Tumbando caña, perdón, prejuicios


Acerca del libro póstumo El río de la conciencia, de Oliver Sacks
En 1917 apareció en inglés (The River of Consciousness), traducido al español como El río de la conciencia(Anagrama, México, 2019), libro póstumo del neurólogo Oliver Sacks (1933-2015), investigador nato, además de divulgador de la ciencia.

Es un libro maravilloso, de un espectro amplio, como lo era el espíritu de Sacks; en el que, sorpresivamente, descubrimos un Freud todavía desconocido y hasta cierto punto inédito, el Freud neurólogo.

En varios apartados del libro Oliver se ocupa del fundador del psicoanálisis, pero sobre todo en uno de ellos, el cuarto; El otro camino: Freud como neurólogo.




Voy a intentar, en la medida de mis posibilidades, reseñar no todo el libro, tarea sumamente compleja, sino, apenas, el texto donde el reconocido neurólogo hace una especie de homenaje a Freud, rescatando mucho de sus aportes en el campo de la neurología. Sin dejar de señalar, por supuesto, algunos de los logros del texto que me hacen valorarlo como un libro espléndido.

Bien, el texto abre con un fragmento (como epígrafe) de una carta de Freud dirigida a Karl Abraham, el 21 de septiembre de 1924; es decir, ya posterior a la segunda tópica del El yo y el ello (1923), como consecuencia de Más allá del principio de placer (1920), cuando Freud y el psicoanálisis son plenamente reconocidos, en el que el fundador del psicoanálisis asume y se reconoce, ante Abraham, con ambigüedades (¡podía ser de otra manera!), a partir del texto mencionado, y en tanto descubridor de los ganglios espinales del Petromyzon, cosa que lo “hizo” “el más feliz que todos los realizados hasta entonces”. 

Enseguida nos advierte, precisamente, sobre lo banal que  hoy resulta dicho reconocimiento, al tiempo que nos dice que Freud se pasó 20 años (desde 1876 a 1896) como neurólogo y anatomista. Y nos cuenta mucho de lo que realizó Freud en ese campo. Y que, la verdad, nos sorprende, porque nos muestra un Freud todavía desconocido, repito, esto a 80 años de su muerte.


Sigmund Freud: 1856-1939.



Es por ello que Oliver Sacks escribe que a pesar de que el propio Freud nunca se refirió a su etapa de neurólogo; sin embargo:

“[…] su vida neurológica fue la precursora de su vida psicoanalítica, y quizá una clave esencial para llegar a esta última” (p. 79).

En este contexto no podemos dejar de mencionar que Freud intentó, en 1895, fundamentar una Psicología para neurólogos; proyecto que hoy sabemos fallido y abandonado, pero que le posibilitó, justamente, abrirse camino en pos de pergeñar un discurso subversivamente radical y propio, el del psicoanálisis, por el que hoy es conocido y reconocido en todo el mundo.

Hoy, a 124 años de escrito dicho Proyecto…, cuando Freud había cumplido 19 de los 20 años dedicados a la neurología y anatomía, creo que valdría la pena un análisis detallado de los logros y fracasos de tan paradigmático texto. Cosa que no haremos aquí y que, dada la lógica de esta reseña, se nos impone como una exigencia.

Desde esta perspectiva no sorprende y sí, que Oliver Sacks encomie tanto  la labor anatómica y neurológica de Sigmund Freud en el apartado que intento reseñar.

Oliver Sacks: 1933-2015



Va un párrafo (botón) como muestra:

“Freud fue más allá de Jackson al insinuar que en el cerebro no existían centros o funciones autónomos y aislables, sino más bien sistemas que alcanzan metas cognitivas, sistemas que tenían muchos componentes y que se podían crear o modificar enormemente mediante la experiencia del individuo. Teniendo en cuenta, por ejemplo, que nadie nace sabiendo leer y escribir, consideró que no era útil imaginar un <> para la escritura (tal como había postulado su amigo y antiguo colega Sigmund Exner); más bien deberíamos pensar en un sistema o sistemas construidos en el cerebro como resultado del aprendizaje (anticipándose de manera sorprendente a la idea de <> desarrollada por A. R. Luria, el fundador de la neurofisiología, cincuenta años después)” (p. 87).

Un rescate y una valoración, pues, poco común incluso entre psicoanalistas. Decir esto, en un tiempo de auge de las llamadas neurociencias no es cualquier cosa, creo, pues es dar crédito a quien corresponde y se lo merece en el competido terreno de las ideas científicas.

A partir de aquí se entiende mejor el desplazamiento clínico que hace Freud, de la mirada a la escucha, a partir de su experiencia con “histéricas”, donde ya no es el observar y el experimentar lo que está en juego sino, más bien, la palabra y la escucha, que es central en el dispositivo psicoanalítico.

Pero no es solamente por esta valoración de Freud que El río de la conciencia es un excelente libro sino porque en él se nos muestra también una faceta desconocida de otro gran pensador, Charles Darwin, la de botánico y estudioso de las orquídeas y la del investigador de la lombriz de tierra, que nos hacen comprender cómo la sensibilidad y la inteligencia de las diferentes formas de vida, incluyendo las plantas, desbordan con mucho la supuesta superioridad humana, siendo éstas, la sensibilidad y la inteligencia, estrategias de la vida misma y de la que los humanos no somos el centro, afortunadamente; esto contra el prejuicio bíblico tan arraigado y que el racionalismo ha llevado a su extremo, cosa que nos ha llevado, mediante una compleja historia, a un real desastre ecológico en tanto no respetamos el lugar y singularidad de cada vida.


Charles Darwin: 1809-1882.



Podría alargar más esta reseña, pero pienso que con lo dicho hasta aquí puedo suscitar el interés de las y los lectores de este Blog para que hagan su propia lectura de tan excelso libro.

Estoy seguro que de hacerlo, de ninguna manera se van a arrepentir.

Buen provecho, tal y como solemos decirnos cuando nos encontramos con otros comensales a la hora de la comida.          
       
J. Ignacio Mancilla.
FB: Juan Ignacio Mancilla Torres 

[Ateo, lector apasionado, 
militante de izquierda (casi solitario).
Lacaniano por convicción
y miembro activo de Intempestivas,
Revista de Filosofía y Cultura.]
        






    


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