Capítulo 2 (de una saga aún sin título): Irse o quedarse




Para mi mamá, Eunice Michel. De quien tomo prestados apellido y fortaleza. 


Siguiendo una conversación que tengo conmigo misma, les dejo una de mis razones para sugerir, a quien le interese mi opinión, que lo mejor es huir de Guadalajara. Me refiero a largarse tan pronto como sea posible y antes de que sea demasiado tarde. (Volver viene después y no siempre). 
La perla tapatía y su doble moral

Esa tiene que ser la razón número 1. Lo es para mí en este episodio que se titula Inés intentando escapar: Irse o quedarse. Así que reformulo:
Razón # 1 – La perla tapatía y su (odiosa) doble moral

Sus ciudadanos (good evening fellas!) son dignos de análisis profundo. Dicen que si un negocio tiene éxito aquí lo tendrá en cualquier parte. Pero hoy no me ocuparé de mercadotecnia sino de esa necesidad de sentirse superiores, me corrijo: moralmente superiores. Ya abordé el tema en mi última entrada: Bach o Banda El Recodo. La idea es que en Guadalajara, como también sucede en otras partes lo sé, pero ahora me ocupo de esta, muchos viven considerándose mejores que sus vecinos, sus colegas, y que toda aquella persona que viva sin prestar atención a los preceptos que ellos siguen, religiosos o no, eso sin dejar de agregar que la religión lo imbuye todo, también a los que no somos religiosos. 

En este momento me siento particularmente sensible a esas conciencias que están hirviendo, la olla es la ciudad donde está bien tener dos o tres amantes, pero que nadie se entere, aunque sea un secreto a voces. Que las apariencias imperen. Anunciar que se ama es problemático cuando hay etiquetas listas para clasificar al amor. «Tiene que ser así». Si no se sujeta a la norma es condenable. Se condena a la mujer que ama a otra mujer, al hombre que ama a otro hombre. Al hombre que ama «como mujer», a la mujer que ama «como hombre». Y a cualquiera que declare inoportunamente que ama a la persona incorrecta o que dejó de amar a quién le debe todo, que ama a quien no le corresponde, o a quien solo busca un amante que se retire antes que amanezca. Dios no quiera que el público se entere, ese que tan pronto aplaude como avienta tomates, que hoy alaba y mañana acusa. Una muchedumbre de rostros anónimos, siluetas grises, figuras perversas que esconden secretos incompartibles. Imaginan ser libres y gozar a plena luz del día, imaginan amar sin compromisos sosos. Solo imaginan, nunca han podido. Por eso condenan a los que sí. Por eso las miradas que fulminan cuando alguien distinto avanza por la calle «como si no tuviera nada de que avergonzarse». 

Con todo esto no me refiero ni por asomo a que hay que renunciar a lo que nos nace de las entrañas, claro que no. No importa lo alto que sea el precio, porque les aseguro que siempre lo es. Es alto si renuncias al deseo. También si no. Wilde lo sabía, quién sino él, un escritor que vivió en el siglo XIX y en ese periodo victoriano que no lo absolvió de ninguna culpa. «En este mundo solo hay dos tragedias, una es no obtener lo que uno quiere, la otra es obtenerlo». (Mr. Dumby, Acto III – Lady Windermere’s Fan, A Play About a Good Woman, O. Wilde, 1822). Así que éxito con su elección de tragedia.


Oscar Wilde (Dublín, 1854 – París, 1900).
Tomada de: wikiquote.org

Y porque «lo personal es político» también, a manera aclaratoria comento que ni esta ni mi entrada anterior componen una crónica, tampoco una declaración personal, son sobre todo, una afirmación política, una ideología hecha texto (al que le seguirán otros), una idea que pretende trascender un cuerpo y volverse Nombre. Y así permanecer en ese nombre aunque la historia se acabe o los años expiren. Otras historias seguirán. Y aunque la historia no se repita nunca, sí rima. Qué sublime es esa rima… 


