Un regalo impropio

Sobre el pathos de la verdad de Friedrich Nietzsche

J. Ignacio Mancilla

Creer en la verdad es una necesidad para el hombre”

Friedrich Nietzsche, Escritos póstumos,

(Verano de 1872-Comienzo de 1873).

Nietzsche escribió Sobre el pathos de la verdad como parte de Cinco prólogos para cinco libros no escritos y se los regaló a Cósima Wagner, su gran amor oculto, en la navidad de 1872. Poco tiempo después, redacta un texto que quedaría póstumo, Sobre verdad y mentira en sentido extramoral.

Y de los Cinco prólogos, el que aquí abordaré, a manera de un regalo que me doy por mis 65 años, es el que Nietzsche mismo consideró como el “más importante de todos” (así le escribió a Erwin Rohde, el 31 de enero de 1873).

¿Es la verdad algo del orden de la compulsión patológica?

¿Qué es lo que Nietzsche pone en juego en dicho prólogo y que retomará, para ahondar y radicalizar su postura en Sobre verdad y mentira en sentido extramoral?

¿Podemos sostener que Nietzsche no hará otra cosa en su filosofía madura –o antifilosofía, según lo entiende Alain Badiou– que llevar a sus últimas consecuencias lo planteado en ese escrito juvenil?

Intentaré responderme estas tres cuestiones leyendo el texto desde la perspectiva de hoy y apegándome a su sentido literal lo mejor que pueda; me centraré en el párrafo del cierre, con el que culmina una más que extrema postura alrededor de la verdad en tanto ésta misma es puesta en cuestión.

Sin dejar de considerar, por supuesto, el texto todo. En eso consistirá mi regalo, es decir mi lectura/interpretación que hago (sobre todo) para mí, pero también para mis lectoras y lectores.

Conviene decir que me baso en la edición de las Obras completas de Editorial Tecnos (V. I, pp. 546-550; la traducción es de Luis E. De Santiago y Guervós).

amor nietzsche
Cósima Wagner.

De modo que empezaré por una breve síntesis de lo manifestado por Nietzsche en ese singular prólogo.

Nietzsche parte de cierta consideración sobre la fama, en particular del filósofo y justo ahí es donde introduce el tema de la verdad en una compleja relación con el tiempo y la inmortalidad. En ese texto plasma por primera vez la fábula que volverá a plantear, ciertamente ampliada y mejorada, en Verdad y mentira en sentido extramoral. Y que modificará, sustancialmente, sin perder el tono y el sentido al poner en entredicho la verdad en su texto tardío Crepúsculo de los ídolos; sobre todo en el parágrafo Cómo el <<mundo verdadero>> acabó convirtiéndose en una fábula. Estamos hablando, ya, prácticamente del último Nietzsche.  

Y es que lo que los filósofos han hecho sobre todo con sus filosofemas, es inscribir sus nombres propios en la historia; único modo de trascender más allá de los límites temporales de su ser mortal.

Desde esta perspectiva, Nietzsche introduce una muy peculiar manera de pensar las relaciones entre la historia, la temporalidad, la humanidad y la verdad, que es lo que aquí me interesa destacar. Cuestionando, ¿por fin?, el lugar que la tradición filosófica la había dado al valor de la idea y verdad. Desde Platón y podemos remontarnos hasta Parménides de Elea.

En esto consiste su diferencia específica –¿es por ello por lo que es un antifilósofo?– que plantea desde este texto juvenil, para irla revolucionando cada vez más, hasta culminar en una crítica de fondo del valor entero de la verdad.   

¿Qué es lo que plantea Nietzsche sobre la verdad en este texto?

Podemos decir que la verdad es simplemente una estrategia de sobrevivencia (llega a hablar de “ilusión” desde este texto juvenil); desde ahí adquiere pleno sentido la fábula que introduce en este singular prólogo.

¿Qué relaciones hay entre los objetos y las cosas y los actos humanos para desde esos ejes establecer el tan preponderante criterio de verdad?

Frente al conocimiento de la filosofía –incluso de la ciencia– Nietzsche pondera más bien el hacer del arte.

Conviene reproducir, no textualmente, pero sí desde su contenido, las ideas previas al cierre de este magnífico texto.

