Con nosotras están todas

Ponencia presentada en el panel de diálogo Reconstruir el tejido social: un horizonte posible, del foro Arte, cultura y filosofía para todas y todos. (Actividad coorganizada por el colectivo Somos 4, 5 y 6).

Inés M. Michel

He sobrevivido, luego soy.

Me nombro sobreviviente, como mi madre, Eunice, lo es,

a quien debo mucho valor y convicciones,

el deseo de no claudicar y la capacidad de resiliencia.

A ella, y a todas las luchadoras sociales que conozco, dedico esta participación.

Esta generación, mi generación, no solo es la de las dudas, la incertidumbre y la guerra contra las mujeres. Nuestra generación también es el constante recordatorio de los sueños y luchas que nos precedieron. Somos el sueño de ese verano… ponía un muro con el que me topé, en referencia al verano del 68. Ya son 52 años de que el estado mexicano ordenó la matanza de jóvenes manifestantes desarmados, reunidos en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco. Partiendo de ahí, ¿cuánto nos deben cada uno de los gobiernos que hemos padecido en este país? Nuestra historia, la de los jóvenes del 68, del 70, de los 80 y 90, hasta llegar a la del principio de milenio, es una historia de heridas que no sanan, porque la justicia todavía no acude. ¿Cuántas veces tendremos que narrar lo que hemos vivido, para que la memoria colectiva tenga presentes todos los agravios y no olvide que nuestro país es un territorio construido sobre sangre derramada? ¿Cuántos 2 de octubre, 26 de septiembre, 5 de junio… deben ocurrir para que la Historia deje de rimar de forma tan siniestra? ¡Ay, nuestro México!

Es cierto, la palabra no es suficiente, cuando de un estado canalla (usando el término de Derrida) intentamos recuperarnos. Ni ningún foro lo será. Muchas personas estamos a la espera de acciones que resulten en una posibilidad distinta, pero no solo tenemos que esperar, también debemos accionar en cada una de las trincheras que nos encontramos.

Encauzar el dolor que nos acompaña tras el 4, 5 y 6 de junio no es fácil. Tampoco lo es pertenecer a una entidad con más de 11 mil personas desaparecidas, según la última cifra reportada a finales de septiembre de este año y retomada en una infografía difundida por el Centro de Justicia para la Paz y el Desarrollo. El sociólogo y periodista Rubén Martín nos comparte (haciendo una comparativa de las cifras) que son más desapariciones las acumuladas en Jalisco, que las que hubo durante la dictadura chilena, comandada por Augusto Pinochet, donde se utilizó el secuestro, la tortura y el asesinato como métodos para atemorizar a la población, y que dejó un saldo de 3 mil personas muertas y desaparecidas, según cifras del Instituto Nacional de Derechos Humanos de Chile[1].

En ese sentido, hay que precisar algo fundamental: no queremos que se malentienda nuestra apertura al diálogo, poner la voz y el cuerpo en este ejercicio no se debe a que no estemos enojadas. Seguimos enojadas por lo que vivimos en Guadalajara el 4, 5 y 6 de junio; sin embargo, a pesar del enojo y el dolor, hemos decidido buscar una vía pacífica para expresar nuestra rabia, porque creemos en la palabra antes que en la macana. Así, cobijadas por las letras, les expresamos que nuestra indignación permanece, y permanecerá, porque es legítima, es nuestra, y nadie nos la podrá arrebatar. No acudiremos a estrategias bélicas, la guerra es (y ha sido siempre), el recurso masculino por excelencia, nosotras anhelamos un mundo donde la paz esté por encima de la guerra. Si bien, tantas mujeres se han visto en la necesidad de pelear, incluso con armas, por sus ideales, las batallas también pueden librarse de otras maneras. Y en eso estamos recientemente, tratando de construir discursos que nos cambien y a la par transformen nuestra comunidad, pensando que sí es posible encontrar otra forma de relacionarnos que nos lleve a recomponer el tejido social, aunque ese horizonte por momentos parezca nublarse.

Las mujeres, junto a nuestras propuestas e ideas, hemos sido sistemáticamente silenciadas por la historia, nombre tras nombre, palabra por palabra; hablar hoy en femenino (y en plural) no es una decisión cualquiera. En diversos momentos acude a nuestro auxilio el temple de cada una de las mujeres y niñas combativas, aún si no las (re)conocen, esas voces e ideas nos preceden, a ellas nos debemos; gracias a ellas podemos nombrarnos sobrevivientes en un estado de muerte, en un sistema donde el monstruo del capital devora todo a su paso, aplastando vidas, humanas, animales y vegetales. Dios ha muerto, nos advertía Nietzsche, pero nos toca advertir algo más: otra deidad tomó su lugar, una presencia que se nos presenta como única y total, y que dicta sin pudor que está bien matar o torturar por quinientos pesos, por cien soles, por doscientos reales… Se trata del Dios Dinero.

¿Qué puede significar o valer la vida en un sistema que nos enseña de tantas maneras que el dinero está por encima de todo lo demás?