 «Here we are, the two of us. And it ends the same. History doesn’t repeat itself. It rhymes.» (Aquí estamos, nosotros dos. Y acaba igual. La Historia no se repite. Rima. Haunter).
Abigail Breslin en Haunter (Vincenzo Natali, G: Bryan King, Canadá, 2013).
Tomada de 
bolsamania.com

El punto era huir. Sigo recomendando que lo hagan. Muchas veces para poder quedarse a vivir en un lugar y entenderlo mejor es primordial irse. Ya volveremos, ya volveré…

Posdatas

Unas posdatas son indispensables para terminar de manera coherente este texto, la primera: un agradecimiento a Xavier Hernández, lector de este blog, quien después de la publicación de Bach o Banda El Recodo, me compartió un ensayo suyo titulado “Güero, quesero, ranchero, fascista y culero” Interpretaciones interculturales teórico-subjetivas de un lego-antropólogo provinciano alteño. Considero que escribir es siempre un diálogo, primero con uno mismo, una misma. Luego con quién nos lee, incluso aunque nos lea en otro tiempo al nuestro. Me considero afortunada por participar de ese diálogo con Xavier y por ello cito aquí una parte del mencionado texto:


«(…) mi justificación al escribir este texto radica en la sugerencia que explicita Jacques Derrida respecto a la deconstrucción de los sujetos, incluyendo a uno mismo como investigador y cientista social, contextualizándose como sujeto cognoscente producto de distintos procesos de socialización al igual que el resto de los sujetos que habitan este planeta. Además me excuso en mi más reciente crisis individual, quizá, respecto a los cuestionamientos y decepciones en torno a la labor del antropólogo en este (sistema-…)mundo; crisis que no sufro en soledad, sino que deviene de la ya denominada crisis de las ciencias sociales, incluida la antropología y cuyo principal culpable –de la crisis individual- resultó ser el filósofo Slavoj Zizek, así como la trillada e interesantemente fructífera experiencia de intercambio en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en Lima, Perú (…)
El título deviene de uno de mis apelativos, imputado por un compañero de universidad que dice pertenecer a uno de los grupos de Red Skin-Heads de la ciudad de Guadalajara y afirma simpatizar con el comunismo, principalmente la corriente maoísta de este amplio movimiento. Güero-quesero al identificarse con el fenotipo de los pobladores de regiones de predominante elaboración de productos lácteos y sus respectivos migrantes a las principales ciudades del país; y ranchero, por el origen rural provinciano. Fascista, que por ser güero se le identifica a uno (quizá) bromistamente con la ideología racista de orígenes alemanes –y extendida y desarrollada posteriormente a los países aliados-. Fascista además, por ser oriundo de los Altos de Jalisco, lugar cuyos habitantes fungieron un papel muy activo en el conflicto cristero. “Culero”, sinónimo de atorrante, para terminar con buena rima y adecuada métrica, haciendo el extenso apodo más eufónico.
El apodo, más que ofensivo, gracioso al jugar con los arquetipos y clichés presentes en el imaginario colectivo del mexicano, del tapatío y del científico social, y que sin embargo afectan la realidad, una realidad de carácter intercultural en la cual estuve y estoy involucrado. Me posiciono entonces como joven alteño, que recién migra a la ciudad de Guadalajara como estudiante, al igual que muchos jóvenes de la ciudad-pueblo de Arandas; pequeña ciudad de origen campesino que ha adquirido tonalidades de ciudadcita medio-burguesa provinciana (…)»

La segunda posdata, tiene que ver con una lectura que sugirió mi papá al leer previamente la entrada, la cual está íntegra en el enlace que sigue para que puedan acceder a ella. Se trata de Jóvenes mujeres, por Alan Badiou (1937), un filósofo francés que mi padre sigue y en quién encontré una interesante reflexión sobre el papel que estamos adoptando las jóvenes del mundo. En ese sentido, eso de lo que me quejo sobre la sociedad tapatía, está presente, como decía al principio, en muchas otras ciudades de México y del mundo, pues si algo a lo que la humanidad se resiste es al cambio de paradigma. 





*La Otra I
 [atea, vegana, feminista,
lectora irredenta,
a la espera del apocalipsis zombi
que dará sentido a mi existencia]

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