“El estruendo es el peor enemigo del arte.
Envuelto en un velo de silencio
el arte nos habla;
en medio de la algarabía, calla.”
Rafael Argullol, Poema
¿Hay libros imposibles?
¡Sí!
¡Los hay!
El texto Poema, de Rafel Argullol (Acantilado, Barcelona, 2017), es uno.
En esta obra, el autor emprendió la tarea, nada fácil, de escribir, “a lo largo de tres años, entre el primero de enero de 2012 y el primero de enero de 2015”, este poema; que en realidad son poemas.
Que dan cuenta, a su modo, del mundo de entonces y de su vida.
Cosa menor es que ―y es una aclaración del propio autor―: “Todos los textos pertenecen a este periodo, a excepción de cuatro, que fueron incorporados después. Corresponden a los días 1.º -IX – 2014, 9 – XII -2014, 17 – XII – 2014 Y 28 – XII -2014, pero los escribí [dice] en algún momento posterior y aluden a acontecimientos posteriores. Ocuparon cuatro huecos que, por diversas razones, había en el manuscrito”.
Lo imposible, o increíble, todo depende de cómo se lea la cuestión, es que esta odisea escritural da cuenta de un periodo histórico y de vida bastante singular.
Muy al estilo Rafael Argullol.

Así, desfilan en Poema, acontecimientos vitales e históricos, personajes, míticos e históricos; en pocas palabras, el mundo y la vida toda.
¡Pero, escribir un poema diario!
¡Durante tres años!
Pues bien, esa labor que parece imposible, Argullol la plasma en su Poema, dando cuenta así, ya lo dije, de muchas cosas del mundo todo y de la vida toda; de su vida.
Dios está muy presente, y ausente también, en esa textualidad tan singular, en la que lo humano, con sus atrocidades y maravillas, desfilan diariamente, poema tras poema, para conformar el (libro) Poema todo.
Y un servidor, en lo personal, puede decir, prueba superada y con más que suficiencia.
¡Con excelencia!
La verdad estamos ante una obra bella, profunda, deslumbrante en muchos sentidos.
Por medio de Poema, en realidad de sus poemas, Argullol se posiciona, ética y existencialmente, es decir filosóficamente, ante el mundo y la vida.
Dándonos, todo el tiempo, su lectura y su manera de ver la vida y el mundo.

Todo el libro, es decir, todos los poemas, son de un gran valor; algunos alcanzan, desde mi perspectiva, una excelsitud sin parangón.
Es algo, pienso y siento, mis queridas y queridos lectores, que no pueden perderse y dejar de disfrutar.
En verdad que pocas cosas del mundo de ahora valen la pena.
Con Poema una, uno, se reconcilia con lo humano; aunque también una, uno, termina por sentirse extraño ante ese singular ser que somos, en tanto nos creemos el supuesto pináculo de la evolución.
Ahora, pues, tengo la dificultad, enorme, de seleccionar ya sea un poema o unas líneas de algunos poemas, para que ustedes se sientan incentivados ―sin ninguna duda― a leer un libro de 1 134 páginas que incluyen (en orden alfabético) un Dramatis personae.
Además de la dedicatoria, el epígrafe que abre la obra ―que enseguida cito, por su relevancia― y la nota del autor:
“Y en esta guerra, extranjero, el vencerse a sí mismo es la primera y mejor de todas las victorias y el sucumbir a sí mismo es lo más vergonzoso de todo y, a la vez, lo peor”; “Platón, Leyes, Libro I”.
Y por supuesto que Platón es uno de los personajes del drama.
¿Acaso podía faltar?
En fin, queridas y queridos lectores, me veo obligado a solamente apuntar, con algunas líneas poéticas, y sí, mi selección, muy recortada, es muy personal, a que hagan suyo el gozo de la lectura del estilo (poético) de Rafael Argullol.
Van 3 botones 3, muy recortados, de muestra que espero las y los inciten a emprender su propia lectura.

Primer botón de muestra (10 – I – 2012):
“No creo en Dios.
“No pienso que algo parecido a Dios
“ni remotamente pueda existir.
“No amo a Dios.
“Entonces, ¿por qué Dios
“no deja de incordiarme
“todas las noches
“y casi todos los días?” (p. 23).
Segundo botón de muestra (10 – I – 2013):
“Temo, antes que nada,
“a la Enfermedad.
“No a tal o cual enfermedad,
“por miedo a la muerte,
“sino a la Enfermedad,
“la que nos mata
“dejándonos vivir” (p. 402).
Tercer botón de muestra (17 – I – 2014):
“Morimos, Espíritu,
“sin saciar nuestra sed,
“sin gozar hasta la extenuación,
“sin traspasar la frontera del misterio,
“sin conocer la raíz primera.
“Morimos sin apenas vivir.
“¿Cómo no vamos a necesitar, Espíritu,
“que nos regales otra vida
“para empezar de nuevo?” (p. 776).
¿Podrán, queridas y queridos lectores, dejar de ir a estas deslumbrantes páginas?
¡La decisión es de ustedes!
J. Ignacio Mancilla
Guadalajara Jalisco, colonia Morelos, a 29 de mayo de 2026.




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