¿Algo que celebrar?

Mes patrio y (por ¿cuántos años consecutivos ya?) pienso que no hay mucho qué festejar, por no decir muy poco, por no decir casi nada….

Mónica Mayer dice, como consta todavía en su portada de Facebook, que ella no celebra guerras. Creo que tiene razón, porque además, ahora mismo estamos en una que no da tregua, que ha dejado cientos de miles de desaparecidos, tras la salida del ejército a las calles hace ya 16 años, como lo denunció el colectivo de Guanajuato, Hasta Encontrarte, que desplegó una espectacular manta en la Estela de Luz, monumento construido por el impresentable Felipe Calderón, a quien, tristemente, en tiempos recientes, muchas personas han colocado como héroe, sin recordar que, gracias a él, se inició la guerra que nos sigue costando sangre.

Manta desplegada por activistas de Hasta Encontrarte, el 16 de septiembre de 2022, Estela de Luz, Paseo de la Reforma. (Foto: Aristegui Noticias).

Por otra parte, los tiempos venideros no parecen tampoco prometedores, el ejército sigue en las calles, los 43 no han aparecido, los cuartales siguen sin abrirse (¡valiente protesta la que llevaron a cabo los normalistas de Ayotzinapa frente al Campo Militar número 1, el día de ayer, viernes 23 de septiembre!), nos siguen faltando miles, mujeres, hombres, niñas y niños, que no han vuelto a casa, que no sabemos donde están, que se los llevaron vivos… ¡y vivos los queremos!

Me cuesta sumarme acríticamente a cualquier festejo que hable de la patria, como máxima nacionalista de un estado con el que yo tengo tantas diferencias, sentimientos encontrados y cuyas heridas siguen abiertas, dando fe cada día de todo lo que no hemos podido resolver, que no hemos sabido enfrentar, pues, más allá de salir a votar, de poner nuestra esperanza en una persona u otra, en un partido u otro, ¿qué hacemos día con día para organizarnos colectivamente y plantear alternativas para enfrentar al horror cotidiano que se volvió realidad permanente?

Regreso a casa todos los días, pensando en que falta mucho para vivir en paz, para salir a la calle sin miedo, para reencontrarnos en esa colectividad posible, todavía más mellada por el dichoso Covid-19, que vino como anillo al dedo, para alejarnos, para ver peligro en la otra, el otro, para volcarnos al cuidado individual y separarnos de quienes nos rodean. El mundo sigue colapsando, de a poco cada día, la guerra sigue vigente, en muchas partes del globo terrestre, las niñas siguen siendo abusadas, las mujeres son violentadas todos los días, millones de personas sobreviven con sueldos precarios, las pandemias son usadas como instrumento de control, la desconfianza es parte de nuestro actuar cotidiano, la gente sigue desapareciendo, sin dejar rastro, las madres buscadoras siguen cavando con sus manos en la tierra, para encontrar algo, lo que sea, que les indique dónde quedaron sus hijas e hijos…

Foto: Madres Buscadoras de Sonora.

Viviendo en México, el lugar que me vio nacer, debo recuperar una idea que ya se ha planteado antes: la patria nos está matando, así que, no, no hay nada que celebrarle al mes patrio, sí hay mucho que gritar, hay monumentos que escalar, hay mensajes que colocar a modo de recordatorio en todos los símbolos decadentes del poder, de la corrupción, del patriarcado.

En la matria en la que creo, no hay cabida para el nacionalismo, pues el nacionalismo “es la narrativa que justifica la violencia racista que han sufrido los pueblos indígenas de México”, como lo plantea Yásnaya Elena A. Gil. Por ello, podemos proponer otra forma de estar juntas, de habitar este planeta y esta porción de tierra que llamamos México, adoptando la ternura radical, para “utilizar la fuerza como una caricia” (Francesca Carol Rolla) y hacer lo más que podamos para que nuestra realidad sea efectivamente nuestra, se guíe por nuestros propios términos y no por los de los poderosos, que simplemente van cambiando de rostro y de discurso.

Se acaba septiembre, vendrán otros meses y nuevos septiembres también. La posibilidad de hacer otra cosa con lo que hemos sido y somos como pueblo está siempre ahí, frente a nosotras. De mi parte, reafirmo las palabras de Mónica Mayer: yo no celebro guerras.


Imagen de portada: Collage de María Berrío.

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