Carta a mi hermano Javier  

Eunice Michel  

Donde hay dolor hay tierra sagrada debajo y si no entendemos

                                                           esto, nada entenderemos del mundo mientras tanto.

                                                           Oscar Wilde. De Profundis.

Sí, ya sé que es 16 de septiembre y que habría que hablar de la historia de México. Pero yo quiero hablarte a ti, hermano, tú, que fuiste de esas generaciones de políticos y políticas que, como nuestro padre, rescataban también nuestra Historia, así, con mayúscula, como Nación.

Ese pasado heroico que, en cuanto a la Independencia de nuestro país,  incluyó nombres como el de Hidalgo, Morelos, Galeana, los Aldama, Matamoros, Allende o la Corregidora, para citar sólo algunos de los y las que nos dieron Patria, como se dice en la Ceremonia del Grito de Dolores.

 Y como vi tañer la simbólica campana a otro integrante de nuestro clan, Marco Antonio, en la Delegación de Iztapalapa, cuando fue delegado ahí (1989-1991).

Porque,  como dice Lacan en la Ética del psicoanálisis, para todos nosotros, los seres humanos, está trazado en la vida el camino de un héroe, sólo que lo transitamos como hombres y mujeres comunes.

Y, como muestra, un botón (como dice el dicho): contrajiste Covid-19 cuando llevaste a un campesino con la enfermedad a un Servicio de Salud e hiciste los trámites para que lo atendieran, así lo narró Nabor Ojeda en tu homenaje en la CNC.

Que tuviste también errores y ¿quién no?

Viviste, Javier, viviste.

Y eso que pasó al final, que tiene que ver con la pequeña historia, la nuestra, con minúscula, como yo la vivo, sólo yo lo puedo hacer.

Y te voy a decir lo que ya no pude decirte y te voy a escribir, aunque ya no puedas leerme, y te hablaré, aunque ya no puedas oírme.

En primer lugar, va a cumplirse un año que moriste.

Y yo no quiero que me hablen de tus comorbilidades, ni de las variables que complicaron la Covid en tu caso.

licenciado javier michel
Javier Michel. (Foto: Cortesía de Rosa Maldonado).

¿Para qué, cuando tú y yo sabemos que la única comorbilidad que lleva a la muerte es estar vivo?

Como le dije a Nacho en aquellos paseos matutinos de finales de 2019, el único lugar en que he visto que los muertos vuelvan a morirse es en The walking Dead, o si queremos un clásico del género, en La noche de los muertos vivientes del gran Romero.

De ahí en más, todos y todas nos morimos de vida. Tú y yo también, hermano.

A mí más bien que me expliquen por qué, después de 6 días de constante mejoría, desde el día de tu cumpleaños hasta aquel aciago mediodía, falleciste, como dice el eufemismo que lo único que hace es querer suavizar lo insuavizable del espacio donde se juega la más descarnada realidad.

Un paro respiratorio. ¿Y después qué? Un paro cardíaco. ¿Y no morimos todos de un paro respiratorio? ¿Porque el corazón no funciona sin oxígeno, verdad? Ni los demás órganos, aunque estuvieran funcionando tan bien, que decidieron quitarte la respiración artificial para intentar que respiraras por ti mismo con aquella operación en la tráquea.

A mí que me expliquen quién estaba contigo en la sala de Urgencias del ISSSTE cuando abriste los ojos y después de 23 días de estar sedado, te diste cuenta de que no podías hablar.

Que me digan qué te dijeron cuando despertaste.

Que alguien me diga por qué estuviste tan solo en esos últimos minutos, o si te acompañaron, tomaron tu mano (aunque fuera con guantes), o te dijeron palabras de aliento.

Que me expliquen por qué no pudimos estar contigo, ni tu compañera de vida, ni yo ni nadie de tu familia.

Parecen cuestiones superfluas, de obvias respuestas razonables y medidas necesarias en una pandemia.

Pero, como decía Pascal, el corazón tiene razones que la razón no comprende.

Y yo, lo que es al mío, no he podido explicarle hasta hoy por qué, después de que entraste al hospital, no pude volver a verte, ni siquiera ya muerto.

Eunice Michel

Guadalajara, Jal. 16 de septiembre de 2021. Col. Morelos.


Referencias:

Oscar Wilde. De profundis. Fontamara. Barcelona, 2017.

Lacan, Jacques: La ética del psicoanálisis. Paidós. Buenos Aires, 1990.

The Walking Dead. AMC Studios. USA. 2020-2021.

La noche de los muertos vivientes. George A. Romero. USA. 1990.

Pascal, Blaise: Pensamientos. Tecnos. España, 2019.

Imagen de portada: Revista Campus Digital.

2 comentarios sobre “Carta a mi hermano Javier  

    1. Queridísima Toña: agradezco tus palabras desde el alma y desde el corazón tú también sabes de un gran dolor y te abrazo muy fuerte con todo cariño y solidaridad. Tu dolor es como si fuera el mío también. Eunice.

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