Cómo ser nietzscheano y…

… no sucumbir ante el hecho de escribir como (si fueras) él


J. Ignacio Mancilla


No siempre los grandes nombres y las connotadas y poderosas editoriales te sorprenden en el mundo de los libros.

Hay ocasiones, y este caso es una de ellas, en que un autor desconocido y una prácticamente poco notable editorial de un país centroamericano logran conmoverte a la hora de leer una de sus publicaciones.

Portada de Legajo Anudado.

Así me ocurrió con Legajo anudado. Nietzsche (con)vertido y (re)vertido, de Rogelio Salazar de León (F y G Editores, Guatemala, 2007), libro que ganó el Premio Centroamericano de Novela Mario Monteforte Toledo en 2006.

¡Vaya sorpresa de texto!

Y antes de avanzar en esta especie de reseña (un tanto injusta por la obligada brevedad de la misma), quiero agradecer a Carlos Vd, conocedor de mis gustos en cuestión de libros (hasta cierto punto), pues él hizo posible que este libro tan especial llegara a mis manos.

Sí, como el premio lo delata, se trata de una obra de ficción ¡y qué ficción!; pues es un género al que el Maestro de los aforismos le significó mucho; el de las cartas personales, dirigidas a algunos de sus corresponsales más asiduos. Su madre y su hermana, entre ellos: Karl von Gersdorff, Erwin Rohde y Paul Deussen.

Sí, son misivas escritas en nombre de Nietzsche que logran, con creces, reproducir la vida y la obra de tan singular filósofo en sus aspectos más íntimos. De tal modo que, aunque uno sabe que se está antes cartas ficticias, de repente, al estarlas leyendo, tiene uno la sensación de encontrase antes las letras del autor de Así habló Zaratustra. Un libro para todos y para nadie.

He ahí la magia literaria del autor guatemalteco.

Se trata de 96 cartas que, como ya dijimos, Nietzsche envía a sus destinatarios más comunes en su juventud. Más una misiva especial dirigida a Cosima Wagner, separada del resto, que combina -la ficción lo posibilita- los tiempos de juventud con los de la locura. En dicha epístola, el filósofo intempestivo, autor de El nacimiento de la tragedia o Grecia y el espíritu de la música, expone el amor que siente por su especial destinataria. Hoy sabemos de la influencia de Arthur Schopenhauer y también es conocida cómo la primera obra del creador del Übermensh (Ultrahombre) fue motivada por Richard Wagner, el segundo esposo de Cosima.

Cosima Wagner, 1877.

No tengo el espacio suficiente para detenerme en un análisis pormenorizado de esta correspondencia ficticia, cuestión que valdría la pena. Es por ello que opto por hacerlo con esa carta singular, separada del resto a manera de parergon (Derrida dixit), para hablar un poco de la compleja relación de Nietzsche con los Wagner y decir que, el verdadero amor de Nietzsche, más allá de Lou Andreas-Salomé, fue precisamente el de Cosima Wagner.

Hecho que se puede constatar en las famosas cartas de la locura que el Nietzsche verdadero le escribiera a esa singular mujer, y en las que de manera abierta -un Nietzsche transfigurado en Dioniso- le declara su amor a Ariadna; es decir, a Cosima.   

La carta ficticia está fechada en otoño de 1871, en Basilea; fecha de los mejores momentos de la relación con los Wagner. Como es más que sabido, Nietzsche había ingresado, por esas fechas, al círculo íntimo de los Wagner.

Y mantuvo por un buen tiempo esa relación en su máximo esplendor, pero… todo por vivir se acaba y… la relación se iría deteriorando hasta la separación definitiva, que se expresará, en el final de la vida lúcida de Nietzsche, con una serie de textos en los que el filósofo intempestivo, a pesar de considerarse a sí mismo como el más entusiasta wagneriano, someterá al gran músico a una crítica radical que aislará cada vez más al filósofo del martillo, autor de Más allá del bien y del mal. Preludio para una filosofía del futuro.

Pero a pesar de esa distancia, Nietzsche, y ya mencionamos las famosas cartas de la locura como testimonio de nuestro decir, nunca dejó de querer a Cosima.

Cosima Wagner, 1905. Foto: Jacob Hilsdorf.

Bien, es esta compleja lógica amorosa la que el autor de este singular texto que estoy reseñando, logra expresar de manera excelsa en esa misiva ficticia en la que Nietzsche le escribe a Cosima.

Es por ello que vale la pena detenerse en ella y reproducir algunos de sus párrafos, para poder así dar cuenta de cómo Rogelio Salazar de Léon logra mutarse, con su arte literario, en el filósofo que por medio de la locura se transformó, a su vez, en Dioniso, pero también en El Crucificado.

Van, pues, algunas muestras textuales al respecto.

Solamente citaré algunos momentos de la carta, pues dicha misiva es de extensión considerable, cosa que me impide una reflexión más pormenorizada.

Nietzsche y Cosima Wagner.

En fin, trascribo, pues, algunas de esas letras, tan bien logradas en cuanto a reproducir la amorosa relación que tuvo Nietzsche para con la peculiar esposa de Richard Wagner.

Puntuaré en tres tiempos las citas de la carta.

Primer tiempo. El de la declaración:

“[97] Basel, Otoño 1871

“A Cosima von Bullow, Wagner nacida Lizt

“Es difícil decirlo y aún más difícil decírtelo, pero hay algo en ti que me provoca una mezcla de temor y piedad, es algo relacionado con la apariencia, con algo que sale de ti como si fuese una emanación, un aura de perfección cercana a la del mármol.

“No te ofendas, sabes que te quiero más que aquellos que ha logrado raptarte, llevarte y mantenerte, te quiero como a la mujer que no puedo tener […]”.

Segundo tiempo. El de la  mutación:

Busto de Cosima Wagner.

“Ariadna, Ariane, Aridela son nombres que tú y refinamiento no ignoran; permíteme algunas reiteraciones: originalmente se dice que este nombre perteneció a una divinidad minoica, lo más probable vinculada a las fuerzas del bosque y la vegetación, y también muy reconocida y venerada en la mayoría de las islas egeas”.

Tercer tiempo. El de la constatación:

“P. S. Conmigo cabalgarías a través de la tarea suprema de entender el arte como la propia vida; aquel que te habla es Dionisos, aunque haya nacido en Röcken bei Lützen […]

“Entre nosotros no puede saberse quién habla y quién escucha a quién, tan sòlo intercambiamos piezas musicales.

“Sin la luz de tus ojos ¿cómo hubiera podido llegar a la Filosofía?

“Sin la sosegada delgadez de tu figura ¿cómo habría podido ennoblecerme?

“Sin esa palpitante combinación tuya de lustre afrancesado y abismo germánico ¿cómo habría yo entendido que un filósofo es un sacerdote sin Dios?”.

Como las lectoras y lectores de este espacio tan importante para mí (ahora en una nueva plataforma) pueden ver, el autor que hoy reseñó logra introducirnos en la vida íntima y en la obra escrita de uno de los filósofos más inquietantes de la historia misma de la filosofía. Hasta nuestros días. ¿Y por todos los tiempos?

Y dicha cuestión no es cualquier cosa, ambles lectores y lectoras.

¡Enhorabuena, pues, por tan espléndido libro!

¡Felicidades Rogelio Salazar de León por tan formidable texto! 

Y gracias de nuevo a Carlos Vd por haberme hecho factible la lectura de tan hermoso libro.


J. Ignacio Mancilla.

FB: Juan Ignacio Mancilla Torres
T: @CuerdasIgneas / FB: Cuerdas Ígneas
cuerdasigneas@gmail.com

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