En busca de la palabra perdida



Inés M. Michel*




No necesito haber pasado hambre para sentir empatía por aquellxs que la padecen a diario, para conmoverme hasta las lágrimas al conocer una de las millones de historias de pobreza donde unos cuantos pesos habrían hecho la diferencia.


Es un grave error argumentar cualquier cosa esgrimiendo frases como “tú no sabes porque no eres…” o, “tú qué opinas si tú nunca…” Claro, la experiencia configura un nivel de entendimiento que puede resultar inaprehensible para quien no ha sobrellevado una situación concreta. Sin embargo, no precisamos haber estado en un campo de concentración para (por lo menos) intuir el horror de esa realidad. En la misma línea de ideas, no hay que ser por fuerza políticos para hablar de política, o cineastas para opinar sobre una cinta, compartiendo nuestras impresiones sobre la experiencia que tuvimos al asistir a verla. (Terminando de escribir mi entrada aconteció el triunfo de Guillermo del Toro en los Golden Globes como Mejor director por The Shape of Water, no puedo dejar pasar la oportunidad de hacer una breve mención de esto, puesto que suscribí muchos de los comentarios que Guillermo hizo hace muy poco -todavía sin saberse ganador- sobre las maneras de edificar una carrera y una pasión, en cine o donde nos estemos desenvolviendo; ya que de alguna manera tiene que ver con el tema que atañe a mi texto recomiendo mucho el video del Festival de Cine de Morelia -edición XV- donde, en la primera Master Class de este encuentro, habla de su última película y de su filmografía en general, algunos puntos, los retomó brevemente en el discurso al recibir el globo).


Fotograma de The Shape of Water
(G. del Toro/V. Taylor, EU, 2017).

Hay opiniones desinformadas y otras con más sustento, eso es un hecho. Lo que quiero apuntar hoy es que no desenvolverte en determinada actividad o no haber pasado por un escenario particular, no descalifica per se ninguna postura. No sé si suene obvio, el punto es que esa manera de argumentar es usada frecuentemente para descalificar a lxs otrxs sin detenerse apenas en sus palabras, atacando a la persona. (Revisemos las falacias argumentativas y nos daremos cuenta de lo raro que resulta encontrar gente -en política, religión, vida diaria…- que no las use; dejo un bonito artículo de Cazadebunkers.com que deseo sirva tanto para neófitxs como para iniciadxs.)


Tomada de: cazadebunkers.wordpress.com

Recordando de pasada la polémica de un mes atrás cuando el legislador panista Javier Lozano calló (o intentó callar) a Gael García Bernal vía Twitter mientras el actor escribía en esta red sobre la Ley de Seguridad Interior, abono la conversación que sigue para poder ejemplificar sucintamente lo que expongo.


 


¡Cuán limitado sería el mundo si solo pudiéramos hablar a partir de nuestra experiencia propia y fronteras personales! ¿Dónde quedaría la capacidad de imaginar, de pensar, de soñar, por no decir la ciencia, las ideas que se adelantan a su tiempo, la inventiva o los descubrimientos?

Permíteme hablarte de tú querida lectora, querido lector. No toleres que los poderosos o “los que saben” (ni cualquier otra persona) te señalen con sorna y te digan “tú que sabes si…” Nuestro derecho a la palabra es un derecho fundamental (como el de la comida o la justicia…) si nos entendemos como una especie que se rige por el lenguaje de un modo que (hasta ahora) ninguna otra parece hacerlo (hay que poner atención a los delfines y diversos grupos animales que cuentan con un lenguaje muy avanzado y complejo con posibilidades de comunicación que los humanos aún no logramos comprender del todo).

Fotograma de Eyes Wide Shut (S. Kubrick/F. Raphael, EU/Reino Unido, 1999).
Tomado de FilmAffinity.com.


No podemos renunciar a la palabra, pero, alto aquí, no hablo de cualquier palabra, para entendernos mejor diré que me refiero más bien a una búsqueda, ¿cuál? la de la palabra propia, informada, libre (con todo y las reservas que genera el último adjetivo), una que se abra camino a pesar de la religión que profesemos, de las enseñanzas de papá y mamá, de la sociedad en que vivamos (a pesar y con cada una de ellas), palabras que no se detengan en la moral de su tiempo (aunque la observen o la compartan) ni en los castigos de sus contemporáneos. Palabras que miren hacia el horizonte inalcanzable y que en las noches, mientras el sueño se revela, se planteen alternativas imposibles y se imaginen tocando el amanecer rojizo.


Tomada de Instagram: inmichel.



Inés M. Michel.

I: inmichel


Ciudad de México, enero de 2018.

 *[Atea, vegana, feminista,
lectora irredenta,
a la espera del apocalipsis zombi
que dará sentido a mi existencia.]


Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s