¿Es posible ser felices ahora?

Un mundo de pandemia, violencias extremas y muertes

J. Ignacio Mancilla

Intentaré, con la guía de Alain Badiou (Rabat, Marruecos, 1937), en particular con su Metafísica de la felicidad real (Adriana Hidalgo, Buenos Aires, 2017; traducción de Rodrigo Molina-Zavalía) responder, responderme y responderles (por lo menos a mis lectoras y lectores), esta pregunta que, considero, es más que un imperativo dada la situación del mundo actual y su acentuada deriva violenta, escéptica y nihilista; y en no pocas ocasiones hasta cínica.

Bajo la premisa badiouniana de vivir bajo la égida de una Idea que se apegue a la verdad, siempre en condiciones localizadas y que dé cabida, también, a lo impredecible de los acontecimientos y su lógica compleja; siempre del orden de lo pensable, a pesar de su imposible concreción, que no es, precisamente, su menor dificultad.

En la conclusión, apenas un poco más de dos páginas, el filósofo francés establece 21 definiciones de lo que él considera la felicidad; mismas que fue desplegando a lo largo de su pequeño pero importante texto, en el que fundamenta cómo la filosofía se ha ocupado de la felicidad y sigue ocupándose.

Para decantarse, con ellas, ante el cinismo neoliberal contemporáneo; por supuesto que todo el tiempo las argumenta, siempre haciendo referencia a su obra anterior y al cierre de su trilogía fundamental, La inmanencia de las verdades, donde dice que desarrollará lo que aquí apenas plantea; sin embargo, no deja de argumentarlo desde el presente texto, de cierta manera.

libro de filosofía
Portada de ‘Metafísica de la felicidad real’. (Foto: @ahidalgoeditora).

Me interesa de entrada, en esto que apenas es una presentación muy general de la concepción badioudiana de la felicidad, detenerme con cierto detalle en siete de las definiciones finales, para discutirlas a la luz de lo que se despliega ante nuestros ojos como la situación actual del mundo, que es la del individualismo extremo y que se nos impone como la única salida posible por los agoreros del presente.

Pero antes de ocuparme de estas siete concepciones de la felicidad, quiero primero hacer una rápida sinopsis del libro, y presentar así al autor como uno de los filósofos vivos más importantes, que con una filosofía propia se distingue de algunos otros por ofrecernos una filosofía sistemática –a estas alturas– como respuesta y salida a las trampas del mundo moderno, que él conceptúa como del “deseo de Occidente”.

Va, pues, primero, una muy breve presentación de este singular pensador.

Estoy seguro de que es uno de los filósofos vivos más importantes y que al lado de unos cuantos, pocos, son hoy la vanguardia de los tópicos con los que se discute la viabilidad o no de lo que acontece en el mundo de nuestros días.

Con una obra muy amplia, cuya máxima expresión escritural y propositiva es la trilogía de El ser y el acontecimiento 1, Las lógicas del mundo (El ser y el acontecimiento 2) y La inmanencia de las verdades (El ser y el acontecimiento 3) podemos decir que es un clásico en vida.

Es el creador de una filosofía propia, hecha desde el compromiso de no aceptar el mundo tal y como es, sino, más bien, mediante la crítica fundamentada, invitarnos a asumir lo que de verdad singular y corporal hay en nosotros para enlazarnos a la poco probable, pero no imposible lógica del cambio que nos marca la lógica acontecimiental, pensada desde cuatro horizontes: el de la ciencia, el de la política, el del arte y el del amor.

Alain Badiou tiene, hoy en día, 84 años cumplidos y es una figura intelectual ya rara en el mundo nuestro: es matemático, dramaturgo, novelista, filósofo y militante por la Idea del comunismo; no sin cierto sesgo intempestivo.

Ha creado, ya, sin duda, una de las obras filosóficas más interesantes de la segunda mitad del siglo XX y de lo que va del siglo XXI, en tanto en ella se encarna lo más lúcido y vivo de la propuesta filosófica que no sería nada de no proponerse, precisamente, como la forma de recuperar el sentido de la vida, como buena vida y vida verdadera; para ser felices realmente, en contra de la apariencia de serlo.

Una vez hecha esta rápida semblanza de su obra, voy, pues, a exponer las siete definiciones de la felicidad que más me llenaron el ojo; y trataré de argumentar por qué me parecen las mejores y más pertinentes, para estos tiempos sombríos.

Es muy mi selección que, curiosamente, es una tercera parte de las 21 con las que concluye el autor su propuesta de lo que él llama Metafísica de la felicidad real, conforme al título; después de su recorrido crítico por las tres concepciones filosóficas dominantes: la filosofía analítica (Wittgenstein y el Círculo de Viena), el postmodernismo (Derrida y Lyotard) y la antifilosofía (Kierkegaard, Nietzsche y Lacan).

No las enumero, por lo que nada tiene que ver con la ordenación que les dio Badiou, sino que, simplemente, las voy citando conforme las fui considerando; primero las transcribiré y después desarrollaré algo sobre cada una de ellas.

filósofo francés
Alan Badiou (Foto: Eterna Cadencia).
  • “La felicidad real es el goce de nuevas formas de vida (p. 27)”.
  • “Toda felicidad real supone una liberación del tiempo (p. 41)”.
  • “Se da felicidad para aquello que, de un individuo, acepta devenir sujeto (p. 49)”.
  • “La felicidad es siempre goce de lo imposible (p. 77)”.
  • “La felicidad es la llegada, en un individuo, del Sujeto que él descubre que puede devenir (p. 78)”.
  • “Toda felicidad es una victoria contra la finitud (p. 81)”.
  • “Toda felicidad es un goce finito de lo infinito (p. 91)”.

