestre es la dimensión esperanzadora de que es posible un mundo otro, en el que las mujeres puedan viajar sin estar en riesgo, y en el que el único peligro sea el del deseo.

¡Ay, el deseo!

De ahí que, en uno de sus textos, Pajarracas, por demás excelso, se cite otra “especulación”, que a la letra dice:

“No te digo que hagas un mundo mejor. Te digo que vivas en él. No que lo aguantes, no que lo sufras, no que lo atravieses, sino que vivas en él. Que lo veas. Que tomes tus riesgos” (p. 125).

No cabe duda la posibilidad de leer a Liliana, la de El invencible verano… como parte de esta “crónica especulativa” llamada Pajarracas.

Y menos dudas tengo de que Liliana tomó sus riesgos y “vivió” en ese “mundo mejor”; la cuestión y desgracia de Liliana es que, a diferencia de las mujeres de Pajarracas, se topó con un feminicida que le impidió seguir “viviendo” en ese “mejor mundo” que ella intentaba construir y hacerse para sí y también para las otras y los otros.

¿Se entiende, ahora, por qué es la propia Cristina Rivera Garza la que sostiene que Terrestre es el lado B de El verano invencible de Liliana?

Si El invencible verano de Liliana fue todo un homenaje a la vida de Liliana, Terrestre es un homenaje a la vida misma de las mujeres que protagonizan esas singulares historias como tales.

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Portada de ‘Terrestre’ / Penguin Random House.

A la libertad, al deseo y también a la añoranza, como muy bien lo sostiene Liliana Colanzi (cuarta de forros de Terrestre).

Sí, Terrestre es una escritura que apuesta por los viajes, por la vida como un viaje, como una forma de habitar el cuerpo y la tierra misma como cuerpo… celeste.

De este modo, los vínculos entre los dos textos quedan esclarecidos: en los dos se trata de una apuesta por la vida, contra las tendencias destructivas, la feminicida, particularmente, en tanto la forma predominante del patriarcado neoliberal capitalista.

Por lo menos en México.

Pero ¿solamente en México?

Esto es algo en lo que Cristina Rivera Garza insiste y persiste en sus presentaciones.

Terrestre, pues, es la presentación más que viva, a través de varias “crónicas especulativas”, de Liliana; esto a través de diversos personajes, todos mujeres deseantes y arriesgadas, como lo fue la misma Liliana.

De este modo es que Terrestre es “el lado B” de El invencible verano de Liliana.

El martes 7 de abril en su columna Timbres, Cristina Rivera Garza escribió sobre la miniserie documental La fiscal, dirigida por Paula Mónaco y Miguel Tovar, en la que una mujer muy particular, Sayuri Herrera Román, titular de la Fiscalía de Investigación del Delito de Feminicidio de la Ciudad de México, hasta el 2025 y después directora general de Atención y Acceso a la Justicia de la Secretaría de las Mujeres de México, logra esclarecer, con su equipo, algunos feminicidios tanto mediáticos como terribles.

Actualmente ocupa el cargo de Fiscal Especial para la Investigación de Delitos Relativos a Hechos de Violencia contra las Mujeres de la Fiscalía General de la República.

La serie documental me va a permitir hacer una especie de bisagra entre lo ocurrido con su hermana y lo narrado en El invencible verano… y la “crónica especulativa” de Terrestre.

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Fotograma de ‘La fiscal’ / Netflix.

¿Qué une y qué separa a los dos textos escritos por Cristina Rivera Garza?

Terrestre escrito después de El invencible verano de Liliana.

Voy a dejar que Cristina hable, tal y como lo escribió en su reflexión de su columna Timbres, a la que tituló Luminiscencia, para referirse al luminol, sustancia química por medio de la cual aparecen los rastros de sangre invisibles para el ojo humano:

 “La serie no es naive [ingenua, JIM] ni miope respecto a la impunidad estructural que deja en la oscuridad tantos feminicidios en México. Pero también sugiere que, cuando hay voluntad, especialmente desde arriba, y compromiso inquebrantable en las labores cotidianas, es del todo posible esclarecer crímenes y lograr sentencias condenatorias contra los perpetradores. Más que lo existente, la serie se empeña en alumbrar, y hacer aparecer, lo posible. Cuando Sayuri Herrera abraza a la niña que ha decidido adoptar, recordé las palabras que pronunció en la primera presentación pública de El invencible verano de Liliana en una sala atiborrada de jóvenes: justicia es que esto no ocurra más”.

De ahí el cierre de dicho artículo, que nos permite marcar lo que une, pero también separa, los dos libros de Cristina, pues apunta a la posibilidad de otro tipo de sociedad y mundo; por eso escribe:

“Justicia es la no repetición. Es cierto que nos hace falta mucho trabajo tanto institucional como comunitario para llegar ahí, pero, por una tarde al menos, mientras divisaba la lista de los créditos finales, quise imaginar que muchos más quieren lo que ya queremos tantos deudos: un mundo sin violencia feminicida. Un mundo con ellas”.

