Nota: El siguiente texto es una transcripción de la intervención realizada el pasado domingo 30 de agosto en la Glorieta de lxs desaparecidxs, como parte del conversatorio La disputa por la memoria con el Estado, en el que fue invitado el colectivo 5 de junio memoria para hablar del antimonumento 5J, pieza que sigue en juicio para su reinstalación en Guadalajara, Jalisco.
¿Qué recordamos y qué olvidamos? Esta pregunta resuena de forma particular en un territorio que se niega a olvidar a sus desaparecidos y desaparecidas. Hoy, en el marco del Día Internacional contra la Desaparición Forzada, es pertinente recordar por qué empezamos a colocar antimonumentos, piezas escultóricas que irrumpieron en el paisaje urbano en 2015, con la instalación del antimonumento +43, que denuncia la desaparición de los 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, de quienes hasta la fecha se desconoce su paradero, sumando ya más de una década de los sucesos ocurridos en Iguala, Guerrero, el 26 de septiembre de 2014.

La pieza fue colocada el 26 de abril de 2015 en la avenida Paseo de la Reforma y se encuentra todavía instalada en uno de los puntos más emblemáticos de la Ciudad de México, transitado a diario por miles de personas, por lo que la visibilidad lograda para esta intervención fue de gran alcance. Desde ese momento, se han colocado por lo menos 17 piezas similares en distintos puntos de la República Mexicana.
A esta lista pertenece el antimonumento del que hoy quiero hablarles, el 5J, colocado durante la conmemoración del tercer aniversario de los hechos conocidos como Halconazo tapatío, en Guadalajara, Jalisco. La pieza fue retirada por órdenes del entonces gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro Ramírez, quien dejó el cargo en el año 2024, en medio de una fuerte crisis de desapariciones en el estado que mantiene a la entidad como número uno del país en cuanto a cantidad de personas desaparecidas y no localizadas, según cifras oficiales.
¿Por qué resulta tan importante hablar del 5J? ¿Qué implica la instalación de los antimonumentos en el espacio público? Nos ha ido quedando claro que los antimonumentos son manifestaciones que, además de resultar disruptivas, colocan en la conversación temas incómodos para los gobiernos y para las estructuras del Estado. Estamos entonces ante un arte político que confronta los discursos oficiales y con ello se erige como un potente discurso a favor de la memoria, pero no la memoria de los gobernantes, sino la nuestra, de quienes habitamos estas ciudades que han sido marcadas profundamente por las huellas de la violencia que desde hace décadas no ha hecho más que aumentar a pesar de las promesas y los cambios de gobierno.

En Jalisco, como en todo México, hablar de desaparecidos es nombrar a miles de mujeres, hombres, jóvenes y niños que nos hacen falta. Cuando colocamos el 5J lo hicimos acompañadas de familias que siguen buscando sin descanso y nombramos como responsables de lo ocurrido el 5 de junio de 2020 a la Fiscalía del Estado de Jalisco, que operó esa tarde como una red criminal, levantando y desapareciendo durante horas a más de un centenar de personas que intentábamos protestar por la ejecución extrajudicial de Giovanni López.
En su momento, durante la instalación, nombramos a Giovanni y también exigimos que se investigara a la Fiscalía por ser parte de la maquinaria que desaparece personas. ¿Y cuál fue la respuesta del Estado?
A eso de las 11:40 p. m., apenas unas horas después de la colocación, las luces de la plaza fueron apagadas y un grupo de sujetos vestidos de negro retiró la pieza con ayuda de mazos y otras herramientas. La explicación oficial sobre lo sucedido fue otorgada por el propio gobernador Enrique Alfaro Ramírez en la mañana del 6 de junio durante una conferencia de prensa: “Yo hablé en la mañana con el presidente Lemus [actual gobernador de Jalisco], con toda claridad es una decisión de los dos y es una decisión que sostenemos y que vamos a mantener en todo caso. Imagínense ahora ustedes que cualquier persona llega y pone un monumento en el centro, qué absurdo es ese, eso no funciona así, no va a funcionar así, no pasa nada”.
Llama la atención la rápida respuesta para retirar una pieza bajo el argumento de que inflingía reglamentos municipales, mientras que la búsqueda urgente de personas desaparecidas se empantana en una torre de carpetas bajo la indolencia de las autoridades.
Retomando el término usado por la doctora en Historia, Elisa Cárdenas Ayala, en el libro Guadalajara rebelde: pasado y presente, hoy quisiera proponer que el antimonumento 5J es un ejercicio de memoria enmarcado en la «historia urgente» del México contemporáneo.

Quienes hemos sufrido los agravios del Estado mexicano estamos ante la necesidad de narrar y explicar(nos) lo que pasa en las coordenadas geográficas que habitamos y que conocemos tan bien. Porque la historia también nos habla del presente; de un aquí y ahora en el que viven las personas que componen y construyen con sus acciones y decisiones lo que será el futuro. Esa historia se está construyendo con los cuerpos, las palabras y las ideas de quienes viven en el hoy mexicano, uno que nos cuesta trabajo a veces comprender, no solo por su inmediatez sino por su liquidez.
Desde el colectivo #5deJunioMemoria, denunciamos el retiro del anti enunciando cómo el Gobierno de Jalisco trabajó en solitario y de noche para desinstalar, mientras que nosotras resistimos a plena luz del día y acompañadas.
A partir de ese momento, la pieza escultórica adquirió otro significado, uno construido a partir de su ausencia. No estaba más en la Plaza Imelda Virgen, lugar elegido por los colectivos que impulsaron su colocación, pero estaba; en la memoria de quienes decidieron hacer este ejercicio y reivindicar una pieza artística y política, una pieza de denuncia. La historia urgente narrada en tiempo presente recopiló su colocación, su color, dimensiones, relato y significado. En las páginas que hemos consultado continúa vivo y se puede ubicar en coordenadas concretas (20°40′34″N 103°20′50″O) que aparecen en la página de Wikipedia dedicada a enlistar los antimonumentos.
Estamos frente a un hecho muy llamativo: los antimonumentos se convirtieron en piezas de una gran fuerza discursiva, política y enunciativa, que resisten ante las “verdades históricas” construidas a modo por el gobierno; y que se alzan con dignidad en un territorio de fosas clandestinas y cientos de miles de desaparecidos. Son, por supuesto, piezas incómodas para el poder y por ello merecen un espacio en nuestra historia narrada desde el presente para el futuro, una historia que explica el sufrimiento de un pueblo, pero también que evidencia su lucha, su valentía y su perseverancia.
A pesar del retiro del 5J por parte de las autoridades, la calle sigue hablando, gracias a la intervención del espacio público generado por la resistencia y la rebeldía. Los gobernantes han intentado de distintas maneras imponer el silencio, utilizando todo tipo de estrategias (como el retiro de antimonumentos); sin embargo, recordando al detective Mulder de The X-Files, “ningún gobierno tiene jurisdicción sobre la verdad”, tampoco sobre nuestra memoria, que resiste frente a la grandilocuencia con que el poder se observa y se recuerda a sí mismo.
¿Qué recordamos nosotras hoy en el Día Internacional contra la Desaparición Forzada? Que nos faltan miles y que nunca dejaremos de nombrarle. ¡Hasta encontrarles!
Inés M. Michel
Ciudad de México, a 30 de agosto de 2026.
Imagen de portada: Mario Marlo / Somos el medio.




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