ESPECIAL | La muerte y lo real

Eunice Michel

A la memoria de mi padre y de mi abuela materna, Pita.

A la memoria de mi hermano, Javier Michel. 

Y a la memoria de mi hermanita, Pily .                                    

Para mi madre y mis demás hermanos y hermanas,  

Obdulia, Marco Antonio, Leopoldo, Mina y Luis Felipe.                    

Hay golpes en la vida, tan fuertes…

[¡Yo no sé!

Golpes como del odio de Dios; como si ante

                                                                                                     [ellos,

                                                                                                      la resaca de todo lo sufrido

                                                                                                      se empozara en el alma… ¡Yo no sé!

                                                                                                     César Vallejo. Los heraldos negros.

Sujetos divididos. Eso somos. Entre conciencia e inconsciente. Freud ya lo descubrió en 1895 (Proyecto de psicología para neurólogos) y quizá desde antes, en una carta a Wilhelm Fliess, en los inicios del psicoanálisis.

La conciencia me dice que estás muerto.

Que te internaste en un hospital del ISSSTE, por dificultades respiratorias.

Covid-19. ¡Cuánto dolor y cuántas lágrimas caben en ese significante!

“Caminaba por su propio pie”; “Estaba entero” dicen en el teléfono Marco y Nini.

Ingresaste un domingo, por la madrugada. Dos días después, ¡fatídico martes!, solo respirabas artificialmente, con un tubo de oxígeno.

Leía todos los días los informes clínicos sobre tu estado. Los escritos por los médicos que enviaba Marco Antonio. Los reportes verbales que ellos mismos, le daban a Rosita y nos los transmitía, por el chat de hermanos.

Prendía el celular. En cuanto despertaba. Y siempre, al acostarme, dejé el teléfono inalámbrico, fijo, junto a mi cama.

¡Cuántas veces tuve miedo, mucho miedo, de que el timbre me despertara!

25 días. 25. En los que tu salud y comorbilidad (así le dicen los galenos a la historia, ésa que tenemos en el cuerpo inscrita, hermano), fluctuaba.

Días buenos, regulares, malos.

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Javier Michel Díaz durante un homenaje a Javier Michel Vega en la Casa del Campesino, Guadalajara, Jalisco, 2019.

Pero constante ésa, que fue tu última batalla, la peleaste. Fuerte. Porque en la vida, como sabemos todos los que vivimos y que justamente por estar vivos, moriremos algún día; el único lugar y permíteme una nota del humor que tuviste siempre, Javi, donde he visto que los muertos vuelvan a morir es en The walking dead. De ahí en fuera, ese último combate, como el de todos nuestros otros días, no se da necesariamente para ganar; porque está perdido de antemano y no se necesita estar sedado, conectado a un tubo de oxígeno, para que así sea.

La vida es sólo el paréntesis en que la inquietud erótica logra vencer a nuestro verdadero destino, que cotidiana, silenciosamente, siempre trabaja: la pulsión de muerte (Freud, Más allá del principio de placer, 1920).

Pero se lucha también, todos los días; porque no queda de otra.

Días buenos, regulares, malos.

Y yo veía, como si en ello me fuera la vida, qué decían los reportes de los facultativos. Y la vida, efectivamente, me iba en esos informes: algo de mí se fue contigo, para siempre, amado hermano.

Les preguntaba a Obdulia o a Mina los términos especializados que no sabía.

Y corría después mi vista al final del reporte. Grave; muy grave.

Una luz de repente aparecía cuando a algún informe le habían quitado la preposición y solo habían dejado la primera palabra.

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Luis Felipe, Javier, Marco Antonio y Leopoldo Michel Díaz.

Pregunté también por las categorías y me tranquilizaba, aunque fuera momentáneamente cuando decía estable.

Y los estados. ¿Cuándo subirías al de delicado? Obdulia me había dicho que eso era menos que grave.

O mejor aún: ¿cómo se dice en un informe médico “en vías de recuperación”? ¿cuál es la categoría que le corresponde?

