Caminatas de otoño

Inés M. Michel

People like to think of themselves as points moving through time,

but I think it’s probably the opposite.

We’re stationary and time passes through us.

Blowing like cold wind, stealing our heat[1].

– The Young Woman

I’m Thinking in Ending Things (C. Kaufman, EU, 2020 / Netflix).

La caída de las hojas de otoño me alerta otra vez sobre el paso del año que, implacable, comparte su tiempo conmigo, haciéndome partícipe de un cauce de vida que se desgasta inexorablemente.

Se cumplieron aniversarios de muertes en semanas pasadas, las ausencias resuenan en los pasillos del departamento que habito desde hace ya dos años.

Where do I belong?

Las preguntas no se van, algunas ya cambiaron. Cumpleaños y despedidas. Habito un cuerpo y habito un mundo donde se me presentan, cada tanto, afrentas. La luz parpadea, entrecierro los ojos o frunzo el ceño, hábito que fue dejando arruguitas entre las cejas. Intento ser yo, entre los mares de propuestas y protestas que me rodean. ¿Cuándo es momento de gritar, de callar, de observar, de ceder, de dejar atrás? Converso conmigo misma sobre las opciones que se dibujan en tiempos de pandemia, muchas no me satisfacen, otras asustan, y la incertidumbre permanece, en mí, en el vasto encuentro de mundos que es la humanidad.

Me permito soñar, me siento agradecida por estar y poder decir, con la voz un poco entrecortada por las memorias que se agolpan. El cine de Charlie Kaufman no hizo más que avivar la llama de la melancolía, la certeza del final que no me pertenece del todo, aunque sí sea mío, y ponga puntos suspensivos a lo que ha sido una historia de arrebatos, ensoñaciones, ideas, triunfos y derrotas.

estoy pensando en dejarlo
Jessie Buckley, ‘I’m Thinking of Ending Things’.

Maybe the end was written right from the beginning.

Cuatro meses contados desde el 5 de junio, un foro, una ponencia, algunas decepciones, dudas concretas, intentos de explicar quiénes somos, qué fuimos, y así también aclararme un pedacito de historia que me pertenece tanto como otras historias que me configuran.

Ser mujer en un territorio que no es cualquiera, y saber que 11 mujeres son asesinadas diariamente. Salir a la calle y recordar que las violencias que padecemos en la cotidianeidad por razones de género marcan nuestra manera de enfrentar el mundo, convirtiendo la vida de muchas en una supervivencia continua, lejos de la vida plena que merecemos. ¿La pandemia ha cambiado algo? Sí, las violencias incrementaron para nosotras. Me siento, por ello, obligada a no quitar el dedo de ese renglón. A no dejar de nombrar al resto de nosotras que no han obtenido justicia. Creímos que una crisis de la magnitud actual replantearía fórmulas y nos acercaría entre humanos, reconociendo nuestras similitudes y dejando (por lo menos momentáneamente) a un lado las diferencias. No sucedió, no del todo. Estamos en una frontera que no logra dejar atrás la división y la polarización. Parece empezar a dibujarse un horizonte distinto, creemos en él, en ese horizonte posible de nuevos mundos y realidades. Yo misma lo he enunciado.

Llegado el otoño y las luces que bajan su intensidad, camino por Álvaro Obregón, temiendo que no haya tiempo suficiente, ese temor reaparece de vez en cuando.

roma norte
Avenida Álvaro Obregón (Foto: Al Momento Mx).

La vida corre por mis venas, me reconozco afortunada, porque he podido hacer algo más que sobrevivir, porque vivo a mi manera, porque, aunque he sido violentada, incluso por mujeres ejerciendo poder, he tenido el privilegio de que esas violencias no han determinado el curso de mi vida, aunque sí me han hecho distinta. Desearía que mi realidad más inmediata no fuera un privilegio, sino una posibilidad para todas.

Está aquí el otoño, las hojas de los árboles caducifolios crujen a mi paso por las calles que ahora reconozco como mi entorno seguro. La luz del sol me acompaña en mis paseos matutinos, sé que las plantas reverdecerán y me doy la oportunidad una vez más de no añorar el pasado, de hacer las paces con las pérdidas y el dolor, de no escudriñar con temor hacia el futuro, de estar aquí y ahora, junto a mis acompañantes de viaje, de amar y ser amada. De intentar caminar con la fe puesta en nosotras que, en la África que pareciera lejana, echamos a andar del regazo de la primera mujer[2]…. Seguimos andando.


[1] A las personas les gusta pensar en sí mismas como puntos moviéndose a través del tiempo, pero yo creo que probablemente es al revés. Somos estacionarios y el tiempo pasa a través nuestro. Soplando como viento frío, robando nuestro calor.

[2] Fragmento final del comunicado Una montaña en altamar, del Subcomandante Insurgente Moisés, publicado en Enlace Zapatista (octubre, 2020).

Inés M. Michel.

T: @inesmmichel / I: @inmichel
T: @CuerdasIgneas / FB: Cuerdas Ígneas

cuerdasigneas@gmail.com

Foto: David A. Becerra.

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