ESPECIAL | 2.55 am

Isabel Mancilla Lara

Una disculpa de antemano por las lágrimas que este texto pueda llegar a derramar…

Siendo las 2:55 am del lunes 11 de enero de este año, vi un vídeo que me rompió.

Es uno de esos experimentos sociales en los que se busca ver cómo reacciona la gente cuando ven que se están llevando o, mejor dicho, secuestrando (“levantando”) a una chica. 

Todo iba bien, los primeros dos intentos fueron con personas que sí se acercaron a ayudar a la muchacha; sin embargo, la tercera simulación fue frente a un chico que agarró su patineta y se echó a correr asustado, en ese momento… sí, precisamente en ese instante, algo dentro de mí se rompió; y… comencé a llorar como si me estuvieran apuñalando, o como si fuera yo misma la joven a la que se estaban llevando. Esto, aun sabiendo que solo estaba frente a un vídeo y que, por tanto, nada era real.

Me dolió demasiado ver que alguien había omitido su ayuda… el vídeo continuaba, nuevamente con personas que sí se detuvieron a hacer algo, pero yo sigo llorando sin parar; y de pronto, otra vez… una vez más, otra persona prefirió salir corriendo, por miedo, en vez de auxiliar. Luego hubo otros dos más que sí apoyaron.

Súbitamente, un vídeo que apenas dura 51 segundos, se tornó interminable para mí; sobre todo porque un recuerdo irrumpió -inesperadamente- en mí, uno que pensé estaba ya enterrado muy adentro, pero mi memoria involuntaria… me dijo otra cosa.

secuestro y desaparición forzada

¡Claro que me duele saber que existen personas que no ayudarán a una mujer en una situación así!; precisamente porque tienen miedo, pero eso lo abordaré más adelante. 

Pero… lo que me puso especialmente mal, fue recordar que, justo el 5 de junio de 2020, cuando dos policías no uniformados ni identificados como tales, estaban intentando llevarme dentro de una pickup, que tampoco figuraba como una patrulla oficial. Nadie se acercó en ese momento; ninguna de las personas que pasaban por ahí, en ese preciso instante, se detuvo a ayudarme (a apoyarnos). 

En sus caras podía ver, yo, el miedo de detenerse y… al mismo tiempo, podía ver que no tenían ni la más mínima intención de hacerlo. 

Regresaré a hablar del miedo que sienten los individuos “ajenos” a estas siniestras circunstancias demasiado comunes en México, lamentablemente; pero… ¿realmente les es ajena la situación planteada?

Es totalmente entendible, hasta cierto punto, que una persona, siendo testigo de una situación así, de pronto sea vea inundada por el miedo y prefiera no acercarse, no involucrarse; es como una especie de alerta que se enciende y dice: ¿y sí me hacen lo mismo a mí? No, mejor me voy… es algo entendible.

Pero me duele demasiado, es como si no quisiera aceptar que eso suele pasar; me duele saber que no se detendrán a pensar, un solo segundo a pensar: verga… si yo tengo miedo, ¿cómo carajos debe sentirse ella, que lo está viviendo en carne propia?

5 de junio 2020
Detenciones arbitrarias y desapariciones forzadas del 5 de junio de 2020 en Guadalajara. (Foto: EFE).

Aterrada… aterrada es una palabra insuficiente para describir la sensación que se tiene en esos momentos.

En los instantes en los que lo viví, yo solo podía pensar en que me iba a morir… pensaba EN QUE MI IBAN A MATAR (aunque no es el tema de este escrito, vale la pena, para mí, recordar el motivo por el que había ido a manifestarme aquel día: la injusta muerte, a manos de los policías, de Giovanni López).

Ahora, ya casi para terminar, quisiera retomar una pregunta que planteé anteriormente: ¿realmente les es ajeno a lxs demás, una situación así?

Aunque en mi caso particular nunca se trató de una cuestión de género, viví el terror de que intentaran desaparecerme (el mismo que viven cientos de mujeres todos los días; miles si hablamos del país entero).

Y si seguimos haciendo caso omiso de esta situación… seguirá creciendo vertiginosamente y (aunque realmente espero que NUNCA pase) tal vez un día, seas tú quien presencie una situación así; solo que no será ninguna simulación ni ningún experimento social. Es la cruda y cada vez más normal cotidianidad de México.

Y fue así como un cortísimo video, dio paso a una especie de catarsis que no había tenido desde el 5 de junio pasado, además que me hizo reflexionar sobre el feminismo y lo mal visto que es, prácticamente, por toda la sociedad; esto cuando en situaciones como la que yo viví, o como las que tristemente pasan todos los días, son las mujeres las que saltan primero; las que están más presentes, las que mueven el cielo, el mar y tierra para ayudar.

Y evitar, en la medida de lo que hacen, que esta trágica realidad -que se llama “desaparición forzada” y “entierros clandestinos”- se siga perpetuando.

fosa clandestina jalisco
Fosa clandestina en Jalisco. (Foto: Cuartoscuro).

Para hacer, así, de la historia reciente de México una auténtica tragedia.

¿Qué vamos a hacer?

¿Fue por todo esto que lloré?

No lo sé, es por ello que comencé y termino pidiéndoles a mis lectoras y lectores posibles, una sincera disculpa, por los recuerdos aquí escritos públicamente por primera vez, a casi ocho meses de lo sucedido en Guadalajara.   


Imagen de portada: Psicomemorias.

Isabel Mancilla Lara

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