Y ya, en el mejor de los escenarios que esperé, hasta el final: ¿Cuándo serías dado de alta? Recuperado, sin secuelas o con secuelas menores que permitieran continuar tu vida, tan activo que fuiste y dado de alta. ¿Cuándo, cuándo?

Días buenos, regulares, malos. Desde la noche entre el 3 y 4 de octubre, hasta el mediodía del 28, aciago día en que nos envolvió la más oscura de las oscuridades.

Tú no lo sabes, Javier; pero yo sí. Acuérdate que soy psicoanalista (lacaniana). Ahí en el inconsciente no hay representación de la muerte, a nivel del lenguaje.

La muerte está en lo que Lacan llama lo real y constituye ese vacío del inconsciente a donde no accede la palabra.

¿Será por eso que yo a veces pienso que nada de todo eso que significa tu ausencia y de lo que, por medios virtuales me enteré, es cierto?

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Marco Antonio y Javier en la Cámara Diputados, 1987.

¿Será por eso que apareces en el sueño, diciéndome: “Tú no lo creas, hermana. Ni todo lo que ves ni todo lo que oyes por esos medios.

Creéme a mí. Tuve neumonía. Y, como sabes, una afección bronquial desde hacía tiempo. Pero el virus se fue, como te dijo Mina, a los 7 días de hospitalizarme.

Después eran solo bacterias; aunque las radiografías de mis pulmones fueran tan contrastantes de cuando entré a cuando llevaba 10 días en aquel nosocomio.

Y los últimos 6 días, después de mi cumpleaños (vuelve a leer los reportes), fueron de constante mejoría. Hasta me retiraron los antibióticos y la respiración artificial. En el lugar de esta última, realizó un equipo de especialistas una traqueostomía para que respirara por mí mismo.

Me curé, como ustedes esperaban. Vivo en la Ciudad de México, como siempre, como antes.

Tú vas a despertar de este mal sueño y me verás ahí, presencialmente.

¿No te parece absurdo que alguien, como yo, tan fuerte y tan vital como fui, haya entrado, entero y caminando por mi propio pie, a un centro de salud y me hayan regresado, en una cajita de madera, convertido en cenizas?

homenaje javier michel
Javier, Casa del Campesino, Guadalajara, Jalisco, 2019.

¡Qué buena broma!

Hay una nueva normalidad ¿Te acuerdas que te dije la última vez que hablamos?

Además, desde el 24 de diciembre, empezó la vacunación y ya hay en nuestro país vacunas de 4 variedades: Pfizer, Moderna, AstraZeneca y Sputnik.

Que nos apliquen la que sea. Como les dije a todos en el chat: No la pidamos con chongo.

Menos la Sputnik. ¿Y sabes por qué? Se tienen que pasar tres meses sin tomar alcohol después de aplicársela. Y mira, a lo mejor, cuando nos toque, ya entraron los calores del verano. ¿Y qué vamos a hacer nosotros? Yo, ¿si uno de esos días se me antoja  una cervecita, sólo una, con la comida del mediodía; y tú, sin la copita de vino antioxidante que cotidianamente tomas en ayunas?

Pero ya no te duermas tanto por las noches, ni temas despertar por las mañanas. Al contrario.

 ¡Despiértate, Cenicienta, ya casi son las 12 de la noche del último día de 2020!

¡Arriba, Bella durmiente, mi querida princesa Aurora! ¿No dijo el hada buena que solo un beso de amor fraternal va a poder despertarte?

Pues aquí estoy. Y ya no vas a llorar. ¡Nos reiremos tanto!”

Abro los ojos. Me levanto. Abro la puerta de mi cuarto.

Todos visten de negro.

Y en el perfil del celular de Luis, en vez de la belleza de Vallarta, veo un crespón de luto.

diputado
Javier Michel Vega en la Cámara de Diputados.

¡Ay! Los hechos, como la realidad, son testarudos.

Y esta pobre conciencia, tan desdichada, también.

Casi comienza el 2021.

A lo lejos, alguien escucha, de John Lennon, Imagine.

Guadalajara, Jal. 28-31 de diciembre de 2020.

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