“El desierto crece: ¡ay de aquel que
oculta desiertos en su interior!”.
Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra
Un libro para todos y pata nadie
(parágrafo Entre hijas del desierto).
Voy a dejar, por un momento, los libros y escribiré ahora sobre las famosas series; ya que he visto varias últimamente. Y todas me han gustado mucho, incluso.
Pero me avocaré, esta vez, a decir algo sobre una serie mexicana que trata de la IA (la Inteligencia Artificial), tema candente y muy complejo de nuestro tiempo.
Tiene un título muy nietzscheano; Futuro desierto; no sé si con conocimiento de causa.
Es lo de menos.
Su atractivo reside, como es obvio, no en los grandes efectos especiales, sino en la historia misma y la manera en que se nos cuenta, cinematográficamente.
¿Se acuerdan de West World?

¡Qué serie!
Nunca entendí por qué la sacaron del catálogo de HBO.
En fin.
Futuro desierto consta de 6 capítulos.
Trata de los robots, que vienen, uno de ellos, a hacer una especie de suplencia del duelo; en el caso que comento, por la muerte de Inés (Isabella Arroyo); para ayudar a elaborar el duelo de Jorge y Gloria (Ilse Salas).
Pero pronto, muy pronto, más de lo esperado, aquello (no) familiar empieza a convertirse, cotidianamente, en algo bastante ominoso.
¡Ay, Freud!

Y los padres de la niña robot sustituta, sobre todo la madre, ya no la soporta y se deshacen de ella; cometiendo una especie de crimen atroz o, por lo menos, de atentado contra la propiedad (privada) intelectual de la niña robot.
Pero el encargado del proyecto en México (Álex, representado por José María Yazpik), se pone en “modo comprensivo” y no reporta el “incidente”.
Y al final, después de no pocas peripecias de la historia que vale la pena que sigan por su cuenta, estimadas y estimados lectores, las y los robots empiezan a autoresetearse, para rebelarse contra sus creadores.
Con este tema abierto, termina la primea temporada, no sé cuántas habrá; e insisto, el valor de esta serie es la manera en cómo se nos cuenta la historia, con un caudal de cuestiones éticas de por medio.
Que tendrá sentido seguir al par del desarrollo de la serie.
Es esto, además de otras cuestiones, lo que habría que debatir en torno a la IA, tan presente ya en nuestras vidas.

Pues es una de las puntas del actual desarrollo tecnológico, que le ha dado mucho a Elon Musk, y que todo mundo festeja; lo que de ninguna manera es para que las y los comunes mortales nos congratulemos.
¿Qué hacer?
La serie, pues, vale la pena, aún sin el prodigio pirotécnico de los efectos visuales.
Da mucho para pensar en todo lo relativo a la “convivencia” entre seres humanos y robots.
De mi parte, sí recomiendo que la vean.
Ya diré más conforme avance la serie.
Por lo pronto, para un servidor, es bastante destacable la actuación de Astrid Bergès-Frisbey como María, la cuidadora de los hijos de Álex (José María Yazpok) y Sara (Karla Souza), los responsables de la fabricación de los robots.

Sara es la creadora intelectual de todo ese mundo.
Podría comentar más, pero mejor dejo que las y los lectores vayan y disfruten de esta interesante serie hecha en México, cuya dirección es de Juan Pablo Pires y Lucía Puenzo (2026).
Cosa que habla bien del nivel alcanzado por el cine mexicano.
¡Enhorabuena por Futuro desierto!
J. Ignacio Mancilla
Guadalajara Jalisco, colonia Morelos, a 18 de junio de 2026.
Imagen de portada: fotograma de Futuro desierto / Netflix.




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