He aquí, pues, las siete prescripciones badioudianas de la felicidad; las que, en lo personal, me parecen más interesantes. Ahora iré de una en una, para decir por qué son las que más sentido me hacen.  

Trataré de dar mis argumentos para ello, retomando, por supuesto, lo que el autor nos plantea en el texto aquí considerado.

felicidad paisaje
Imagen: Ecoosfera.

El recorrido que hace Alain Badiou en su texto es el siguiente: en primer lugar sostiene que la filosofía siempre se ha jugado del lado de la afirmación del deseo y no obstante que ha habido anti-filósofos, Kierkeegard y Nietzsche principalmente (aunque no los únicos), que han afirmado la decisión y la verdad en un sentido singular, la filosofía no puede decantarse sin elaborar una teoría de la verdad y del sujeto en tanto éste está vinculado a la verdad y al acontecimiento en el sentido de lo incalculable, pero no por ello no pensable.

Para terminar, afirmando cómo la filosofía, según su perspectiva, es la apuesta por un afecto particular, el de la felicidad y su propuesta es que la filosofía precisamente apuesta por una felicidad real y no solamente aparente; dando pie, con ello, a relaciones complejas con el mundo y su devenir en tanto es posible apostar por el cambio en cuatro sentidos, el de la lógica; el de la revuelta, el de la universalidad y el de la apuesta.

Es por ello por lo que se decanta, pues, por la posibilidad, no determinista, de cambiar el mundo para poder afianzar, así, una felicidad real y no meramente una pasividad consumista, por satisfactoria y gozante que sea la misma, para un sector muy reducido de la población humana.

Ahora regreso a las 7 definiciones.

La primera, para mí, es la siguiente:

  • “La felicidad real es el goce de nuevas formas de vida (p. 27)”.

Advenir a nuevas formas de vida implica la actividad del sujeto para generar, precisamente, modos otros de vivir donde la felicidad real –y no una mera ilusión de ella– tenga cabida.

La segunda, también desde mi ordenamiento y perspectiva, dice así:

  • “Toda felicidad real supone una liberación del tiempo (p. 41)”.

El tiempo es la mayor constricción que nosotros padecemos como sujetos; quizás es por ello por lo que las revueltas siempre se metaforicen, como en la película Con V de venganza (James McTeigue, 2006; el guion es de las ahora hermanas Wachowski), como un hacer volar por los aires los relojes, el instrumento de medición del tiempo. Así culmina esta maravillosa película.

V for Vendetta big ben
Fotograma de ‘V for Vendetta’.

La tercera dice a la letra:

  • “Se da felicidad para aquello que, de un individuo, acepta devenir sujeto (p. 49)”.

No nacemos sujetos, sino que advenimos a esa condición y la felicidad es una condición más que necesaria, podríamos decir que suficiente, para que de nuestra simple animalidad advenga algo del orden llamado sujeto.

La cuarta afirma:

  • “La felicidad es siempre goce de lo imposible (p. 77)”.

Sí, no se trata de las satisfacciones ordinarias; las de la vida cotidiana –las del animal que nace, se reproduce y muere– sino de aquel goce que toca algo del orden de lo imposible. De no ser así, ¿qué chiste tiene la vida?

En la quinta Badiou sentencia:

  • “La felicidad es la llegada, en un individuo, del Sujeto que él descubre que puede devenir (p. 78)”.

Nos dice de otro modo que la cuestión fundamental radica en advenir el sujeto que podemos llegar a ser (¡Ay, Nietzsche!; a condición de ser fieles a nuestra verdad o nuestras verdades; cosa que implica la confrontación con el mundo que no quiere aceptar que no vivimos, precisamente, en el mejor de los mundos posibles [Leibniz]).

En la sexta y penúltima definición badioudiana que aquí considero, el filósofo francés escribe:

  •  “Toda felicidad es una victoria contra la finitud (p. 81)”.

Sí, con la felicidad rompemos el marco de nuestra finitud y nuestra temporalidad siempre caduca; para instalarnos, no importa que apenas por un instante, en algo del orden de lo eterno e infinito que nos hacer desbordar nuestra limitada individualidad, para así acceder –no importa que solamente por un instante– a la plenitud de nuestra subjetividad.

infinito
Imagen: Acatos.

Por último, y con esto cierro mi selección, leemos la siguiente definición:

  • Toda felicidad es un goce finito de lo infinito (p. 91)”.

Acorde con lo anterior, la felicidad es puesta como un puente –podemos considerarlo incluso efímero– entre nuestra finitud humana y la infinitud como no imposible de acceder; siempre por medio de la felicidad, que es una cierta manera absoluta del goce (Slavoj Žižek).

No puedo extenderme aquí en lo tocante a la compleja relación entre Alain Badiou y Jacques Lacan, pero sí puedo decir, sin temor a equivocarme, que el filósofo francés es un excelente lector de Lacan y que, como tal, nos ofrece una concepción propia y diferente de lo que el más que famoso psicoanalista francés, quien subvirtió a Freud, nos ofrece en lo tocante al goce ¿y la felicidad?

Ya me detendré en todo esto en otra ocasión.

Por lo pronto con lo dicho hasta aquí, creo que basta para incitarlos a tomar a Alain Badiou como un clásico en vida y como un filósofo que bien vale la pena en lo tocante a uno de los grandes temas en la historia humana: el de la felicidad.

Espero que estas líneas sean suficientes para que se animen a leerlo.

Metafísica de la felicidad real puede ser un excelente comienzo, pues en dicho texto se hace una acuciosa crítica del tiempo presente tan lleno de nubarrones. 

J. Ignacio Mancilla.

FB: Juan Ignacio Mancilla Torres
T: @CuerdasIgneas / FB: Cuerdas Ígneas
cuerdasigneas@gmail.com

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