Nacer después del fin del mundo

Todas hemos visto por lo menos alguna película en donde el apocalipsis se hace presente para sumergirnos en una historia en la que el fin del mundo cambia la realidad conocida. 

Desde invasiones extraterrestres, pasando por la posible caída de un meteorito, un desastre a gran escala producido por un cambio climático o, mi favorito, un escenario donde los muertos reviven y se empiezan a comer a los humanos, causando un apocalipsis zombi.

En estas historias el común denominador es que hay un evento que desata una serie de catástrofes y de manera acelerada vemos cómo el mundo se desmorona. Todo sucede tan rápido que, las personas que protagonizan la historia, pasan de una vida común a vivir en campamentos improvisados, aprender a usar armas para defenderse y experimentan todo tipo de situaciones extremas en unos cuantos días o semanas. 

Pero, ¿si el temido apocalipsis viniera de a poco? A raíz de un evento específico, que va provocando cambios paulatinos en el planeta, y no en un cataclismo repentino. Hace unos años leí una teoría que me resultó fascinante, pues explicaba que el fin del mundo inició el 26 de abril de 1986, a la 1.23 de la mañana. Y que las consecuencias de ese acontecimiento siguen en curso, en una acumulación de sucesos y cambios que ha experimentado el planeta Tierra desde esa fecha.

Quizá en un primer momento no sepan identificar la fecha, pero es una que cambió la historia de la humanidad. El 26 de abril de 1986, a la 1.23 de la mañana, hubo una explosión en el reactor número 4 de la central nuclear Vladímir Ilich Lenin, ubicada en Chernóbil, que derivó en el más grave accidente nuclear ocurrido hasta la fecha.

desastre nuclear
La única fotografía existente de Chernóbil que fue tomada la mañana del accidente nuclear. La imagen se ve tan granulada debido a la gran cantidad de radiación en el aire, lo que comenzó a destruir la película de la cámara en el momento en que fue expuesta. (Tomada de Reddit). 

Han pasado más de tres décadas del accidente y la zona de exclusión que se determinó alrededor de la planta sigue contaminada con radiactividad, por lo que no podrá ser habitada en por lo menos tres mil años. Esta área de unos 5 mil 200 kilómetros cuadrados ha sido reclamada por la naturaleza y, contra todo pronóstico, diferentes especies animales lograron prosperar en lo que actualmente es una zona de poblados fantasmas, que fueron evacuados apresuradamente días después del desastre.

Pero la radiactividad no solamente se quedó en Ucrania, pues llegó a más de diez países europeos e incluso a la parte este de Estados Unidos. Las consecuencias de esta exposición a la radiactividad todavía se siguen estudiando. Estamos hablando de contaminación que afectó el aire, el agua, los animales y la vegetación. 

Según la teoría que leí, este evento habría marcado un punto de no retorno para la humanidad, e implicaría el primer suceso dentro de una cadena de eventos que siguen desarrollándose y que culminarán en algún punto futuro con el fin del mundo como lo conocemos. 

Pensando en lo que actualmente acontece en nuestro planeta, no me parecen pocas las señales que nos ha dado de que algo realmente grave está pasando. Hace unos días se publicó que el deshielo del permafrost del Ártico es un asunto bastante crítico. Científicos descubrieron que en el fondo marino se crearon agujeros profundos en una región remota del Ártico. Estos dramáticos cambios ocurrieron entre 2010 y 2019.

agujeros fondo marino
Imagen: ProPatiens.

Se han hallado más de cuarenta agujeros en el lecho marino que no estaban antes de 2010, y todavía no queda claro si se debe al cambio climático actual o a cambios climáticos que acontecieron en el pasado, después de la última Edad de Hielo. 

En tierra firme también han ocurrido importantes transformaciones en el paisaje ártico, pues el deshielo provoca explosiones de metano, derrumba el suelo y causa la formación de nuevos lagos. Los cambios que experimenta esta región desde hace treinta años traen consecuencias en todos los sistemas climáticos del mundo. 

Creo que me hace más sentido pensar en el fin del mundo como un evento continuo, que ocurre cada día durante un largo periodo. En ese sentido, y tomando en cuenta que el planeta enfrenta muchas condiciones adversas desde hace décadas, derivadas de las actividades humanas, no me suena tan descabellado que el cataclismo que vemos en las películas durar apenas unos días o semanas, en la vida real sea un proceso de largo aliento, que nos va dando señales de lo mal que pueden ponerse las cosas para todas las criaturas que habitamos este mundo. 

Hay momentos en los que he sentido que nací en un mundo en colapso, y que quizá ese mundo está a punto de deshacerse de la plaga que lo carcome: la humanidad. Así que esa madrugada de abril de 1986, 9 meses antes de que yo hiciera mi entrada en este mundo, sería el punto de inflexión en un planeta que se consume lentamente, no sé si hacia un final definitivo o hacia un nuevo comienzo. 

Nacer después del fin del mundo fue entonces la primera de mis tragedias. 

Inés M. Michel.

Ciudad de México a (casi) 36 años después del inicio del fin del mundo.


Referencias:

https://www.france24.com/es/europa/20210425-chernobil-35-anos-despues-peor-accidente-nuclear

businessinsider.mx/derretimiento-permafrost-agujeros-calentamiento-global_ciencia/ 

https://es.greenpeace.org/es/trabajamos-en/oceanos/artico/consecuencias-del-deshielo-del-artico/

2 comentarios sobre “Nacer después del fin del mundo

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