Por eso es urgente aferrarnos a lo que nos anima a ser distintas y a ir contra corriente. La terquedad que nos habita es indispensable para que encontremos caminos alternativos que transformen la supervivencia en plenitud, en dignidad. Habremos de acudir a la literatura, al arte. Primero, para no dejar de soñar, y luego, para reflexionar profundamente sobre las violencias que permean lo que conocemos como sociedad. Partiendo de experiencias propias y reconociéndonos entre nosotras (a pesar de las diferencias) podemos lograr un discurso otro, una manera de entender el mundo dictada desde los vínculos entre personas, dejando atrás el proyecto de las cosas.

Para ponernos en sintonía es necesario explicar algunas cuestiones. La antropóloga feminista Rita Segato argumenta que actualmente hay dos proyectos históricos contrapuestos: el proyecto de las cosas, donde la persona acaba cosificada, en persecución de la meta de las posesiones materiales; en este proyecto, se invierte en los objetos y no en los vínculos. Por otro lado, está el proyecto de los vínculos, que depende de la organización comunal y que recupera el gusto por la vida, el gozo, proponiendo espacios tejidos desde la colectividad; la meta se apuntala en el reconocimiento de las otras y de los otros, asumiendo que la felicidad no está determinada por las cosas que poseemos.

La decisión la debemos tomar, tarde o temprano, ¿en qué proyecto empeñaremos nuestros esfuerzos y lo que tengamos de tiempo?

Si nos decantamos por los vínculos, será necesario acudir a la escritura, a los libros, no solo como registros de nuestra historia y de nuestro tiempo, sino como detonadores de una construcción distinta de humanidad. Llevamos unos 200 mil años sobre la faz de la Tierra, según los estudios de fósiles pertenecientes al linaje humano. Con todos esos años a cuestas, en una historia que todavía presenta lagunas enormes e incógnitas por aclarar, ser seres humanos nos plantea retos y preguntas fundamentales. Quizá nunca logremos contestar todas las dudas que nos habitan, la filosofía nos ha enseñado que cada interrogante nos lleva a otra y esa otra a otra más. No hay resolución final, sino planteamientos que deben ser siempre puestos a prueba. Una vez que están sobre la mesa, son rebatidos o reformulados, según sea el caso.

Lo que podemos afirmar es que siempre es posible escoger un camino propio y también podemos cambiar de opinión, de vereda y de rumbo, cuando el corazón lo dicte. Tal vez la tarea de rescatarnos a nosotras mismas, de las violencias que configuran el mundo actual parezca imposible, aun con ello, no olvidemos todas las veces que la humanidad ha encontrado soluciones llenas de ingenio e imaginación, a pesar de los errores que nos acompañan, en tanto humanos. Si la civilización, desde sus inicios, ha intentado acotar la violencia que nos habita, volquemos nuestro esfuerzo, en este momento tan crítico a nivel global, para construir un modelo donde los vínculos, la vida, el gozo y el amor sean los valores máximos y no meros recursos desechables.

Retomando a Segato, hay que decir que la estructura que nos rige en la actualidad se basa en una serie de jerarquías que replican violencias. La masculinidad, la mafia, el estado, el poder judicial y las policías son ejemplos de estructuras jerárquicas y corporativas. Cada una de ellas no solo es violenta hacia el exterior, también violenta a cada uno de sus miembros, de manera que la práctica cotidiana en la que se desenvuelven, los sujetos que pertenecen a estas estructuras, es reflejo y consecuencia de las violencias que padecen ellos mismos. Entender este asunto y atenderlo es una prioridad, si la premisa es caminar distinto. Desde un feminismo pluralista, que contemple la participación de todas las voces que quieran sumarse, se puede dibujar un camino para mujeres y hombres que deje atrás la crueldad y el sufrimiento. Imaginemos y construyamos un mundo que podamos habitar todas sin miedo, siendo nosotras, despatriarcalizándonos y proponiendo a todos que despatriarcalicen sus prácticas, sus métodos, sus mentes.

Nuestra vida importa, y también la de todas las personas y seres que habitan este mundo. En ese sueño, el sueño de ese verano, la reconciliación es la premisa. Podría ser un poco menos complejo de lo que esperamos, si nos miramos a los ojos y atendemos nuestros más profundos deseos (como el escritor alemán Michael Ende plantea), aquellos de niñez y juventud, presentes a manera de recuerdos y que muchas personas parecen haber descartado u olvidado.

Con nosotras están todas, está la rebeldía de Juana de Asbaje, está la Corregidora, Josefa Ortiz, están las adelitas de la revolución, las Madres de Plaza de Mayo, las mujeres caídas en Tlatelolco, las sobrevivientes de la guerra sucia de los años 70, las hermanas de los 43, las Buscadoras, que se reúnen en las fosas a desenterrar cuerpos, y están también las hijas, sobrinas y amigas desaparecidas que no dejamos de nombrar. Todas soñamos con una realidad distinta.

La grieta ya está abierta. Tras los pesados ladrillos se dibuja no una utopía, sino el horizonte posible, al que hoy les invitamos a sumarse.


[1] Consultar: https://www.lavanguardia.com/vida/junior-report/20191108/471450047349/dictadura-chile-augusto-pinochet-represion.html

Inés M. Michel.

T: @inesmmichel / I: @inmichel
T: @CuerdasIgneas / FB: Cuerdas Ígneas

cuerdasigneas@gmail.com

Foto: David A. Becerra.

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