Sabríamos qué es la muerte si…

supiéramos qué es la vida


J. Ignacio Mancilla


En una más de las novelas de António Lobo Antunes, Los ríos que van (Penguin Random House, Barcelona, 2014), en la que el literato lusitano nos cuenta las peripecias de su internamiento en un hospital a propósito de una operación, me topé con una afirmación, que en realidad es una pregunta (y qué cuestión, por demás), sobre la vida; así como una pequeña reflexión alrededor del complejo proceso en que consiste eso de la salud y la enfermedad.

Sobre los ríos que van
Portada de Sobre los ríos que van.

Aunque toda la novela orbita alrededor de la vidamuerte (y de hecho es la temática de toda la novelística loboantuniana), para escribirlo a la manera de Jacques Derrida -el gran maestro de la deconstrucción- y también de la saludenfermedad (y me van a disculpar el remedo, pero no me queda de otra, más que escribir estas dos palabras también sin guion); bien, en un cierto momento narrativo António Lobo Antunes (en tanto personaje y autor, las dos cosas a la vez) hace la afirmación, en forma de interrogante, sobre la vida y un poco después novela sobre los asuntos, nada fáciles, de la salud y la enfermedad. 

Para lo que acude, como es lógico, no a conceptos sino, más bien, a metáforas (literato al fin). Intentando, desde esa peculiar perspectiva, aproximarnos a una de las cuestiones más complejas a las que nos confrontamos como seres humanos, la de qué es la muerte.

Cosa que sabríamos responder, fácilmente, si supiéramos qué es la vida.

Voy a extraer ese pasaje, para después ir al momento en que el autor portugués aborda, también metafóricamente, los complejos procesos de la salud y la enfermedad; casi inmediatamente después.

Y aquí cabría decir algo similar. En la  medida en que no sepamos qué es lo enfermo, difícilmente sabremos qué es lo sano. 

En fin…

Bien. Iré a esos dos precisos momentos de la narrativa de Los ríos que van en los que, de forma literaria, se quiere dar cuenta, de la única manera posible, de algo que nos desborda, hasta ahora, en nuestras pretensiones de saber: la vidamuerte y la saludenfermedad.

Ya casi al final de Los ríos que van –el título mismo ya pone de manifiesto el asunto del fluir, a la manera heracliteana- es que nos topamos con el pasaje que aquí escandiré y puntuaré con el fin de resaltar lo que en este texto pretendo.

António Lobo Antunes
Contraportada de Sobre los ríos que van.

Después de muchos avatares, todos relacionados con la  muerte y con la vida y con la salud y le enfermedad, nuestro autor y personaje -en un vaivén del uno al otro, problematizando, todavía más, el asunto de qué es un autor (Foucault), cuestión que derivamos en qué es un personaje/autor-, puede escribir, novelando todo el tiempo, lo siguiente:

“-Al final se ha recuperado ¿qué sabemos nosotros de la vida?”.

Dimensionemos, lo más radicalmente posible, el gran alcance de la pregunta; que es, por demás, la interrogante que más nos atañe como seres humanos.

Y como no es algo que se pueda responder directamente, el autor/personaje opta por describir lo que es la vida en su aspecto más cotidiano (pero, ¿es que acaso existe otra perspectiva de la vida?).

Así, podemos leer, inmediatamente después: 

“en el hospital tantas noches por la noche, el insomnio del abuelo tropezando con las escaleras, el asma de los padres en la segunda habitación a la derecha donde el cabecero contra la pared se inmovilizaba poco a poco, terror a que le robasen envuelto en una sábana y lo diesen a los lobos, repetía

“-No me puedo dormir

“y de repente por la mañana y las paredes fruncidas de sonidos, la bomba de agua, la cocinera cargando la leña en un cesto, Virgílio colocando el burro en la carretera disolviendo su mal genio con un palo, le pareció que tres pulgares en vez de dos, lo comprobó de nuevo y dos, qué tranquilidad, quién asegura que los ladrones no añaden fingiendo quitar, había momentos en los que objetos inesperados en los cajones, una pinza de las uñas, recibos, quién anda a escondidas llenando el armario de lo que no es nuestro, quién le aseguraba que […]

Y aquí cambia de registro temático y narrativo, para pasar del más difícil problema de  la vida, al no menos complicado asunto de la enfermedad y la salud; naturalmente todo ligado a la primera cuestión.

libro sobre la vida y muerte
P. 168, Sobre los ríos que van.

Leamos, pues,  lo que sigue del fragmento de la novela: 

“[…] no habían puesto la enfermedad en él como pusieron la pinza de las uñas y los recibos en los cajones, el enfermero

“-La hora del jarabito

“colaborando con los rateros al impedirle pensar, si le faltasen los órganos cómo se protegería de los demás, el dolor cambió de posición royéndole la nuca, el médico a las visitas

“-Con la morfina que le inyectaremos es imposible que sufra […]”

Y, me cuestiono ahora yo, ¿podríamos distinguir la salud de  la enfermedad sin la mediación del dolor?

