Escribir en llamas



Inés M. Michel*



Quizá coincidirán conmigo en que escribir es una vía para transitar ese «arder en preguntas» que resulta ser la vida. Se escribe porque se está en llamas y porque en ese consumirnos crepitamos junto a las letras que somos, que pretendemos ser.

Hace una semana, en la publicación por nuestro tercer aniversario, apareció un comentario que apeló a la capacidad de la escritura, y concretamente aquella que ha ido formándose en este proyecto ígneo, de encender ideas, mentes, recuerdos y posibilidades. Judith Valadez, una lectora recurrente de nuestro blog, nos dejó una felicitación por el año tres de publicaciones, a la par que reflexionó con ella misma y con nosotros sobre algunos de los tópicos expuestos y cómo la movieron y la confrontaron.

Resulta que aunque pudiera parecer en ocasiones que el ejercicio de escritura es una labor aislada y desconectada de los demás, es todo lo contrario, escribir es construir y reconstruirnos junto a quienes nos leen, es encontrar palabras de consuelo, es tender puentes, cuerdas… ígneas, que nos abrasan y nos abrazan también.

Recorriendo el camino que Judith rememoró al hacer un repaso por los textos que tenía en mente, el cual abarcó una temporalidad muy amplia, pues citó entradas desde 2015,  encontré mis intereses y palabras extendidas en un ancho panorama, reafirmándome que lo que fui pensando no solo es mío, ahora es parte de un encuentro entre nosotros y los lectores, lectoras, que acudieron a los textos, llevándose un poco de ellos, completándolos, haciendo cada quien algo diferente con lo que ahí se expuso.

Me alegra y me reconforta encontrarme cara a cara (letra a letra) con quienes me leyeron, me leen. Por ello, no quiero dejar pasar la oportunidad de agradecer ampliamente a Judith, quien se ha acercado a mí en diferentes ocasiones, ya sea por medio de mis redes personales o en este mismo espacio, para comentarme lo que pensó después de leerme y seguir mis textos, testimonios que han sido plasmados aquí no sin dificultad, no sin consumirme de a poco. Asimismo en ese consumirse revivir.

Quedan las preguntas entre nosotrxs, la intención nunca fue contestarlas todas ni responder tajantemente las interrogantes que van surgiendo, a lo que apelo es al diálogo, interno primero, que me permite esbozar lo que pienso, lo que soy, para después convertirse en un diálogo conjunto con cada una de las personas que intervienen en Cuerdas Ígneas, mi papá, así como cada lector y lectora.

Las llamas que me envuelven son parte medular de esta escritura, me consumen, me dan vida, son lo que posibilita salir avante cada que el mundo se oscurece (y esto sucede muy seguido últimamente con todo lo que está aconteciendo en México), están ahí para ser motor a la par que testigos de lo que las entrañas gritan y la mano se encarga de poner en papel.

Las letras se forman en la magma que nos habita, así que gracias nuevamente a Judith. El agradecimiento es extensivo a todxs los lectores, por los comentarios vertidos y por cada idea surgida a partir de ellos.



Inés M. Michel.
I: inmichel

Ciudad de México, mayo de 2018.

 *[Atea, vegana, feminista,
lectora irredenta,
a la espera del apocalipsis zombi
que dará sentido a mi existencia.]


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