Carta a un tucán

*Inés M. Michel

Después de ver La sal de la Tierra (Juliano Ribeiro Salgado, Wim Wenders, Francia, 2014), dos sentimientos se sucedieron en mí, primero la desesperanza, de pertenecer a una especie asesina, violenta, mortífera, despiadada, capaz de las cosas más atroces contra los de su propia especie y contra los de otras. Luego, conforme se iba acercando el final, una especie de semillita se había instalado muy hondo, aún no sé bien cuál será su alcance, pero fue por el trabajo de fotografía de Sebastião Salgado, quién de la mano de su esposa reforestó una selva completa (Instituto Terra), y quien en su último proyecto, Génesis, se ha encargado de retratar y mostrar la belleza del mundo, de nuestro planeta y de todos sus habitantes, en una especie de carta de amor al planeta Tierra, en palabras de la narración de este documental, que me reencontré con ese otro lado humano, el de la vida, el del amor a quienes comparten con nosotros la Tierra.

Por todo ello, recordé una carta que escribí hace unos meses después de leer el caso de un tucán, a quienes un grupo de delincuentes (no sé cómo llamarlos, uso el término de la nota que agrego más adelante), le mutilaron el pico, sin razón alguna,  y del cual después de ser rescatado, su historia le dio la vuelta al mundo, recaudando miles de doláres para su causa, y reuniendo a científicos que se dieron a la tarea de usar tecnología de punta para poder crearle un pico con una impresora 3D.

También somos vida…

Les comparto esta carta que escribí en febrero de este año y que no había publicado hasta ahora.

PEQUEÑO TUCÁN:

 Te pido perdón a nombre de mi especie, una especie que en muchos sentidos no me representa, una que se nombra humana y es capaz de grandes atrocidades, y por otro lado, de grandes obras de arte.
 Yo leí tu caso, y me inundan las lágrimas y la indignación, después la esperanza me inundó, al ver que otros humanos trabajan en fabricarte una prótesis sin la que sería muy difícil que sobrevivas.
 No hablamos el mismo lenguaje y algunas personas dirán que tú no tienes un lenguaje, pero lo tienes, te comunicas y muchxs no se plantean que no es necesario hablar el mismo idioma para entender el sufrimiento. Nunca te he visto a los ojos pero me enorgullece que otros miembros de esta incomprensible masa que es la humanidad, te salve, te quiera, te ayude.
 Solo quería decirte que quienes te atacaron cobardemente no me representan de ninguna forma, ni a muchxs más, caminamos sí, erguidxs por la misma Tierra, tenemos sí, cuerpos semejantes, pero no sé a qué clase de humanos pertenezcan, y sí sé a qué clase pertenezco yo: a una que no mide de la misma forma el dinero, o la belleza, o el éxito profesional, que se preocupa por vivir y por dejarlos vivir, por protestar y alzar la voz contra el maltrato de ustedes y nuestro, y que al final del día, quizá no duerma con la conciencia tranquila pero sí con la conciencia cuestionada: ¿hasta dónde hago yo?, y que eso nos lleva cada día a buscar la ética en nuestro existir.
 Te pido perdón porque me llena de vergüenza lo que te hicieron, esos que aseguran ser humanos, te quiero decir que no todxs somos como ellos, que habemos quienes nos hemos indignado profundamente por tu sufrimiento, y que queremos que los culpables sean castigados.
 Siento decirte que tu caso no es único, y me quedo sin palabras cuando pienso en las atrocidades que tantos como tú o de otras especies han vivido, les pido perdón también a todos ellos, y te confieso que no los culparé si un día, simplemente se rebelan, juntos, y acaban con esto que se llama especie humana. 

Febrero, 2015 (fecha original)

Tucàn mutilado en Costa Rica, fotografía: http://www.notimobile.com/



En Mad Max: Fury Road (George Miller, Australia – EU, 2015), una película de la que tengo pendiente escribir algo, hay un diálogo que me parece pertinente recuperarlo, ahora que hablo de semillas y de esperanza. En la película, ambientada en un mundo postapocalíptico se hace referencia a las armas como antisemillas: “plantas una y ves morir algo”. 

Es tiempo de que combatamos esas antisemillas, con semillas de todo tipo, no solo hay de plantas, también las hay de esperanza y vida, Instituto Terra, es un ejemplo, donde el sueño de una pareja, devolver la vida a miles de hectáreas, fue posible. Si cada quien se pone a un sueño, quizá, haya algo que rescatar del desastre, yo diría ya apocalíptico, en el que vivimos.




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NOTA TUCÁN: VER AQUÍ
PÁGINA INSTITUTO TERRAVER AQUÍ

*La Otra I
 [atea, vegana, feminista,
lectora irredenta
a la espera del apocalipsis zombi
que dará sentido a mi existencia]

Twitter: @inesmmichel


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