El papel en mi vida

Una lectura muy personal de Vidas de papel (Kagitan Hayatlar, de Can Ulkay, Netflix 2021). Dedicado a la niña y al niño que todos llevamos dentro.

J. Ignacio Mancilla

“Os narro tres transformaciones del espíritu:

Cómo el espíritu se transformó en camello,

El camello en león, y finalmente el león en niño”.

Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra. Un libro para todos y para nadie

(De las tres transformaciones).

Diré, a manera de entrada, que nos confrontamos ante un cine muy diferente al mero cine de consumo que nos llega mayoritariamente de EUA; anodino de por sí.

La historia está muy bien desarrollada y nos da la impresión de girar hacia una especie de final feliz cuando la narración cambia abruptamente, para mostrarnos la crudeza y el desgarramiento de estas vidas en situación de calle que viven, precisamente, de los desechos de las grandes ciudades. Particularmente de las y los niños.

Su final me cimbró, por el cambio repentino, en particular por las implicaciones subjetivas y porque tocó fibras muy personales e íntimas de mi historia personal, las que por primera vez hago públicas.

Y en la que el papel jugó y juega, todavía, un rol más que determinante.

Antes de hablar un poco de dicha historia, reivindicaré el lugar que según Walter Benjamin tienen estos personajes que se ocupan de los desechos de las sociedades modernas: los recolectores de papel y los ropavejeros, que Benjamin llega a equiparar al filósofo; en tanto éste reconfigura la historia precisamente a partir de los desechos (restos) de la misma.

méxico desechos de papel
Foto: Víctor Zubieta / Reforma.

Vengo de una familia de comerciantes venida a menos (empobrecida, y mucho) que migró de su pueblo (Ahualulco de Mercado, Jalisco; un pueblo liberal) a Guadalajara. De manera forzada. Como lo hacen tantos migrantes.

Teníamos, en ese entonces, muchas carencias, sobre todo económicas; pero no solamente. El primer lugar de residencia fue la colonia Independencia, pero por alguna razón no pudimos quedarnos ahí y nos cambiamos a la colonia Belisario Domínguez (cerca de lo que fue el canal 6). Que me trae gratos e ingratos recuerdos de la infancia.

Un tiempo (bastante considerable) mi padre se dedicó a revender los desechos de la fabricación de los tanques de gas, pero por algo que tampoco tengo claro –aunque tiene que ver con el tema de la conveniencia de la empresa y su lógica patronal– fue despedido y aprovechando el “diablito” que se había hecho para acarrear los sobrantes de los tanques, se dedicó –después– a comprar las bolsas de cal y cemento de las obras para revenderlas; parte de mi infancia y adolescencia, que siempre fue de trabajo también, aparte de jugar y mucho, consistió en ayudarle –caminábamos mucho para eso– a “comprar” el papel; sobre todo a “empujar” el “diablito”; en particular en las subidas y cuando ya iba hasta el tope y nos dirigíamos hacia la casa, para que ya ahí -después– fueran, con una mediana troca, a comprarlo.

Con el paso del tiempo, todo el papel de las bolsas de cal y cemento se mutó en libros, revistas y todo lo que he ido acumulando a la largo de los años para, así, tener una biblioteca relativamente considerable: cuento aquí una anécdota que –muchos años después– me ocurrió en la Ciudad de México, por estar involucrado un personaje del tipo de los personajes de Vidas de papel.

recolectores de papel ficción
Fotograma de ‘Vidas de papel’ (Netflix).

Iba yo en el metro (en la línea 7, creo), y en el vagón que me subí iba un indigente –al parecer afectado de su capacidad mental, al que nadie le hacía caso– ; llevaba muchos papelitos, yo por mi parte iba con muchos libros, pues iba a dar una clase en la Red Analítica Lacaniana (REAL, de la que fui miembro fundador y también extintor), que se encontraba, entonces, en San Pedro de los Pinos. Al ver los libros, el indigente me pidió uno –era Así habló Zaratustra, creo– y a cambio, él me dio uno de sus papeles. Vio el libro con muchísima atención, como ya me aproximaba al lugar donde tenía que bajarme, e iba a ocupar el libro, se lo pedí y le devolví sus papeles –se veía que eran muy importantes para él– de intercambio que finalmente fue eso, un intercambio (momentáneo) de papeles por papeles.