Si el ser humano fuera solamente un animal cognoscente, ¿cómo podría vivir si la verdad que pretende alcanzar nunca logra asirla?

¿No se le oculta todo, inclusive o sobre todo su cuerpo?

¿Qué tipo de encierro sufre el animal humano bajo el peso de la conciencia; de “su” conciencia?

¿Sobre qué se asienta el ser del humano en cuanto tal?

¿Sobre lo “voraz”, lo “insaciable”, lo “repugnante”, lo “despiadado”, lo “homicida”; de tal modo que “su” conciencia le impide percatarse del modo en que todo su ser pende del “lomo de un tigre”? (Todos son conceptos de El pathos de la verdad).

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Friedrich Nietzsche. (Imagen: Biosiglos).

¿Es la verdad, como la vida, una ilusión; según el decir nietzscheano?

¿Qué tipo de animal es el ser humano para vivir “apasionado” por una idea y que ésta sea, precisamente, la idea de verdad?

¿Qué lugar ocupa la mentira en la vida humana?

Bien, después de estas preguntas que extraigo de la reflexión nietzscheana que antecede al texto con el que cierra –con broche de oro– este magnífico prólogo de un libro inexistente, el filósofo de los grandes bigotes –antifilósofo para algunos, así lo define Alain Badiou– afirma, de manera contundente:

“<<Dejadle que siga montado>>, exclama el arte. <<Despertadle>>, exclama el filósofo, en el pathos de la verdad. Pero él mismo se hunde, mientras cree sacudir al que duerme, en un mágico sueño todavía más profundo – quizás sueñe entonces con las <<Ideas>> o con la inmortalidad. El arte es más poderoso que el conocimiento, porque él quiere la vida, mientras que el conocimiento alcanza como última meta sólo -la aniquilación-.”.

¡Vaya!

¡Qué cierre tan problemático no solamente en cuanto al conocimiento, sino incluso existencialmente -es decir desde la perspectiva de la vida misma!

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Richard Wagner, Cósima Wagner y Nietzsche. (Imagen: El vuelom de la lechuza).

No cabe duda de que Nietzsche sigue siendo el pensador más inhóspito de nuestra modernidad, pues nos confronta con ella de la manera más radicalmente posible; no precisamente para seguir creyendo en ella, sino más bien para…

Sí, para… cuestionar básicamente el propio valor de la verdad y hacer depender a ésta de una compulsión (patológica) que construye todo su entramado argumentativo más que desde la lógica, desde el orden de la afección; compulsión en la que los filósofos llevan mano, afirma Nietzsche.

Esta ambivalencia, casi freudiana, no abandonaría a Nietzsche; y esto no podría dejar de notarlo alguien que estuvo, algún tiempo, tan cercana a él, como fue Cósima Wagner. Quien poseía, además, una inteligencia y una agudeza sin iguales.

Ella le escribe, a manera de agradecimiento, a Nietzsche, el 12 de febrero de 1873, de manera más que penetrante, lo siguiente (pensando precisamente en el final que aquí hemos citado):

“Tengo el sentimiento de que usted quiere evitar la elaboración del <<pathos de la verdad>> por una razón diferente, que nos proporciona la última frase del prólogo”.

De ahí que, por mi parte, insista tanto en sostener que Nietzsche sigue siendo, a casi 121 años de su muerte, el pensador más inquietante de la modernidad misma.

¡Todavía (Encore)!

En fin, este es mi regalo más… impropio.

Así lo he decidido.

Y también puede ser el suyo. Si así lo quieren.

Aquí se trata del deseo, solamente.

¿Solamente?

P. D.

Mucho habría que decir sobre la compleja relación de Nietzsche con los Wagner, en particular con Cósima, a la que le escribe, ya desde la locura, transfigurándola en Ariadna y a la que, en esas letras tan singulares (llamadas de la locura), le dice, el 25 de diciembre de 1888: “Muy distinguida señora: en el fondo la única señora que he venerado…”; y también (probablemente) el 3 de enero de 1889, de manera más que elocuente: “¡Ariadna, te amo! Dioniso”.

J. Ignacio Mancilla.

FB: Juan Ignacio Mancilla Torres
T: @CuerdasIgneas / FB: Cuerdas Ígneas
cuerdasigneas@gmail.com

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