Pero, retomemos la narrativa de Lobo Antunes, en la que él mismo es uno de los personajes (acaso el central), para poder apreciar esa singular narrativa en la que se tematiza tanto  la cuestión de la vidamuerte como el asunto de la saludenfermedad.

En el texto podemos seguir leyendo:  

“y él indeciso si sufría  o no sufría, el que lo observaba, derecho sobre las luces

“-Es normal que sufras

libro sobre la salud y la enfermedad
P. 169, Sobre los rìos que van.

“y sin embargo no localizaba el punto de sufrimiento, en todo el cuerpo o fuera del cuerpo, alrededor, había momentos en los que lo sentía moviéndose por la colcha o sentado en  la mesilla de noche esperando, momentos en los que buscaba sin encontrar su rastro porque se alejaba por el pasillo imitando los pasos de los enfermeros, tal vez el teléfono del despacho al  lado fuese el dolor que lo llamaba

“-¿Está el señor Antunes?”

¿Dónde yacen la enfermedad y la salud en el cuerpo? ¿Y dónde yacen la muerte y la vida?

Lobo Antunes nos lo narra de este modo:

“puesto que ninguna intimidad entre ellos, se estudiaban, se rondaban, no se saludaban

“Es normal que sufras

“y no sufría palabra, el musgo segregando el río entendiendo la dificultad de traer el agua, no él pensando en el afinador que esperaba en la plazoleta y en los pavos del tren que a  lo mejor para en España o en el pozo donde siempre un ahogado moviéndose entre el lobo, se tiraba una piedra y nadie, no se tiraba ninguna piedra y ahí estaba él

“-Antoninho

“Antoninho en el hospital con el hígado y sus discursos pomposos que empezaban a perder palabras

“-Van faltando lo órganos uno a uno […]” (pp. 168-169).

Y sí, la vida se nos fuga poco a poco, a veces incluso de manera repentina. Igual que la salud, para que nuestro cuerpo sea ocupado por la enfermedad y, finalmente, por la muerte; lentamente; pero, ¿de dónde viene la  muerte y de dónde la enfermedad?

Es sobre todo esto lo que António Lobo Antunes novela, de manera más que genial en Los ríos que van; obra en la que da cuenta, a su manera, de esa particular situación de haber sido hospitalizado para ser intervenido quirúrgicamente. 

Y es en este pequeño fragmento de su maravillosa novela, el que me ha posibilitado reflexionar sobre la vidamuerte y también sobre la saludenfermedad; alcanzando una excelsitud narrativa que nos hace comprender, más allá de  los conceptos, pero más acá de ellos también, eso que no nos es nada fácil ponerle palabras, más bien nos es muy difícil: la vidamuerte y la saludenfermedad.

escritor portugués
António Lobo Antunes. Foto: Francisco Seco/El País.

Es por ese atrevimiento estilístico que António Lobo Antunes ocupa un lugar sin parangón en la literatura contemporánea. 

 Y es por todo esto que me he atrevido a escribir, para ustedes, en este texto, que:

Sabríamos que es la muerte si… supiéramos que es la vida; al igual que sabríamos qué es la enfermedad si… supiéramos qué es la salud.

Finalmente, es todo esto lo que esta excelente novela de Lobo Antunes me ha suscitado y… no quise dejar de escribir al respecto.

Espero su comprensión y benevolencia, amables lectoras y lectores.

Pequeño (espero) Post Scriptum

Friedrich Nietzsche (1844-1900), quizás el filósofo que más escribió sobre la salud y la enfermedad y sobre la vida, temáticas de este texto, en el llamado periodo de Turín (Italia), prácticamente el último año de su vida lúcida, le escribió a Georg Brandes (en un pequeño anexo curricular, al saber que el pensador danés se estaba ocupando de él (en Copenhague), lo siguiente:

“Al fin y al cabo la enfermedad es la que me ha proporcionado el máximo beneficio: me  ha liberado, me ha vuelto a dar el coraje para conmigo mismo” (Nietzsche, Correspondencia, V. VI, Editorial Trotta, Madrid, 2012, p. 145).

Mucho de lo expresado en mi texto tiene su origen en este filósofo todavía demasiado inquietante (para las buenas conciencias modernas) y por supuesto que en la propia narrativa de António Lobo Antunes, que mucho tiene de autobiográfica, al igual que la filosofía de Nietzsche.


J. Ignacio Mancilla.

FB: Juan Ignacio Mancilla Torres
T: @CuerdasIgneas / FB: Cuerdas Ígneas
cuerdasigneas@gmail.com

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