Con esto regreso a la película.

El personaje central es Mehmet (Çagatay Ulusoy), al lado de Gonzales (Ersin Arici), Tahsin (Turgay Tanülkü), Ali (Emir Ali Dogrul) y la mamá de Ali (Selen Öztürk).

¿Cómo describir esencialmente este bello filme sin spoilearlo y quitarles el gusto por verlo y disfrutarlo?

Lo intentaré, de alguna manera. Y es que me interesa, sobre todo, que se diviertan con este ejercicio del cine espejo; que vean qué refleja de ustedes y su vida esta singular película.

Para mí lo central es lo que puedo llamar la dialéctica entre Mehmet y Ali, que llega a un rebuscamiento un tanto inesperado, en eso consiste la virtud del filme (además de otras cuestiones), que nos hace pensar no solamente en los múltiples recovecos del alma, sino de la sociedad toda, que es, finalmente, el lugar donde se despliega esta conmovedora historia. Particularmente en Estambul, Turquía y su río, el Bósforo.

Agustín de Hipona ya nos llamaba la atención sobre las complejidades del sujeto ahí en su interioridad; es lo que le da su lugar a ese texto escrito ya hace más de 1500 años, Las confesiones.

Algo de esa interioridad abismal, descubierta por Agustín de Hipona es lo que se juega en esta espléndida película; y que cualquiera que se pregunte por el sentido de la vida, de su vida y por las peripecias de su identidad, tiene que verla.

ali niño vidas de papel
Fotograma de ‘Vidas de papel’ (Netflix).

No puedo detallar más la película misma, solamente cabe destacar las actuaciones y lo atinado del guion y de la dirección misma, las dos cosas nos hacen disfrutar de una historia conmovedora y desgarradora, sin que por ello pierda verosimilitud y realismo.

Para cumplir mi cometido, de no spoilear sin dejar de despertar el interés sobre el filme, solamente transcribiré una canción (turca) que nos da el perfecto contexto de lo que la película nos narra de la mejor manera posible.

Esa canción que se oye en el radio del coche y cantada por los dos personajes centrales va a darnos el sentido, todo, de lo que la película quiere trasmitirnos y que, desde mi punto de vista, logra de forma por demás excelsa.

Va, pues, la transcripción de la canción; aquí lo importante es disfrutarla en el idioma turco, más que melodioso, como trasfondo y contexto de la narrativa fílmica:

“Me opongo a mi cruel destino.

“Me opongo a esta agonía interminable.

“Al dedo voluble del destino,

“a los golpes de la vida,

“a cada problema.

“Yo me opongo,

“a los amores que no se concretan,

“a mi sonrisa prestada,

“a morir antes de vivir la vida.

Yo me opongo…”

Mucho es lo que significa y resignifica en la perspectiva de toda la narrativa del filme esta bella canción que Mehmet y Gonzales –dos de los personajes fundamentales– van cantando al regreso del hospital, curiosamente.

Ahí, insisto, en esa canción, podemos encontrar mucho del sentido de esta historia fílmica que bien pudo haberse basado en una historia real, como una de las que tanto acontecen en las grandes urbes sin que necesariamente nos percatemos.

De modo que, las y los invito, a ver esta bella película.

Estoy seguro de que no se arrepentirán.

J. Ignacio Mancilla.

FB: Juan Ignacio Mancilla Torres
T: @CuerdasIgneas / FB: Cuerdas Ígneas
cuerdasigneas@gmail.com


Imagen de portada: Envira.

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