Esto es algo que posibilitó Sayuri Herrera Román y su equipo, de ahí el dolor que manifiestan las mujeres cuando ella deja la Fiscalía.

¿Por qué lo que hizo esta funcionaria hizo excepción en la lógica de un Estado burocrático que ha sido incapaz de responder, adecuadamente, al drama de los feminicidios?

Es que, jugando con el dicho popular de “una golondrina no hace verano”, podemos decir que una funcionaria no hace “Estado de justicia y ley y de bienestar”.

¿Por qué tanta indolencia en los tres niveles de gobierno —municipal, estatal y nacional— en lo tocante a los feminicidios y las desapariciones forzadas?

Indolencia que nos lleva, necesariamente, a que, a 36 años del feminicidio de Liliana Rivera Garza, su asesinato siga impune.

Como el de muchas otras en el país entero.

Al igual que sigue imperando la impunidad en los más de ciento cuarenta mil desparecidas y desaparecidos.

De ahí que continuemos hablando, siguiendo a Immanol Ordorika (La Jornada 9 de abril de 2026), de La herida abierta

Y de ahí, también, que la propia Cristina Rivera Garza haya puesto en el centro de su reflexión en la Cátedra Nelson Mandela la cuestión de la impunidad.

El título de su disertación lo dice todo: Cuando la mano feroz de la impunidad te roza la piel.

Remito, por la imposibilidad de resumir aquí dicha conferencia, a que la vean y sientan en carne propia la crítica tan fina y radical, a la vez, al Estado y también a la indolencia de la sociedad civil en lo que respecta a los feminicidios y, agrega un servidor, las desapariciones forzadas.

Fue, realmente, toda una cátedra.

En el sentido menos académico, aunque se dio dentro del espacio universitario.

Fue todo un paradigma de exposición y crítica al Estado.

El pasado 21 de abril la antropóloga argentina Rita Segato estuvo en Guadalajara, específicamente en el Paraninfo de la Universidad de Guadalajara.

Con motivo de la inauguración de la cátedra Rita Segato.

¡Y qué cátedra hizo!

rita segato cátedra udeg

Dijo, ahí, muchas cosas, pero fundamentalmente nos habló de la lógica de fratria de las corporaciones masculinas y del Estado.

Lógica que impele, compulsivamente, sostuvo, a la violencia hacia las mujeres y hacia los hombres también.

Por paradójico que nos parezca.

¿Podrá existir una sociedad otra?

¿En la que no predomine la lógica de las corporaciones masculinas?; es decir, la lógica de la fratria.

Me gustaría dedicar la última parte de este seminario a dicha cuestión, que me parece es de suma importancia.

Y me encantaría que en este punto sean sobre todo ustedes quienes tengan la palabra.

Que hagamos de esta temática una reflexión colectiva.

Pero quiero abrir esta reflexión con las palabras de Manon García, en su libro sobre la infamia sobre Gisèle Pelicot, perpetrada por su marido y muchos hombres más.

Es una interrogante que va directamente al corazón de nosotros los hombres y que nos convoca, de la manera más suave y fuerte, mediante esa su interrogación, a deconstruir nuestra vieja masculinidad, porque, se pregunta Manon García:

“¿cómo se puede construir sobre este campo de ruinas que es la sexualidad masculina?”

¡Ay, qué pregunta!

¿Acaso podemos los hombres permanecer indolentes ante dicho cuestionamiento que va a la raíz de nuestro ser de hombres?

Les dejo la palabra para que iniciemos nuestro diálogo.

Con esta apretada síntesis de lo dicho por Rita Segato, quiero cerrar este seminario, a la vez que les reitero las palabras de Manon García, sobre la sexualidad masculina, que podrían parecernos un tanto exageradas, pero que si miramos hacia la infamia cometida contra Gisèle Pelicot, por parte de su marido y por parte de medio centenar de hombres, lejos de exageradas, son un diagnóstico certero sobre el ruinoso estatus de la sexualidad masculina; tan necesaria de deconstruirse y modelarse con otros criterios, más humanos y llevaderos para con la convivencia con las mujeres.

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¿Seremos capaces de hacerlo? 

Creo que los hombres asistentes a este seminario, bien podemos llevarnos esto de tarea.      

En nuestro ser nos va nuestro ser, para decirlo con Martin Heidegger (1889-1976).

Pero ¿y nuestros cuerpos?


Rivera Garza, Cristina, El invencible verano de Liliana, Penguin Random House Grupo Editorial, México, 2024, 303 pp.

—————————, Terrestre, Penguin Random House Grupo Editorial, México, 2025, 175 pp.

Darian, Caroline, Y dejé de llamarte papá, Editorial Planeta, Barcelona, 2025, 204 pp.

García, Manon, Vivir con los hombres. Reflexiones sobre el juicio Pelicot, Ediciones Akal, Madrid, 2025, 174 pp.

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