Carta a los animales


Inés M. Michel*

[Continuación de Carta a un tucán, este texto surge del nudo en la garganta que se forma en mí cada que leo noticias o veo videos que denuncian la crueldad contra los animales no humanos].

Quise iniciar esta carta pidiéndoles perdón (así como se lo pedí al tucán), y pedirlo es insuficiente. Siento tanto su dolor, siento muchísimo la indiferencia y sobre todo ser de tan poca ayuda para su causa, la causa animalista la han apodado, pero es mucho más que eso. Es lo inhumano que nos caracteriza, a mi especie, a los siete mil millones de individuos que somos y que heredaron de miles de años, la tradición de la esclavitud. No solo hemos hecho a nuestros hermanos humanos esclavos, son ustedes quienes han sufrido, y sufren cada minuto que escribo esto, de vidas infames, de jaulas terribles, de tortura, de humillación, de abandono, de miedo, de inyecciones, mataderos, látigos, burlas, muerte, de un holocausto sin fin. Veo sus fotos y encuentro sus videos, sin tenerlos cerca muchas veces, los veo sufrir y me deshago en llanto, incluso aquellos que suelen ser ocasionalmente privilegiados de pronto se ven abandonados por quienes eran todo para ellos, y entonces, pasan a una espera que no acaba, las caritas tristes, perdidas, el hambre que no cesa, el maltrato por las calles, siempre esperando el retorno de su humano. Tanta fe tienen en mi especie, a pesar de que es tan sórdida, tan oscura y de sus escasos momentos de luz.

A ustedes los perros, a ustedes las vacas, a ustedes los pollos, a ustedes las aves, en un acto quizá nimio, no hago más que buscar su perdón por aquello que hacemos, que hemos hecho y que parece no tener fin. Hago lo que me corresponde, no me alimento de su carne, no visto sus pieles, no me divierto a costa de su sufrimiento, reviso obsesivamente frascos y botellas buscando ingredientes de origen animal y cuando los hallo los descarto de mis compras, busco siempre alternativas cruelty free. En mi casa refugiamos a tres no humanos, y no es suficiente, nunca es suficiente.

Admiro a Santuario Gaia [CLICK AQUÍ], a todos los espacios que refugian y rehabilitan a los animales de granja,  a los que rescatan animales heridos y maltratados, a los activistas, a quienes dedican sus vidas a ustedes, no sé cómo lo logran; difundo campañas, nunca es suficiente. Cada día de nuevo una foto terrible, o una historia terrible y soy testigo terrible de la crueldad; o un video que aparece y solo aguanto unos segundos de él, o las risas cuando se habla del tema y tantxs creen que «no es para tanto»,  que hay «causas más urgentes que atender» y pierdo momentáneamente la fuerza ante esas miradas tristes, anhelantes, preguntándose o preguntándonos por qué.

La pregunta por supuesto, no solo atañe a ustedes, es sobre todo una interrogante para nosotros y por nosotros, puesto que ese maltrato que sufren no solo es injusto y terrible, también nos repercute, también se encuentra entre los nuestros, la tortura, la esclavitud, el hambre, es sufrida por millones de humanos, y ese mundo más justo por él que pelean activistas y simpatizantes de la causa animalista, implica un mundo más justo para todos, humanos y no, implica respeto para cada ser que habita la Tierra, y a la Tierra misma como un organismo vivo que nos contiene. Por eso una causa, una lucha, no es menos importante que la otra, me gustaría que más gente lo entendiera.
*La Otra I
 [atea, vegana, feminista,
lectora irredenta
a la espera del apocalipsis zombi
que dará sentido a mi existencia]

Twitter: @inesmmichel



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